—Parece que no te quedó clara la reprimenda que te di —Escuché la asquerosa voz de Rodrigo—. ¿Quieres ver cómo cumplo mi promesa? Al recordar en seguida la amenaza que me hizo de irse en contra de Gael si no hago lo que me pide, mi corazón se sobresaltó. —No, por favor —Le pedí en desesperación—. Yo no tengo la culpa de lo que otras personas hagan —Le dije para que entendiera. —Te dejé claro que eres solo mía y que ningún otro podía acercarse a ti —Me gritó, tuve que alejar de mí oído el teléfono. —Sí lo dices por Anthoni… —Al darme cuenta de lo impersonal de esta forma de referirme a él me frené—, perdón, por el señor Anthoni —Me corregí—, no…, no es mi culpa que…, que él haya venido a mi casa —Intenté aclararle atropellando las palabras—. Él es amigo del esposo de mi jefa, vino a pla

