Anoche después de su extraña actitud no le hablé más. ni me molesté en volver a perseguirla. La vi perderse por el arco de la cocina y a su madre detrás de ella. No tengo paciencia para tolerar el berrinche al que las mujeres se acostumbran para llamar la atención. No. No me hallo soportando una discusión sin sentido, aunque la muy necia me ha llevado últimamente a terminar contradiciéndola a viva voz. Me deja desconcertado porque aparenta ser tranquila, incapaz de levantarle la voz a nadie y de pronto pareciera que una mujer distinta a ella se interpone entre mi persona y la mujer que me lleva haciendo estupideces. La necesidad de demostrarle mi autoridad me hace caer en su juego. Pero hoy no, no quiero seguir en esto. Me hizo salir de la tranquilidad a la que me llevó horas atrás y ha

