+++++++ Abro los ojos lentamente, sintiendo esa típica pesadez de las mañanas después de una noche que claramente fue… intensa. Pero algo no cuadra. Ese techo. No es el techo agrietado y medio curtido de mi apartamento, donde cada grieta tiene nombre y cada mancha es una historia. Este techo es… ¿Blanco? ¿Impecable? ¿Qué demonios? Mis ojos se abren más, como si con solo mirar pudiera cambiar la realidad. Y entonces lo digo en voz alta, porque a veces necesito escucharme para creerme: —¡Esta es la casa del jefe! Me llevo la mano a la boca, como si pudiera atrapar las palabras antes de que salgan y me golpeen con la realidad. ¿Qué hice? ¿Qué hice? ¿QUÉ HICE? Me lo repito en la cabeza como un mantra, esperando que de alguna manera, al decirlo muchas veces, se convierta en un mal sueño. Pe

