Hay un silencio al otro lado de la línea y por un segundo pienso que se ha cortado la llamada. Pero no. Paula solo está procesando. —¡¿QUÉEEE?! —grita finalmente—. ¿Desnuda en la casa del jefe? ¡Chica, tú sí que sabes cómo vivir al límite! —No es gracioso, Paula. No tengo ni idea de cómo terminé aquí. Bueno, sí, pero… no quiero pensar en eso ahora. Paula suelta una carcajada que me hace querer lanzarle el teléfono. —Mira, Chloe, te doy chance. Pero tienes que mandarme ese informe hoy mismo. Y otra cosa: tienes que venir a buscar el nuevo producto. Frunzo el ceño, frotándome la frente. —Bueno, chica, el placer no espera. Así que ya sabes, termina ese informe, pasa por el nuevo producto, y quiero el doble informe para mañana. —¡¿Doble informe?! Paula, ¿quieres matarme o qué? —No, per

