No tiene pecas, su piel es perfecta. Tiene un poco de barba, tal vez menos de un centímetro, pero creo que no se la deja crecer. Me atrevo a detallar su cicatriz, aunque no entiendo cómo lograron dañar a un hombre tan grande y fuerte. Por alguna razón, eso me molesta; me provoca atacar al que le hizo daño, aun cuando nunca lo he hecho ni siquiera para defenderme a mí misma.
Él dice que somos compañeros, su puma también lo dijo. Zah, a pesar de que es más intimidante que Marcus, sigue siendo amable, bueno... pero eso da miedo. Vi cómo un macho trataba a su compañera. Para resumir, no la dejaba estar cerca de nadie, pero él sí, él sí podía y la hacía retorcerse de dolor cada noche por lo que hacía con… otras mujeres y, a veces, conmigo, cuando al que servía me compartía. Como siempre, la simple presencia de este hombre me hace olvidar eso. Me gustaría creer que es bueno, al menos sé que hay una gran posibilidad. Su puma me trató bien, me cuidó y sanó mis heridas. Esta noche, él no me tocó, respetó mi espacio. Lo único que hacía era tocar mis dedos y mirarme.
He aprendido que nuestra parte animal no miente. Cuando estaba conociendo a ese hombre, era muy amable, pero cuando su parte animal podía tomar el control, me dejaba en claro de forma sutil que solo era un pedazo de carne, que solo podía servirle para complacerse. Ahora no entiendo cómo no vi las señales en ese momento. Tuve tantas oportunidades de huir antes de que él me hiciera daño, antes de que me sometiera. Supongo que mi deseo por un hogar me cegaba, al punto de llegar a confundir maltratos con muestras de afecto, al punto de llegar a pensar que si no me daba comida o agua era porque lo merecía, al punto de llegar a pensar que mi opresor era mi salvador.
Limpio mis lágrimas. Ya he llorado suficiente por ello. Tal vez esta sea la oportunidad de un hogar, pero ya no quiero eso. Lo quería cuando mi madre me abandonó, lo quería cuando estaba sola en ese bosque, lo quería cada noche cuando él me hacía daño. Ahora no lo quiero. Ahora solo deseo estar sola, sin peligro, sin tener que preocuparme porque todo sea una trampa y las personas cambien su actitud hacia mí cuando se den cuenta de que ya no deseo irme. Estoy segura sola, estoy segura si no confío.
Miro cómo tiene mi mano apretada... mejor dicho, sujeta. He intentado hacer que me suelte, pero, a pesar de que está dormido, si la muevo, él afirma su agarre. Pero tengo hambre, me duele el brazo y no siento la pierna. Creo que ahora está más hinchada. No quiero ver, solo para que no duela.
Creo que no ha pasado más de media hora desde que estoy despierta, pero ahora se suma algo a la lista: quiero ir al baño. Seguro le molestará si me orino aquí. Él es mucho más limpio... antes pasaba días en la misma “cama” solo porque no me daban la orden de moverme, pero él incluso ya cambió las sábanas, o bueno, su puma lo hizo.
Con el corazón latiendo como loco, decido mover mi mano. Él de inmediato afirma el agarre, pero no me lastima. Sus cejas se mueven un poco. Con mi mano libre, toco los dedos que sostienen la mía, pero aun así él no se despierta. Tal vez me gane una bofetada por esto, pero creo que será un castigo más pequeño que el que recibiría si me orino en su cama.
—Zah —susurro, y abre los ojos de inmediato. Me arrepiento al ver que no es su puma. No es bueno confundirlos.
Supongo que él no recuerda nada. No me tendrá piedad por despertarlo solo porque… porque estoy mal.
—¿Puedes repetir lo que dijiste? —su voz está muy ronca.
—Marcus, ¿puedo ir al baño muy rápido?
—Por supuesto, no debes ni preguntar. La próxima vez solo dame un manotazo, es una suerte que te haya escuchado.
«¿Golpearlo?»
Él, al ver que no me muevo, me suelta. Yo no sé de qué brazo apoyarme, pero me tenso al sentir cómo coloca una de sus manos en mi cintura y la otra en la parte trasera de mi cabeza. Lento, me sienta.
—¿Puedes moverte?
—Lo siento —murmuro, agachando la cabeza.
He perdido práctica en resistir golpes, en soportar el dolor. Pero él me levanta de la cama, no para hacerme daño, solo me lleva al baño. Con cuidado, sube la tapa del inodoro y mira el lavabo.
—¿No te di un cepillo de dientes? —Él suspira—. Perdóname, supuse que lo había hecho.
Me baja y logro sostener mi propio peso. Creo que solo estaba algo dormida.
—¿Puedes tú sola?
—Sí, gracias.
—Di nuestros nombres más seguido, nos encanta —me sonríe y se va sin que yo tenga que pedírselo.
No pierdo tiempo en vaciar mi vejiga y cepillar mis dientes. Fue algo complicado, ya que en el brazo izquierdo el hombro me duele por la rama que rompí y en el derecho está algo hinchado y adormilado por la picadura. Me preocupa un poco la pierna, ya que, además de estar hinchada, también mi piel tiene un tono verdoso.
Salgo del baño para no perder tiempo. Él no está, así que me siento en la cama. En verdad solo quiero quedarme dormida todo el día. Aún no puedo creer que le haya pedido que durmiera conmigo, aunque fue a su puma a quien se lo pedí. Pero es que, en ese momento, solo podía pensar en que si su puma me trata bien es porque en verdad soy su compañera, es porque su instinto y todos sus sentidos lo obligan a protegerme. Pero ahora que estoy menos conmocionada, no puedo evitar recordar cómo ella sufría, incluso por mi culpa... aunque yo no quería. Pero su compañero era uno de los mejores guerreros del hombre al que servía, y uno de sus premios favoritos para darles a ellos era yo.
La puerta se abre y me obligo a no pensar. Él se acerca con un frasco de vidrio y su contenido es entre blanco y gris.
—Esto bajará la hinchazón. Aunque la serpiente era venenosa, su veneno no es lo suficientemente fuerte para matar, solo hace que te hinches mucho y te duela. Pero con esto, en pocas horas o máximo dos días estarás como nueva —mete dos de sus dedos en la sustancia, es algo viscosa—. ¿Puedo?
Asiento. Empieza con mi brazo. Aunque el simple roce duele, no me quejo. Apenas termina, mete sus dedos de nuevo y comienza con mi pierna, más arriba de mi rodilla. Ahora es que me doy cuenta de que se arrodilló frente a mí, aun así está a la misma altura que yo. Mira concentrado mi herida mientras yo detallo sus ojos: un color verde. Siempre noto cuando cambian de tono; esta vez están algo claros. Ni siquiera siento lo que hace con mi pierna hasta que alza la cabeza y sus ojos se centran en los míos.
—¿Cómo te sientes ahora?
—Muy bien —respondo de inmediato, pero yo soy la única que en realidad sabe lo que significa mi respuesta.
Esto no es bueno, esto no puede pasar de nuevo.
«¿Acaso no aprendo la lección?»
No soy bonita, soy defectuosa, soy una carga para cualquiera que esté a mi alrededor. Es una mentira que alguien pueda quererme, es una mentira que él quiera que yo sea su compañera. Es un hombre enorme, hermoso, fuerte e importante. Yo no tendría tanta suerte para tenerlo, yo no podría hacerlo feliz, no podría ser la compañera que él necesita. Dios lo castigó tanto como a mí por darle una mujer destrozada e inútil.
«Debo irme antes de que sea tarde»