Gianna y Joaquín se hallaban sentados en el último piso de aquella gran torre, contemplaban desde ahí la noche estrellada y el hermoso paisaje que ofrecía la ciudad de Roma. —¿Por qué estás tan callado? —preguntó Gia a Joaquín. Él agarró los contenedores de comida vacíos, los guardó en una bolsa. Suspiró profundo. —Percibo una opresión en el pecho, un sentimiento de culpa, no merecías que tu primera vez fuera de esa forma, además la sangre se me enciende de imaginar que lo premeditaron, no sé qué pensar, no entiendo los motivos de Francesca y el tal Tommy para drogarnos. Gianna inclinó su rostro, mordió sus labios. —No fue tu culpa, no lo sabías, además fuiste muy tierno, y te agradezco que haya sido así, quizás si sucedía con Tommy las cosas no hubieran sido de ese modo, ven —sol

