Álvaro estaba sentado en la sala de espera del hospital, su pierna se movía ansiosa, mientras esperaba los resultados de los análisis. Finalmente, un médico entró con una carpeta en la mano, su rostro neutral pero profesional. —Señor Santibáñez —empezó el médico, tomando asiento frente a él—. Aquí están los resultados de sus pruebas. Álvaro asintió, enderezándose en su silla mientras escuchaba con atención. —Detectamos una sustancia en su sangre. Es un sedante fuerte, que en combinación con alcohol puede causar pérdida de memoria, confusión y falta de control físico —explicó el médico—. Es evidente que alguien lo drogó. Álvaro apretó los labios, su mandíbula se tensó mientras su mente comenzaba a atar cabos. —¿Y en cuanto a… otros indicios? —preguntó, con su voz baja pero firme. El m

