Amaya apretó la manta contra su pecho, negándose a responder. —¡Abre la puerta o la tumbo! Tenemos que hablar —insistió Álvaro, su voz ahora más alta. Amaya finalmente rompió su silencio, gritando desde el sofá sin moverse. —¡Vete! ¡No quiero verte! —su voz temblaba, llena de dolor y rabia—. No sé cómo, pero te voy a devolver el último centavo, pero lo haré. ¡Lárgate! Desde el otro lado, la voz de Álvaro bajó, pero no perdió su intensidad. —Amaya, por favor… Lo que viste fue una trampa. Déjame explicarte. ¡Por favor! Amaya se levantó, su cuerpo temblaba mientras caminaba hacia la puerta. —Siempre tienes excusas, Álvaro —gritó, con las lágrimas recorriendo sus mejillas—. Siempre sales bien librado. ¡Yo lo vi! ¡Soy la novia cornuda del año! Hubo un profundo silencio del otro lado. Am

