Amaya lo siguió mientras él caminaba con pasos decididos hacia la recepción de la UCI. Preguntaron por la doctora que la había atendido antes y, en pocos minutos, estaban frente a ella. La doctora explicó el procedimiento con la misma seriedad que antes: el desfibrilador implantable era la única opción para evitar futuras crisis fatales. Álvaro escuchó atentamente cada detalle, y cuando la doctora terminó de hablar, asintió con determinación. —Proceda con lo necesario. Haré el depósito en este momento. Amaya lo miró con incredulidad, sus labios temblaron como si quisiera decir algo, pero no encontró palabras. Álvaro le dedicó una leve sonrisa tranquilizadora antes de apartarse para hacer la llamada. —Alfonso —dijo en cuanto su amigo atendió—, necesito que transfieras treinta mil dólare

