El apartamento se sentía vacío y silencioso después de la salida furiosa de Álvaro. Amaya permaneció inmóvil por unos minutos, mirando la puerta por donde había salido. Sentía un peso en el pecho, mezcla de preocupación y tristeza. Sabía que Álvaro estaba molesto, y aunque entendía su enojo, temía que esta tensión siguiera creciendo entre ellos. Decidió no quedarse en casa dándole vueltas a sus pensamientos y se dirigió al hospital para visitar a Lucas. Era su pequeño refugio, el único lugar donde siempre encontraba algo de calma. Cuando llegó a la habitación de su hermano, lo encontró sentado en la cama, mirando la televisión con una sonrisa en el rostro. —¡Amaya! —exclamó Lucas, feliz de verla. Amaya se acercó rápidamente y le dio un abrazo, sintiendo cómo su corazón se llenaba de amo

