Amaya se tensó ligeramente, recordando la incómoda conversación con Eusebio. —No sabría decirlo... —respondió con cautela, evitando el contacto visual. Álvaro arqueó una ceja, sin apartar la vista de la carretera. —No seas diplomática. Mi padre no es exactamente conocido por ser... acogedor. Ella tragó saliva, pensando en cómo esquivar el tema sin mentir del todo. —Digamos que es una persona directa. Me dejó claro lo importante que es para usted la empresa. Álvaro apretó ligeramente el volante, su mandíbula se tensó, pero su tono permaneció calmado. —Mi padre siempre tiene un propósito detrás de todo lo que dice o hace. Si te llamó a su oficina, es porque quiere algo. Amaya se mordió el labio inferior, sin saber cómo continuar. No podía contarle lo que realmente había pasado, pero

