Amaya no podía soportar un segundo más allí. Mientras Álvaro tomaba el móvil, ella se levantó bruscamente de la cama. Su corazón latía con una fuerza que resonaba en sus oídos, y su respiración era rápida y entrecortada. Sin mirarlo, salió casi corriendo de la alcoba, sus pasos rápidos resonando en el silencio del apartamento. No sabía a dónde dirigirse, pero necesitaba escapar, poner distancia entre ellos para poder pensar. Su cuerpo aún vibraba por las sensaciones que Álvaro había despertado en ella, y el calor en su rostro no hacía más que intensificarse. Llegó a la sala y se quedó de pie en medio de la habitación, apretando sus manos contra su pecho, como si eso pudiera calmar los latidos desenfrenados de su corazón. "¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo controlarme?" pensó, cerrando los

