Amaya abrió la boca para responder, pero no sabía qué decir. Lo primero que pensó fue en entrar a la oficina de Álvaro y preguntarle sí podía salir con su mamá, pero Claudia no le dio oportunidad. —Vamos, no tengas miedo —dijo Claudia con suavidad, tomándola del brazo—. Isabel, por favor, dile a Álvaro que Amaya salió conmigo. No tardaremos. Antes de que Amaya pudiera protestar, ya estaba siendo llevada hacia el ascensor, con Claudia liderando la situación como si fuera algo que hacía todos los días. El camino estuvo cargado de un silencio incómodo en el auto, Amaya soltó el aire que contenía cuando el auto se detuvo. El restaurante al que llegaron era uno de los más exclusivos de la ciudad. —Vamos querida, este es uno de los sitios favoritos de Álvaro. Amaya asintió y siguió a Clau

