Álvaro y Amaya regresaron al apartamento en silencio, pero esta vez no existía tensión, solo una calma que hablaba de todo lo que habían compartido esa noche. Al cerrar la puerta, Amaya soltó un bostezo, llevándose la mano a la boca. Álvaro se giró hacia ella, cruzando los brazos con una leve sonrisa. —¿No has comido nada, verdad? —preguntó, aunque ya conocía la respuesta. Amaya lo miró con timidez y negó con la cabeza. —No tuve tiempo… ni ganas, la verdad. Álvaro se acercó, colocando una mano en su mejilla con suavidad. —Entonces, ¿qué te gustaría cenar? —Cualquier cosa está bien —respondió ella, encogiéndose de hombros. Él negó con la cabeza, su sonrisa se amplió. —No, Amaya. Hoy no vamos a comer “cualquier cosa". Vamos a festejar que somos novios de verdad, sin contratos, sin m

