No definí bien por qué razón lloraba más, si por la llamada de esa mañana que confirmó que Edrick era un asesino, porque mi padre andaba por allí suelto y seguramente acechando o porque ahora estaba embarazada. —Ya, ya —dijo Edrick suavemente, acercándose un poco más—. Todo estará bien, no hay problema por eso, no está mal que estés embarazada —habló con tono de quererme arrancar la culpa, se notaba preocupado. Eso me hizo llorar aún más. ¿Por qué se portaba tan atento conmigo?, ¿Es que pretendía confundirme? Porque yo ya sabía qué era él, un asesino sin escrúpulos. Sus atenciones me hacían daño y bien a la vez, pero amenazaban con nublar mi visión, mi perspectiva acerca de las cosas y el control de mi estado emocional. Rodrig por su parte se había

