Un lágrima corre y siento como se pierde en las líneas de la máscara que cubren mi identidad, Evan el hombre con el que me casé, el mismo hombre que probó mi piel me mira atónito, y mi boca enmudece, un nudo en la garganta obstruye mis palabras y lo miro tal cual es, sin máscara, como realmente es, un maldito idiota, que expresa su estupidez con el rostro, la rubia baja la mirada y acomoda su vestido buscando las bragas qué yacen en el suelo, Evan sube su pantalón se me acerca, y aspiro su aroma. Whisky y el perfume de la rubia invaden mi olfato con su cercanía —, Juliana, ¿qué haces aquí? —pregunta de nuevo, y su palidez se hace aún más grande en su rostro. —Al fin conozco tu rostro —suelto con esfuerzo, tratando de soportar la decepción qué siento en este instante. —Juliana, yo pued

