Caminé de vuelta hasta el dormitorio, abriendo la puerta y encontrándome con Enzo recostado sobre mi cama. Parecía haberse quedado dormido sobre ella, en la misma posición que lo había dejado. Realmente se veía agotado, por lo que decidí dejarlo dormir allí mientras ocupaba la cama de Rebecca, que se encontraba vacía también. Sin embargo, en cuánto cerré la puerta pareció despertarse, incorporándose rápidamente como si no hubiese querido quedarse dormido. _Tranquilo, puedes dormir en mi cama si quieres. Dormiré en la de Rebecca. Él frunció su ceño, sin entender. _ ¿Por qué? Levanté mis hombros, mirándole. _No lo sé, pensé que querrías descansar cómodo. _Ven a dormir conmigo. Soltó en un tono casi de súplica, poniendo los mejores ojos de cachorro humanamente posibles. Palmeó el espac

