Tatyana —Llena de sorpresas—, sonríe Román, aumentando la presión de su mi3mbro contra mi sexo. —Pero te prometo esto, pequeña cierva. Voy a descifrarte. Agarro su antebrazo. Él cruza el umbral. —Sí…— El jadeo sale de mi garganta justo cuando uno ruge desde la suya. Nuestros gemidos se mezclan en un coro de bajo profundo y soprano celestial. Me estira más con cada centímetro. Mis piernas se separan, luego comienzan a retraerse, mis muslos apretándose alrededor de sus caderas musculosas. —¿Cómo estás tan apretada?— gime Román, su voz temblando mientras sus dedos tiemblan alrededor de mi cabeza. —Yo…— Casi lo dejo escapar. Pero mi inocencia es lo último que quiero mencionar ahora. Román la está quemando. Le digo adiós con alegría. —Lo siento. —No, ángel—, se ríe. —Esto es un re

