Fryodor —¿Lo haces, Ámbar? —susurro, mi boca cerca de su oído, su aroma como dedos delicados y sensuales recorriendo mi pecho. Ella me sonríe, una invitación si alguna vez he visto una. Pero solo si no miro de cerca. —¿Si lo hago? No hay invitación alguna, solo una euforia provocada por la botella de whisky de primera que se ha servido. Mi mirada pasa de ella a la botella, y al vino caro. —¿Qué no me va a gustar? —dice, con un dejo arrastrado en su voz, mientras pasea el cuello de la botella por mi pecho desnudo, bajando lentamente. Agarro su muñeca. Los huesos son delicados, su piel suave y viva con un calor que me atrae. Antes, aún exaltado por la matanza, la pelea y verla, el odio primitivo y la excitación palpitaban en mí. Lo del baño, donde la habría follado hasta perder el sen

