Román —¿Volver a qué? —A ser yo misma. —Esta eres tú —gruño, pasando mi mano por su suave cabello. —No. No lo es. Pero es divertido —admite en voz baja—. Podría usar un poco de diversión… Así de repente, me doy cuenta. Tatyana me está usando. Pero no como pensaba. Ella nunca hace lo esperado. Para ella, no soy un rey todopoderoso del inframundo. No soy una teta para mamar, un dios para adorar, una marca para estafar. Soy un cuerpo duro y una polla ansiosa. Un experimento para una joven ingenua y protegida. Esta pequeña zorra. —Te daré más que un poco —digo, listo para dejar de lado mi precaución. Pero entonces siento que el cuerpo de Tatyana se relaja… y escucho una pequeña risa salir de sus labios. Otro maldito giro. Esta chica me está volviendo loco. Con un gruñido feroz, l

