Polina Me despierto de golpe, sacudida por una pesadilla que ya he olvidado. Eso ya es suficientemente malo. Y entonces empiezo a recordar lo que pasó. Llega en pedazos. Mi mente aún está nublada. Fui drogada. Raptada. Por… Parpadeo, tratando de orientarme. El pánico está ahí. El tipo que te hace temblar el corazón y te orina los pantalones, pero está extrañamente distante, como si estuviera separada de él, de las emociones, de todo, excepto por esa suavidad extraña que se infiltra en mi cerebro. Llevo una mano a la cabeza y eso me devuelve bruscamente al mundo de las sensaciones. Trago saliva. Alex. Él me drogó. Oh, Dios. Alex. Él… irrumpió en la casa de Viktor y saltó sobre mí, me puso algo horriblemente dulce y penetrante en la cara y luego algo filoso me pinchó el brazo. Ahí

