Polina —Sigues despierta. Las palabras de Viktor son suaves mientras me incorporo desde mi lugar en el sofá. No he podido cerrar los ojos desde que se fue. En lugar de eso, he estado observando las llamas retorcerse y danzar, sus chasquidos y crujidos de alguna manera resultan reconfortantes. —No pude dormir. Me doy la vuelta y él está en el umbral de la puerta, ocupando tanto espacio. El abrigo y el chaleco con los que se fue ya no están. Su pistolera cuelga de su hombro. Está cubierto de sangre. Intento sentir repulsión, sentir miedo. Pero no puedo. No está ahí. Todo lo que siento es un calor que esta chimenea no pudo darme. Su calor. —¿Qué hiciste? Él sonríe levemente, con la mirada intensa. —No te preocupes, ángel. Solo debes saber que Pierre Olivier no volverá a molestarte..

