Deudas
Se escondió en un callejón y volvió a recogerse el cabello mientras recuperaba el aire. Se asomó, con una sonrisa cansada, y espió a los hombres que, dispersos, empujaban a la gente para perseguirla. Los cuchillos desenfundados brillaban al sol. El barro sobre el que corrían salpicaba y la calle se llenó de improperios y peleas.
Un niño se detuvo en medio del desorden y miró fijamente hacia las sombras del callejón. La joven frunció el ceño. Le hizo un gesto con la mano para que desapareciera, pero el niño no dejó de señalarla con los ojos.
–Ve-te –dijo, en silencio, dibujando el sonido con los labios. Apretó la mandíbula, esbozó una mueca de ansiedad–. Mocoso…
Los pasos que chapoteaban sobre el barro se acercaron. Un hombre proyectó una larga sombra sobre el niño.
–¿Qué ves, muchacho? –preguntó, y el pequeño lo miró a los ojos.
Sin expresión alguna, señaló hacia el callejón. El hombre siguió la línea recta del brazo extendido, miró fijamente las sombras. Estaban vacías. El callejón estaba vacío.
La joven, que había salido por el extremo contrario, daba un rodeo para volver a casa.
...
No puedo eliminar la historia, así que dejo las primeras 200 palabras.