XV. Siguiendo consejos

3322 Words
Sobre las seis en punto salimos de nuevo con Vanesa hacia el costado del palacio donde me permiten parquear mi auto, nos subimos y ponemos el motor en marcha, todo en perfecto silencio, entonces ella espera a que salgamos definitivamente de la guardia de la casa de Nariño y  me pregunta con voz bastante seria. -        Jefe… -        ¿Sí? -        Jefe, sé que me dijo que no me diría más para no meterme en problemas, pero… -        Sería mejor que no preguntara, sí. -        Si jefe la comprendo, pero… Es que no me aguanto saber, creo que es algo demasiado importante como para que lo sepa usted nada más y … -        Es lo correcto Vanesa, muchas veces no sabemos nada de la vida de las otras personas y así funciona el mundo, no deberíamos ponernos a averiguar tanto. -        ¡Ay no jefe!, ¿Me está llamando chismosa? -        De mi boca no ha salido esa palabra Vanesa -        Jefe por favor, sólo un si o un no, una solita pregunta, porfis porfis… -Ella comienza a suplicar mientras se gira en su asiento y junta las manos en tono de suplica, a la vez agudiza más la voz como si fuera una niña chiquita. -        Hagamos algo, usted pregunta y yo veré si le contesto. -        Vale, gracias jefe, la pregunta es la siguiente, los registros que usted me pidió está mañana no eran para el general, ¿Verdad? Pero usted los solicitó porqué… Tiene una información y quería verificarla, además  teniendo en cuenta que el general normalmente no me pide nada, y esta vez me pidió esos registros es porque hay algo importante que cubrir, ¿Cierto? Razón por la cual me pidió que después de entregárselos, los borrara de la bodega multimedia, entonces… eso significa que él está tratando de ocultar algo grave que pasó en las últimas tres semanas porque es la fecha que usted me pidió y que coincide con la petición de él, y si sumamos eso a lo que me dijo de que están inculpando al coronel, eso nos da…que el culpable es el general, ¿Verdad? -        López, eso son o muchas preguntas o la hipótesis completa del caso, no sé si puedo responderle eso, pero considero que si la tuviera en mi equipo de investigaciones, sería excelente, ¿Qué tan buena es corriendo? -        ¡Ay no jefe! No sea así, por favor dígame si tengo razón. Medito seriamente la petición de Vanesa, por un lado está en lo correcto, por otro lado no tiene el panorama completo y no sé si debo contarle más, por lo que vi, al final le entregó al general lo que pidió y la vi bastante amable con él, no quiero sospechar de nada antes de tiempo, porque quizás solo está siendo amable, como lo es conmigo. -        Vanesa, cuénteme una cosa. -        Dígame jefe. -        ¿Qué sucedería si le dijera que no a su pregunta? -        ¡Ay no!, ¿Es en serio? Bueno, en ese caso… -Medita un rato, guarda silencio lo cual es una bendición para mí, normalmente evito el ruido mientras conduzco a menos que esté en plan de ir despacio y de paseo, pero en éste caso tenemos que movernos lo más rápidamente posible, con tal de no quedar atrapada en un trancón monumental. -        No Vanesa, no es el caso, es una suposición, que sucedería si mi respuesta fuera “No”. -        Bueno, pues seguiría sin entender por qué el general y usted me pidieron lo mismo el mismo día, ambos me dijeron que no hablara con el otro, así que se me ocurre, que están compitiendo por la información de esos videos y llamadas, pero acá en palacio casi nunca pasa nada, si no es porque tenemos tantas cosas por coordinar, sería la oficina más aburrida del mundo, lo que le quita más lógica a que ustedes buscaran esa información, entonces no sé, me faltaría mucha información y en ese caso… estoy siendo una metiche y chismosa. – Termina su frase mirando por la ventana y bajando la voz. -        ¡No se deprima sargento! Siendo honesta la respuesta es sí. -        ¡¿En serio?! Ay yo tenía razón, ¡Sí! – Celebra brincando sentada en el puesto lo que hace que el chasis se sacuda un poco, patea el piso y sigue celebrando sin escuchar ni ver nada más, al cabo de un rato se detiene en seco y su cara se alarga para preguntarme – Jefe, pero eso significa que ¿Estamos conviviendo con un criminal? -        Tengo pruebas para demostrar que él fue el autor intelectual de los hechos -        De acuerdo jefe, eso si suena grave, de cuales hechos me está hablando, del asesino que le enviaron o de la muerte de la senadora. -        De momento no tengo pruebas de la primera opción Vanesa, pero estoy segura casi totalmente, que él fue el que contacto a mi efectivo, es decir quien realizó el disparo, y por medio de él, se aseguró el ingreso del arma señuelo con los fallecidos, para garantizar cerrar el caso con un argumento flojo, como lo es que no le agrado a mis subalternos. Falta aún ubicarlo en las escenas de investigación antes, durante y después de los hechos, pues lo ubiqué después, pero no antes ni durante. Vanesa se queda en silencio esperando a escuchar cualquier otra cosa que tenga que decirle, pero como no le digo nada en unos minutos ella vuelve a preguntar: -        Jefe, ¿No le da miedo estar conviviendo con la persona que le quiere hacer tanto daño?, Digo, yo estoy asustada y hasta hoy en los 2 años que lleva trabajando en el palacio, no me había dirigido ni el saludo. -        Esa es la razón por la cual tuve una corazonada y le pedí lo que le pedí. -        Jefe y que encontró en esas grabaciones, creo que lo más raro que verá será a alguno de los compañeros sacarse un moco o algo así, ja ja ja. -        López, no se imagina lo útil que fue que usted me hubiera pasado justo lo que le pedí. -        ¿De verdad jefe? -        Sí, pero ya hemos hablado mucho del tema, lo mejor será que lo dejemos quieto, ya estoy trabajando en eso con otras personas, mejor respóndame una cosa. -        Dígame jefe. -        ¿Qué es la cumbre de los presidentes? -        Ah jefe, eso si es fácil, si se ha dado cuenta trabajamos en casa de Nariño, je je, eso significa que estamos pendientes de la seguridad tanto de infraestructura del palacio, como de las personas que están dentro. -        Si López, al punto por favor. -        Bueno, es que ahí está el punto, si trabajamos coordinando la seguridad de todas las personas que están trabajando ahí, eso incluye al presidente. -        Sí, eso lo sé, pero sigue sin responderme, Vanesa, por favor enfóquese. -        Pues jefe eso de la cumbre de los presidentes es un evento donde van los presidentes de algunos países a reunirse con otros en un punto en específico, para el caso actual, la semana que viene es la cumbre de los presidentes del cono sur, y todos se van a reunir en Argentina. -        No me digas, en buenos aires…. – Un escalofrío recorre mi cuerpo, es como si estuviera en un examen y al fondo pudiera escuchar el tic tac de un reloj que avanza mientras estoy tratando de concentrarme respondiendo pregunta a pregunta. -        Si correcto jefe, ¿Cómo lo supo?, no me diga, una corazonada, ja ja, las mujeres somos expertas en saber cosas que los demás no, eso es lo que nos hace brujas. Ja ja ja. Río con Vanesa, pero una parte de mí sabe que en el fondo y no tan al fondo, ella tiene razón; justo estoy pensando en eso cuando una voz me susurra en el oído izquierdo: -        ¡Cuidado, es él! Del susto de oír la voz, giro el volante del auto hacia la derecha tratando de huir de esa voz, normalmente suena en mi cabeza, pero esta vez fue clara como de un hombre en mi oído izquierdo; el giro inesperado a la derecha hace que todos los que vienen detrás de nosotras conduciendo a gran velocidad por la circunvalar nos cojan a punta de bocinazos y gritos que nos hacen recordar a la mamá de cada una, pero también una moto que venía por la derecha tuvo que esquivar mi auto y terminó resbalando hasta caerse, entonces procuro orillarme y bajar a ver que sucedió, pero Vanesa me dice que no me detenga, que así se la hacemos fácil a la delincuencia común, pero no le presto atención, me estaciono y apago el motor, me quito el cinturón y salgo de mi auto, camino para atrás a buscar al motociclista, pero éste ya está de pie, está ordenando la moto, y cuando le pregunto si está bien, veo que tiene el casco puesto y no le veo la cara, pero él saca un arma y me apunta, simultáneamente por reflejo saco yo la mía y cuando le apunto, él me dispara, mi pie se dobla y como una cómica coincidencia eso hace que esquive la bala, no sé dónde impactó pero yo le disparo y le doy en el hombro izquierdo, lo que lo hace irse para atrás un poco, yo me agacho y le disparo de nuevo, ésta vez le doy en el otro hombro lo que lo hace soltar su arma, me acerco a él y voy a detenerlo cuando desde el piso me hace una llave con las piernas y me hace caer de espaldas, del impacto me golpeo la cabeza con un ruido sordo, me siento atontada, entonces él se levanta y cuando se intenta acercar al arma, alguien más le dispara, él sube a su moto herido como está y huye tratando de pasarme la llanta sobre la cabeza, pero alguien me hala de un pié y solo siento que el carburador me roza la cabeza. A los pocos minutos una voz de una mujer me está llamando: -        Teniente Marion, teniente, jefe, por favor despierte. –Oigo el desespero en su voz y cómo puedo le contesto. -        ¿López? ¿Es usted?. -        Si jefe, ¿No me ve? Acá estoy, vamos por favor, siéntese y… En el momento en que mis ojos empiezan a recuperarse del impacto contra el suelo, mi conciencia me indica que alguien más ha llegado, parece que López está en peligro, oigo risas de hombres que se burlan de ella; me giro como puedo sobre mi costado izquierdo y veo que uno de ellos ha cogido el arma del motociclista, está amenazando con eso a López y le pide que le entregue su arma, otro ha llegado casi hasta mi lado, parece que viene por mi arma, pero yo entendiendo su propósito me tiro a lado derecho y agarro el arma, desde el piso le apunto y grito: -        ¡Todo el mundo quieto, somos la Policía de Colombia, suelten las armas y suban sus manos!. Me levanto como puedo sin dejar de apuntar a los cuatro hombres que veo, incluso con el arma le indico al que estaba más cerca de mí, que se vaya hasta donde están los otros tres, mi nuevo esfuerzo hace que Vanesa se llene de Valor, ella levanta también su arma, pero los hombres no quieren soltar el arma del motociclista, así que hago un disparo que le pasa rozando la oreja izquierda al que la tiene en sus manos e impacta contra la montaña y le digo: -        Baje el arma por favor, el próximo disparo puede darle directamente, y es perfectamente legal. Ellos se miran entre sí, y le dicen al que tiene el arma: -        Figo, ya bájela, y vámonos de acá, esto no es culpa nuestra, evitémonos problemas. Pero “Figo” responde. -        Somos cuatro, ellas dos, y nosotros tenemos una mini uzi, ¿Quién dice que no podemos ganar? Al oír eso le digo: -        Figo, no sé si es su nombre o su apodo, pero, no alcanzaría a mover un dedo antes de que mi próximo tiro lo derribe, ¡No me obligue a hacerlo! El sopesa las opciones y luego dice: -        De acuerdo “tomba” ahí le dejo pa’ que se entretenga. – Arroja el arma cerca de Vanesa.- Yo y mi parche nos vamos, no vimos ni sabemos nada, ¿Ok? -        Lo siento Figo, pero no es así de sencillo, por favor pongan las manos detrás de la cabeza. –Giro mi cabeza y le digo a López – López, por favor, vaya al auto y llame refuerzos. -        Si jefe. Ella corre al auto que está como a diez metros de distancia, al rato regresa diciéndome que ya llamó a la policía para que detengan a los cuatro hombres y me pregunta que hacemos con el arma. -        Gracias, ¿En cuánto tiempo le dijeron que llegan? -        Me dijeron que en cinco minutos. -        ¡Mierda!, serán los cinco minutos más largos de éstos hombres y de nosotras. Me pongo a analizar a los cuatro hombres que tengo en la mira de mi arma, son jóvenes y parecen tener entre quince y veinte años, quizás ninguno supere la mayoría de edad, están charlando entre ellos y en ese momento uno de ellos grita mientras señala detrás de mi. Vanesa en reacción automática gira la cabeza, yo me mantengo en mi posición, pero al ver que ella gira, ellos salen corriendo, alcanzo a hacer un segundo y tercer tiro, impactan en la montaña y sólo alcanzo a gritarles que se detengan, en ese preciso momento viene subiendo una patrulla que los cierra unos metros más abajo y los detienen. Luego me relajo un poco y le digo a López que espere, voy al auto y saco una de las bolsas que tengo para recoger evidencia, regreso y recojo el arma, no cabe completa, pero la puedo poner así en el baúl de mi auto, entonces uno de los oficiales que llegó en la patrulla me pregunta si estamos bien, le aseguro con la cabeza que sí, y nos pide acompañarlos a la estación más cercana para dar declaración. Poco después de seguir a la patrulla, llegamos y van bajando uno a uno a los detenidos, les toman los datos y las huellas, mientras nosotras damos una declaración de los hechos, a ellos les parece sospechoso que alguien nos haya atacado pero le contesto que puede deberse a la posición que ocupamos y en vista que se aproxima la cumbre de los presidentes, las cosas se suelen poner tensas. Les entrego el arma que recogimos del asesino y con eso nos vamos a una clínica por la insistencia de Vanesa. Son casi las ocho de la noche y estamos en la clínica de la policía esperando a que me atiendan, a Vanesa le hacen valoración sicológica por los hechos vividos y a mí me hacen revisión de pies a cabeza, el médico me dice que no se explica cómo, pero parece que me hubiera roto la cabeza, pues mi cabello y el cuello de mi blusa tienen sangre, pero mi cabeza está intacta, así que me toman radiografías y media hora más tarde nos dejan salir con el diagnostico de estar en perfectas condiciones. Al salir conduzco hasta la casa de Vanesa y mientras tanto ella me pregunta: -        Jefe, ese, el de la moto, era el asesino que me contó, ¿Verdad? -        No lo sé Vanesa, seguramente, tenía la misma moto, sin placas ni nada, iba de n***o como antes y manejaba una mini uzi, es muy posible que si haya sido él. -        Jefe, eso significa que no va a detenerse hasta matarla, ¿Verdad? -        No López, lo que va a pasar es que si sigue insistiendo, yo lo voy a matar a él. -        ¡Ay jefe no diga eso!, somos policías si y fuimos entrenadas para esto, pero realmente yo no quiero quitarle la vida a nadie. -        Lo sé sargento, lo sé, pero es él o yo, ¿Cuál prefiere usted? -        Bueno, viéndolo así, la prefiero a usted. -        Ja, sólo lo dice porque le sirve que la traiga en carro hasta la casa. -        ¡Jefe, no diga eso!, ya le tengo cariño. -        Gracias Vanesa, yo también ya le tengo cariño a usted. Pasa un rato más en donde solo escuchamos los ruidos de los autos a los costados y el motor del mío, vamos con la luz apagada pero la avenida por la que vamos está tan bien iluminada que no requerimos más, entonces ella me vuelve a sacar de mis pensamientos: -        Jefe, ¿Cómo hizo para esquivar el primer disparo?, digo, estaba usted a unos metros de él, no hubiera podido fallar, lo alcancé a ver todo. Pienso un momento su respuesta antes de contestarle -        No lo sé Vanesa, el tobillo me flaqueó y contrario a otras ocasiones donde eso duele un montón, esta vez no solo no dolió sino que además me evitó estar en el hospital por herida de bala, o quizás me hubiera matado. -        Disculpe la preguntadera, pero y ¿Lo de su golpe en la cabeza? -        ¿Qué con eso? -        Pues que es evidente que se golpeó duro, yo duré un rato tratando de despertarla y cuando abrió los ojos, usted no respondía, estaba como zombi. -        No lo sé, supongo que alcancé a recuperarme a tiempo. -        Sí lo sé, pero y ¿Lo que dijo el médico? -        No lo sé Vanesa, estoy muy cansada y sólo quiero irme a dormir, ¿Vale? –Le respondo con un tono tan cansino que ella asiente con su cabeza y se queda callada. Ya llegando cerca de la casa de ella vuelve a romper el silencio, esta vez para contarme algo: -        Jefe, usted me dijo que necesita sacar el pasaporte, ¿Le parece si mañana vamos a hacer eso? -        Je je, Vanesa, no busque excusas para no trabajar. -        No jefe, de verdad yo solo quiero ayudarle, y eso es una de sus necesidades, así que es parte de mi trabajo. –Veo que se siente avergonzada, no veo si se pone roja pues con la luz del auto apagada y yo conduciendo no puedo detallarla, entonces le contesto. -        Si por supuesto, y por favor infórmeme, cómo es nuestra participación en la cumbre de los presidentes. -        Excelente jefe, mañana vamos a eso de las nueve, eso si nos queda un poquito lejos, pero también conozco gente que nos ayuda para que se lo den lo antes posible. Pero jefe… -        Dígame López -        Lo de la cumbre de los presidentes, el general me dijo que no le dijera nada a usted, que él se encargaba y pues ya pasó la lista del personal que va a viajar a Argentina con el presidente. -        Ah ok, comprendo. Esa respuesta de Vanesa me saca un poco de mi comodidad charlando con ella, de verdad viajar a Buenos Aires no es algo que quiera, bueno, no de trabajo, de turismo si es uno de mis sueños, pero me molesta que el general me esté sacando de lo que deberían ser mis funciones, sin embargo no puedo culpar a Vanesa, ella sólo cumple con su trabajo. Al llegar a su casa ella se despide muy alegremente, se baja del auto y me pregunta si paso por ella mañana a la misma hora, quedo en que así sea, ya que aunque al día siguiente y por lo que queda del año ya no tengo que preocuparme por salir temprano para evitar el pico y placa, si es un hecho que me fue muy útil llegar antes que los demás. 
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