El cielo de Mérida comenzaba a vestirse de sombras cuando las luces de Selecto Paladar se encendieron una a una, como luciérnagas vanidosas que anunciaban una noche de espectáculo. Las paredes, decoradas con mármol italiano y arte contemporáneo, reflejaban la ambición de su dueño. Ricardo Salinas observaba el restaurante desde su oficina en el segundo piso, una copa de vino en la mano y la mirada fría de quien sabe que el golpe está por caer. El salón principal estaba lleno: influencers, críticos gastronómicos, empresarios, rostros de la televisión local, todos convocados por una promesa de excelencia. Todo planeado. Todo medido. Todo orquestado para eclipsar la reapertura de Altamirano Gourmet incluso antes de que se abriera la primera botella de vino. Los platos comenzaron a desfilar b

