El triste Adiós y el feliz hola

1945 Words
«El tiempo se detiene, la tierra deja de girar, los ríos se paralizan y nada vuelve a verse igual». Así me imagino cómo se siente la joven que nunca en su vida ha sido rechazada por un ser del género opuesto. Y que lo haga un hombre tan interesante como Guillermo, que por encima de su atractivo, está su capacidad para dirigir un imperio y materializar los más complejos diseños realizados por otra mente maestra como lo es su esposa, debe ser difícil de asimilar. En definitiva, es una cagada amar al hombre equivocado… Guillermo se queda observando a la joven que sostiene sus manos, cuyos ojos marrones le suplican que se quede con ella; sin embargo, él no puede hacerlo, ni ahora, ni nunca. El hombre le rogó tanto al universo que le devolviera a su amor, y este correspondió su pedido. Así que no piensa tentar a la suerte, él sabe que las terceras oportunidades, no existen. —Britany no lo hagas, por favor, no es necesario - le dice y se levanta de su asiento. —No hay vuelta atrás, lo nuestro término, lo siento - le dice con firmeza. Él no es de piedra, claro que le entristece verla así. Su idea no era lastimarla, pero la joven que tiene frente a él, merece a un hombre que le dé el lugar que él nunca le podrá dar, aun si se hubiese divorciado. Por su parte, Britany suelta las manos de Guillermo para luego levantarse del piso, mientras intenta mostrarse fuerte y que ninguna lágrima brote de sus ojos. Ella tiene tantas ganas de hacer una escena bochornosa y golpearlo hasta que el dolor que está experimentando se desvanezca; sin embargo, se contiene. La joven, con toda la dignidad que le queda, lo mira con la cabeza en alto. No piensa actuar como su madre que, aun divorciada de su padre, no deja de buscarlo. —Está bien, lo puedo entender. Lo mejor será recoger mis cosas e irme de aquí - le informa con un tono carente de emoción. —No te estoy echando - le expresa con honestidad. —Este lugar no me pertenece y no quiero un premio de consolación - dice con firmeza. —No es un premio de consolación, Britany. Mira a tu alrededor, este lugar grita a ti. Sé que eres orgullosa y que no aceptarás que te lo deje, pero quédate hasta que encuentres otra residencia, donde te sientas a gusto - dice suspirando y en voz pausada. —Espero que en algún momento me comprendas y logres entender que no hay nada en este mundo, que un hombre ame más que a la familia que construyó, con la mujer que lo vio en el piso, sin nada y, aun así, se quedó para ayudarlo a levantarse. Es lo último que le manifiesta antes de marcharse del Penthouse sin voltear a verla una vez más. Britany cae sentada en un mueble reflexionando aquellas palabras. Creció dentro de un matrimonio disfuncional donde su padre era un completo infiel en todo el sentido de la palabra y su madre, una mujer con poca autoestima que, aun sabiendo de las andadas de su marido, siempre lo atendió como un rey. —¿Qué clase de redes tejemos en esta vida para terminar en lo mismo que juraste no caer? Analiza en voz baja, mientras tiene la mirada perdida y siente que su mundo se le cae encima. No es capricho; en realidad, ella ama a Guillermo. En su mente, pensó que podría tener la dicha de ser aquella mujer que trajera al mundo el hijo que sabe que él sueña. Ella quería ganarse ese título como “la madre del hijo varón de Guillermo Draco Nova”. Con el dolor de su alma, Britany limpia sus lágrimas y camina hacia el cuarto donde pretende ponerse algo más apropiado para salir a la calle. A la mente le llega la idea de ir por un trago, pero sin su amiga, sin la joven que de cierta forma la ha estado incitando a retener un hombre casado, para así ser beneficiada por ser la mejor amiga de la mujer del jefe. Está más que claro que nadie en este mundo hace algo gratuitamente. Ahora veremos qué encuentra la bella Britany en las calles de Santa Bárbara. … Minutos después de que Guillermo saliera de su torre, este decide ir hacia su hogar y esperar a su esposa en caso de que aún no regresara a casa; no obstante, su sentido protector lo lleva a conducir hasta el lugar donde se encuentra Luciana. Allí se estaciona hasta que la vea salir. Hoy confirmó que ella es su mundo, pudo rechazar lo que hubiese sido una noche perfecta: velas, pétalos de rosas, champán y la espectacular compañía de una ardiente mujer. Lo único que pensaba, mientras estaba con Britany, era que tan rápido hubiese llegado al Penthouse de Edward si se fuese corriendo para sacar de ese lugar a la mujer que ama. —Perderte, mi amor, no, eso no volverá a pasar. Declara como en un susurro, mientras observa cómo una deslumbrante mujer de piel canela, cabello corto, vestida con un pantalón blanco estilo palazo y una blusa ajustada al cuerpo, camina hacia su vehículo un tanto distraída. Le consuela no verla triste, ni con indicios de que estuvo llorando o de haber sido agredida. Porque de pasar lo último, no sabe lo que hubiese hecho. En un momento, Guillermo observa cómo Luciana voltea a ver hacia su auto, mientras sonríe como si supiera que algo así pasaría. Una vez que los dos interactúan, se van del lugar en busca de aquellas hamburguesas. ¿A alguien le hace sentido que esos dos dejen atrás a dos atractivas personas para reiniciar en el amor? ¿Acaso veinticuatro años de matrimonio no son suficientes para ellos? Porque lo que respecta a Luciana y a Guillermo, pareciera que no. … —Por Dios, están deliciosas. Comenta Luciana, mientras ambos están sentados en la intemperie de un simple puesto de hamburguesa. Nada lujoso, solo ellos contemplando un cielo estrellado, mientras sopla una cálida brisa. Un clima muy diferente al de hace unas cuantas horas atrás, cuando tuvieron que enfrentar a dos jóvenes enamorados que jugaban a amarlos. —Sí, lo están, pero deberías comer despacio, Luciana, te dolerá el estómago. Le exhorta Guillermo, viendo cómo su esposa devora la jugosa hamburguesa después de años de reprimirse para comerla. —No seas, tonto, no soy una niña pequeña - menciona haciendo gesto divertido. La pareja parece disfrutar de un memorable momento y, aunque todo se percibe que marchar mejor que nunca, la vida siempre tendrá sus tonalidades de dificultad para alcanzar lo que tanto se desea: paz y tranquilidad. Luciana es consciente de aquello, por esa razón, de un instante a otro, su rostro cambia a una expresión más sobria. Guillermo frunce el ceño, al ver el repentino cambio de humor de su esposa. —¿Qué pasa? ¿Por qué el cambio? - pregunta. Luciana deja su hamburguesa en el plato, se limpia con una servilleta, luego le dice: —Fue fácil romper con Edward y verte esperándome frente a su casa, me hace entender que no fue tan complicado hacerlo con Britany, pero, ¿cómo les explicamos a las niñas? Sabemos que, aunque nunca nos sentamos a conversar con ellas sobre el tema, nuestras hijas saben lo que pasa entre nosotros. Quizás piensan que nos divorciaremos, así que no sé cómo le diremos que todo volverá a la normalidad. Luciana expone sus temores. Ella lleva meses preguntándose si el distanciamiento con su marido fue el causante de la depresión de Jade. Si los conflictos entre ellos son lo que hacen que a Esmeralda le cueste tanto entrar a trabajar a la constructora. O si toda esta situación, es que motiva a Ámbar a ser tan reservada, al punto que casi nunca se expresa cuando se siente mal. Aunque le digan que no es responsable de los sentimientos que sienten sus hijas, es inevitable que como madre no se reproche por los cambios que reflejen ellas. —Lo sé, será complicado hablar del tema y quizás al principio ella no lo entenderá. Pero si de algo estoy convencido, es que nuestras hijas son inteligentes, así como su madre. Sé que ellas lo comprenderán, sobre todo, Jade, nuestra niña es fuerte, Luciana, solo necesita que se lo digamos, ¿bien? La arquitecta asiente satisfecha con la respuesta; su esposo siempre tiene la fórmula correcta para tranquilizarla. Luego de degustar sus hamburguesas, la pareja decide dar una vuelta por el área como cuando eran novios y soñaban en convertirse en lo que son en estos momentos. Ahora la meta es ser una mejor versión de sí mismos. Con ese pensamiento, Guillermo y Luciana se dirigen hacia su casa, la cual volverá a convertir en un dulce hogar. Como los dos perdieron la noción del tiempo mientras platicaban, para cuando llegaron a la casa sus hijas ya estaban dormidas, bueno, no todas… —Bueno, señor Draco, creo que acabo de llegar a mi habitación. Habla Luciana, parada frente a la puerta de su cuarto, mientras le muestra con una sonrisa lo deseosa que está de pasar la noche junto con él, aunque eso no sería lo apropiado. —¿Me dejas entrar un rato? Pregunta Guillermo, sintiendo lo mismo que ella, pero al contrario de su esposa, él no está pensando en las consecuencias. —No, lo siento, antes de volver a entrar aquí, hay cosas que debes hacer. —¿Sí? ¿Cómo cuáles? Porque ahora mismo se me ocurre una. Le dice con voz traviesa, mientras la hala hacia él para besarla. Lo hace sin analizar la situación, lo mínimo que tiene pendiente es que una de sus gemelas, quien se dirigía hacia su cuarto después de salir de la cocina en busca de un vaso con agua, ahora se resguarda detrás de una columna para no ser vistas por sus padres y que se den cuenta de que los espía. Luciana detiene el beso y, antes de que Guillermo termine llevándola a la cama, ella entra a la recámara y cierra la puerta. Al hombre le causa gracia volver a revivir la emoción característica del noviazgo. Aunque quiere ir tras ella para hacer el amor, él respira profundo y camina hacia su cuarto, presintiendo que le tocará buscar otra manera para dormir lo que su esposa despertó. Una vez que la pareja sale del campo de visión de Jade, esta se queda en medio del pasillo con muchas interrogantes. La jovencita ha tenido que ver a sus padres besar a otras parejas, muchas veces expresó en consulta que deseaba que de una vez por todas sus padres se separen y ahora resulta que las cosas han dado un giro inesperado. —Pero, ¿qué está pasando? No entiendo, porque qué mamá y papá regresaron juntos de la calle, si cada uno se fue por su lado. Y ahora se… ¿besan? - cuestiona ella. En aquel momento la jovencita no puede evitar sentir curiosidad. Así que camina con mucha prisa hacia el cuarto de su gemela para contarle de su hallazgo. Una vez leí que, «no se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho». ¿Acaso podemos decir que los Draco Vargas descubrieron cómo ataron el nudo que los mantuvo postrado en la miseria emocional? Bueno, eso pronto lo sabremos y, si te preguntas, ¿qué pasará con los amantes de la pareja? ¿Cuál se volverá el villano de la historia? No te preocupes, eso lo dejaré para otro capítulo…
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