Todo en la vida es cíclico, hay momentos que se terminan y otros que inician. Nunca se podrá dar nada por sentado, sobre todo, cuando pasa algo inesperado.
…
Esa misma noche, después de que dos corazones conocieron el desamor, del otro lado de la ciudad, se encuentra ingresando a un bar, una deslumbrante joven con un ardiente mini vestido rojo que da poco espacio a la imaginación. Su rostro lleva un maquillaje impecable, resalta sus labios con un color carmesí. Britany se dirige hacia la barra con una caminata de pasarela donde uno de sus atributos más grandes se puede apreciar. Sus piernas son largas y definidas, comparadas con las de una modelo. Al igual que sus glúteos, aun no siendo los más pronunciados, capta la atención de cualquier persona sin importar su género.
Sin prestarle atención a los comentarios, que los hombres llaman como piropos, ella continúa con su camino hasta que llega al lugar para ordenar su trago. No acostumbra a salir tan tarde, menos a un bar y más si está sola. Normalmente, lo hace con Cindy, a quien no desea ver en esa noche. Con Guillermo solía ir a sitios más íntimos y sofisticados donde podían platicar por muchas horas. No precisamente de ellos, más bien, de negocios, o de la vida. Del hombre aprendió tantas cosas que en algún momento, quizá cuando no esté sufriendo, podrá agradecerle.
—Un orgasmo, por favor.
Ordena Britany su bebida con mucha tranquilidad. No es la que suele pedir, pero esa noche desea perder la postura de “la joven sofisticada y comedida”. El bartender asiente y empieza a preparar el coctel. Sin embargo, como muchas mujeres, nunca falta el hombre que empieza a acosarla…
—Qué rica te ves, dulzura. ¿Por qué, en vez de tomar un orgasmo, no me dejas hacerte llegar a uno?
Le dice con una sórdida y desagradable sonrisa. La joven, que no anda con los mejores ánimos después de su ruptura, tiene toda la intención de lanzarle una bofetada al hombre que acaba de lanzarle el comentario más impropio de la vida. No obstante, detrás de ella escucha una fuerte y voz varonil que dice:
—Entonces, aquí estás, querida, te estaba buscando. Te dije que iba a estar en la mesa del fondo y…
Es Edward que habla como si en realidad estuvo esperando a la joven. Britany voltea, para toparse con la imagen del caballero. Es un hombre de buena altura, con unos impresionantes ojos azules, figura delgada, pero tonificada, y el cabello rojizo más sedoso que pudiese existir. Está vestido con un jean y camisa de color n***o. Una verdadera belleza británica.
—Perdón, ¿interrumpo algo? ¿Tú lo conoces? - pregunta Edward mirando al desagradable individuo que intentaba acosarla. La joven ha quedado pasmada, no entiende, dónde salió el pelirrojo. Se supone que ella condujo lo suficientemente lejos como para no toparse con alguien conocido. —¿Britany? - la llama al no tener su respuesta.
—Oh, no, no lo conozco - dice y carraspea su garganta, mientras vuelve a tener dominio de sí misma. —Al parecer, el señor, con complejo de machito alfa, piensa que todas las mujeres caerán con sus comentarios. Me pregunto si es porque solo puede ofrecer insípidos piropos, ya que lo que guarda allí abajo no es suficiente para complacer a una fémina.
Comenta sin piedad, desconcertando al hombre y ocasionando la risa de Edward y el bartender. El individuo se marcha indignado luego del comentario. Britany sonríe, sintiéndose victoriosa. Su día empezó mal; sin embargo, de ella dependerá si termina igual.
—Bien, entonces vamos a nuestra mesa. ¿Es su coctel?
Le pregunta Edward al bartender, mientras señala a Britany. Una vez que confirma que la bebida es de ella, la paga, la toma y camina hacia el rincón donde se encontraba tomando a solas. La joven agranda sus ojos viendo la acción del pelirrojo. Ellos nunca han socializado, si han cruzado cinco palabras han sido muchas. Ahora la paisajista camina detrás de él mientras le ordena dejar su bebida; no obstante, este la ignora.
—¿Acaso no me has escuchado? Voy a mi mesa, ¿por qué secuestras mi trago?
Le cuestiona; sin embargo, el pelirrojo hace caso omiso. Es una divertida escena donde el salvador de la chica se apropia de su espacio, obligándola a soportar su presencia.
En el caso de esos dos, no hay un hilo que los enlace, al menos que el dolor ocasionado por una pareja de esposo los una para conspirar en contra de los que lo hicieron sufrir o simplemente para tener una entretenida conversación. Vamos a hacer los jueces de este caso. Continuemos…
—No estoy secuestrando tu trago, solo te estoy ayudando.
Le dice mientras le señala la silla que está frente a la de él para que se siente. A regañadientes ella terminó haciéndole caso. Fácilmente, podría tomar su bebida e irse de allí; al fin y al cabo, no tiene trabajos pendientes con el multimillonario que la observa con suspicacia. Los diseños que le correspondían fueron entregados a su jefa inmediata, la esposa del hombre que hoy le dijo adiós.
—Señor Murphy, ¿me podría decir por qué intervino? Ya lo tenía la situación controlada.
Le cuestiona con voz sarcástica. Ella no estaba en peligro, así que no tenía sentido que él caminara en medio de todo el bar para ayudarla. Edward la mira con detenimiento. Él tampoco sabe qué lo motivo hacerlo, ya se iba cuando de repente volteó a ver hacia la barra y allí visualizó a una hermosa mujer con un vestido sugerente. Tuvo que concentrarse bien para darse cuenta de que era Britany. Una joven que tan solo había visto un par de veces junto a Guillermo, quien era su rival; sin embargo, hasta ahora puede tomarse el atrevimiento de detallarla.
El pelirrojo carraspea su garganta y le dice:
—No parecías tenerlo bajo control. ¿Qué pensabas cuando decidiste usar ese vestido?
Cuestiona en un tono que suena a reproche; no obstante, el hombre reconoce que ese no es su problema y no debería meterse. La paisajista levanta una ceja al escuchar el comentario que, bajo su criterio, sonó machista.
—Disculpa, ¿acaso estás insinuando que por el largo de mi vestido un hombre tiene derechos a hacerme comentarios desagradables? ¿Es lo que me dices?
Le habla en un tono exigente, ocasionando la risa de Edward. A pesar de venir de una familia aristócrata, que se podría decir que es sinónimo de tradicionalistas, el pelirrojo no se considera un hombre machista, que piensa que el lugar de la mujer es la cocina, o que su vestimenta la defina como persona. Él cree en la igualdad, pero no puede evitar ver la figura que se vislumbra debajo de aquel vestido color rojo sangre, despierte los sentidos de cualquier hombre con sentido común.
Él llama al mesero, le ordena un trago, luego vuelve a ver a la joven…
—Señorita Lima, no vamos a discutir sobre el feminismo y la influencia de la vestimenta en el pensamiento de un hombre - dice para luego cambiar el tono. —Menos hoy que creo saber la razón por la que estás aquí.
Su declaración logra que Britany baje sus defensas. Por un instante, la joven había olvidado que la llevó a colocarse el vestido tan sugerente y a conducir lo más lejos posible. En ese momento, a la mesa, llega un vaso de whisky a la roca para el pelirrojo, quien le da un sorbo y vuelve a hablar…
—No nos vamos a engañar, sabíamos que algo así iba a pasar - le revela mirándola a los ojos. —Desde el día uno, ellos nos dijeron cómo iba a terminar todo. Aun así, nos arriesgamos con ellos. Era de esperarse que, al final del día, se hayan elegido - termina de comentar Edward.
Britany por primera vez le da un sorbo a su bebida reflexionando la palabra. Muy en el fondo no se arrepiente de lo que hizo, en ese momento era lo que le nacía hacer y por eso dice:
—Bueno, todos sabemos que el que no se arriesga no logra tener nada en este mundo. Eso fue lo que hice, aunque perdí.
Habla muy convencida, ella tiene claro que en algún punto de esta historia hay una enseñanza para ella, así que esperará a descubrirla en algún momento.
El pelirrojo observa a la joven, mientras de forma orgánica le brota una sonrisa. No se había percatado de lo interesante y hermosa que es Britany. Pensando en frío, él recuerda los diseños que Luciana le había enseñado que fueron elaborados por la paisajista. Eran precisos e innovadores, una obra maestra. Ahora puede entender por qué Guillermo cayó en la tentación
—¿Y ahora qué piensas hacer? - le pregunta con curiosidad.
—No lo sé, su pongo que buscar otro empleo - dice y él frunce el ceño. —No malentiendas, Luciana no me despediría, si no lo hizo cuando estaba con su marido, dudo que lo haga ahora. Y Guillermo… bueno, él tampoco se atrevería a hacerlo, a pesar de todo es un caballero. Sin embargo, no podría quedarme y ver como ellos… - ella detiene sus palabras al verlo.
—Está bien, puedes decirlo, como ellos retoman relación - él toma otro sorbo y suspira. —Creo que Luciana fue la única mujer que, hasta ahora, me ha hecho coquetear con una relación estable. Pero no se dio, y aunque suene sorprendente, los entiendo. Si estuviese en su posición, si tuviese lo que ellos tienen, yo también habría hecho lo mismo.
Comenta, sintiéndose un poco de alivio. Él también salió a ahogar sus penas; sin embargo, en un rincón de un bar, en medio de música alegre, pudo pensar en frío. Se dio cuenta de que Luciana, nunca hubiese sido para él, aunque se hubiese separado de Guillermo. La joven lo mira con intriga y le pregunta…
—Entonces, ¿volverás a Inglaterra?
—Lo haré, allá tengo muchas responsabilidades que asumir, las mismas que dejé por estar aquí con ella. Así que, si ella no está, no tiene sentido permanecer en Santa Bárbara - comenta. Da el último sorbo de su trago, saca una tarjeta de su cartera y la pone en la mesa. —Sé que saliste para reflexionar sobre lo que ha pasado, no quiero estorbarte con eso, pero si algún día necesitas conversar con alguien, llámame.
Ella toma la tarjeta entre sus delicados, luego lo mira y asiente. No sabe en qué momento de su vida podría utilizarla, pero nunca estaría de más tener aliados en esta vida tan dura y cruel.
Edward se levanta de la mesa, se despide como un todo caballero, y camina hacia la salida. Antes de irse, su instinto lo hace hablar con el de seguridad para que se cerciore de que la joven no sea molestada. El guardia hace un asentamiento de cabeza antes de la solicitud.
Resulta que ser multimillonario es sinónimo de tener influencias y amigos en todo el mundo. El bar donde se encontró la inesperada pareja, es de un amigo del pelirrojo. Por esa razón, el hombre con comentarios inapropiados fue echado del lugar sin que la joven se diera cuenta.
—Señor Murphy, ¿será cierto que usted me escuchará el día que lo necesite?
Se cuestiona Britany sin dejar de ver la tarjeta con el número del pelirrojo. Aunque no es lo único que guarda la tarjeta, también tiene el sutil toque de su perfume, el cual ha despertado los sentidos de la joven paisajista.
Interesante encuentro, ahora bien, ¿nuestras mentes pueden comprender lo inesperado que es esta interacción? ¿Será que en algún momento volverán a verse los rostros?
En un mundo que dura trescientos sesenta y cinco días para darle la vuelta al sol, absolutamente todo puede ser posible. ¿T+U que crees?…