Sé que muchos se han preguntado cuál es el motivo por el cual les he estado departiendo la historia de Guillermo, Luciana y las demás personas que se entrelazan con ellos. Bueno, ¿qué decirles? Es que me pareció una historia interesante y digna de contar. Y no, aún no termina, aún falta lo mejor, porque la pareja está a punto de llegar hasta mí.
…
—Como le estaba diciendo, doctora, mi esposo y estamos aquí porque queremos reparar nuestra relación.
Me expresa Luciana con postura y voz que parece estar convencida de lo que dice; sin embargo, sus ojos reflejan temor. Es como si aún tuviese algo más que contarnos.
—Con que «reparar», ¿no? - digo mientras voy anotando en mi libreta mis observaciones. —Es una palabra interesante, Luciana. Y tú, Guillermo, ¿por qué estás aquí?
Le pregunto al hombre que, a diferencia de su esposa, sí muestra seguridad. La postura, junto con sus expresiones faciales, lo hace ver como un libro abierto. Es como si no ocultara nada en su interior.
—Bueno, porque amo a mi esposa y quiero recuperarla.
Responde tan simple como eso. Luciana lo voltea a ver como si él fuera su sostén en todo este tiempo. Y, como deben saber, estoy anotando todo lo que veo.
—«Recuperar», otra palabra interesante. Bien, entonces, vamos a empezar - les digo, y ellos asienten.
Oh, esperen, les debo otra explicación: hola, soy Alicia Villa Nueva, una terapeuta de parejas, que siente que su misión, en este momento, es lograr que dos personas que se aman encuentren el camino que perdieron en algún punto de sus vidas. Aunque de mí no dependerá que sean juntos o por separados. Me entiendes, ¿cierto? Pero no hablemos de mí, mejor les cuento cómo Guillermo y Luciana llegaron a mi consulta…
Ciudad de Santa Bárbara, un mes atrás…
Una joven terapeuta de treinta y cinco años, pelirroja y piel de porcelana, baja de su auto con un impecable traje ejecutivo de pantalón marca Praga color beige. Se coloca la chaqueta en los hombros, toma su cartera Birkin color azul, combinada con sus tacones. Camina con toda la elegancia que una mujer de su estatus puede tener hacia el ascensor.
La mirada de Alicia está fijada en la pantalla de su celular, así que es imposible que se dé cuenta de que frente a ella se encuentra un atractivo caballero de piel trigueña, esperándola con la sonrisa más seductora que un hombre de un metro noventa y seis puede tener. De manera repentina, la reconocida terapeuta choca contra un torso duro como una roca que le impide seguir avanzando hacia el lugar donde pretendía ingresar.
—¡¿Pero qué demonios?! - exclama la mujer.
Ella da un paso hacia atrás para poder divisar mejor al hombre que se interpuso en su camino. Una vez que su cerebro reconoce al individuo, hace cara de fastidio. Se trata de Sergio Beltré, un abogado exitoso de su misma edad, parado frente a ella con un impecable traje corte italiano color azul rey.
—¿Qué crees que haces? ¿Acaso no ves que voy tarde?
Vuelve a hablar para reclamarle al caballero que le
sonríe descaradamente, cuando ve el rostro enojado de la pelirroja. El hombre observa su costoso reloj para luego verla a ella y así decirle:
—Son las 8 de la mañana y, conociéndote, tu primera cita del día debe de ser a las nueve en punto, así que vienes con una hora adelantada - le informa con precisión, ocasionando que Alicia ruede los ojos como niña pequeña. —Quiero saber por qué me estás evadiendo, Alicia Villa Nueva. ¿Es por ese beso?
Ella agranda los ojos al mismo tiempo que sus mejillas se ruborizan. Alicia es de piel clara, así que le cuesta ocultar la tierna reacción. El hecho es que, en un momento en el cual estaban compartiendo con algunas amistades, los dos amigos se relajaron lo suficiente como para terminar tomando copas de más y, como resultado de aquello, fue un beso que no pudieron evitar y que ahora la hace esquivar las interacciones de Sergio.
La terapeuta carraspea su garganta, arregla su postura y le dice:
—¿Por qué te estaría evadiendo, Sergio? Ese beso solo fue un malentendido por causa del alcohol. Además, he estado muy ocupada.
Le dice haciendo gestos como si quisiera restarle importancia a la situación. Sergio la observa con detenimiento, además de darse cuenta de lo hermosa que se ve aquella mañana, también sabe que, por más que intente hacer que ella reconozca que el beso es el motivo de que lo evite, no lo logrará.
—Um, con que el alcohol. Es interesante que una psicóloga justifique sus acciones con un argumento tan vago.
Comenta intentando molestarla. Los dos aman el juego de palabras que se dan entre sus respectivas carreras. Alicia lo mira con mirada de desaprobación, mientras intenta no golpearlo. Él solo ríe y continúa diciendo:
—Bien, entonces, si no me estás evadiendo, espero que verte en el bar de siempre, esta vez mi cumpleaños. Soy tu mejor amigo, no me puedes dejar solo.
—No sé si pueda, yo…
Ella intenta hablar, pero él levanta su dedo para detenerla, antes de que le dé una muy buena excusa. Sabe que aquel beso volvió tensa la relación que le ha costado recuperar con ella, no obstante, no dejará que la terapeuta se vuelva a alejar. Solo que lo hará a su modo.
Alicia es una mujer con suficiente habilidad como para evadir o manipular a una persona, por eso es la mejor terapeuta del país. Sin embargo, cuando se trata de sus relaciones personales, no siempre sabe cómo actuar o que decir, así que lo que le ha funcionado a él con ella, es hablarle con carácter y no darles opciones para que elija.
—No, no quiero excusas, Alicia. Mejor entremos al edificio, o llegaremos tarde al trabajo.
Le dice el hombre que dirige el bufete de abogados de su familia, uno de los más reconocidos en Latinoamérica. Sergio se hace a un lado para que ella pueda avanzar hacia el ascensor, mientras que él, muerto de la risa, hace lo mismo.
Sergio y Alicia se conocen desde la universidad, hicieron una bonita amistad durante sus carreras, hasta que él decidió comenzar a salir con la prima, de la pelirroja, y posterior a eso, se casaron. La imagen de la mujer familiar y hogareña no iba con ella. De esa forma empezaron los conflictos entre la pareja, que terminaron en divorcio. Así que desde entonces el hombre ha intentado restablecer la amistad con la terapeuta, no obstante, se le ha complicado, ya que ella no piensa igual y menos después de que la besara.
Alicia tiene toda la intención de reclamarle al hombre; sin embargo, prefiere no decir nada y aplicarle la ley de hielo. Él ya la conoce, así que no se molesta, más bien se ríe. La dinámica que tienen para relacionarse es la que le indica que aún tiene esperanza de que ella deje que se acerque. Muy en el fondo, no le gustaría que fuese como antes, sin duda le gustaría ser algo más que un amigo para ella.
Luego de ignorarse, la terapeuta llega a su piso sin despedirse del caballero, quien solo niega con la cabeza y continúa hacia donde están las instalaciones de sus oficinas.
En la recepción del consultorio de la terapeuta, la espera su asistente, quien le notifica sobre sus nuevos pacientes…
—Doctora, la doctora Ferreras, le refirió a una pareja: son los… - dice la asistente buscando el iPad mientras caminan hacia el consultorio. —Draco, Luciana y Guillermo Draco. Al parecer son los padres de una de su paciente.
—Luciana y Guillermo Draco, siento que los conozco - dice pensativa.
—Sí, son dos reconocidos arquitectos del país. De hecho, el señor Beltré utilizó su constructora para construir este edificio.
Le informa mientras toma como referencia la solicitud realizada por el padre de Sergio, con quien Alicia tiene una bonita relación, quien también desearía que su hijo lograse conquistar a la terapeuta.
—Ummm, ya veo, será una gran responsabilidad, espero poder solucionar el problema - comenta mientras se sienta detrás de su escritorio.
—Usted siempre lo hace - le dice y sale de la oficina dejándole el informe de Luciana y Guillermo.
La terapeuta enciende su computadora para luego buscar información sobre la pareja. Para su sorpresa, se topa con datos interesantes sobre estos, no solo por los elogios y los éxitos alcanzados, más bien, por las fotos que ve que de seguro nadie tendría en cuenta.
En una imagen ve a Guillermo junto a su esposa en lo que pareciera una inauguración. Lo intrigante de esto es que más atrás se encuentra una joven observándolo con devoción, como si supiera que después de aquella actividad estaría. En otra foto, ve a Luciana darle la mano a un multimillonario empresario británico; lo inusual es que este pareciera que la miraba con deseo en ese momento.
Y la última foto, pero la más interesante, es una que parece no tener nada que contar; sin embargo, a la terapeuta le resulta curioso. En ella está la arquitecta enfrente de un público y a los lejos parece que observa con horror a un hombre de avanzada de edad.
—Interesante, esta pareja, sin verlos, ya me están dando mucha información, eso me gusta. Luciana, ¿qué habrá pasado contigo?
Se cuestiona, mientras en su libreta va realizando varias hipótesis acerca de los motivos que tendría la pareja para ir a consulta. Según lee en el informe que le envió su colega, una de sus hijas menores de ellos está pasando por depresión, pero no sitúa aquella situación como la causante del distanciamiento. Alicia levanta el teléfono y agenda la primera cita de los Draco; necesita tener los datos suficientes para saber cómo actuar.
Y es de esa forma que nuestra primera pareja llega a mi consulta, pero como ya les dije, aún, no es el final de esta linda historia.
Ah, sí, lo sé, mi amigo es un poco irritante; sin embargo, es parte de mi historia, y quizás, más adelante, también se las pueda contar…