Si antes hubiera sabido en carne propia todo lo que pasan los pobres animales al ser sometidos a experimentos para los “avances” de la humanidad, sin lugar a dudas sería uno más de esos protestantes contra el maltrato animal.
Ya tengo tres semanas en cuarentena, aislado del resto de las personas, a diario me sacan muestras de sangre, gracias al cielo que tengo venas gruesas. Cada tres días me hacen exámenes de rayos X y resonancias magnéticas.
Lo primero que hago en el día son largas horas de actividad física. Evaluaron cual es mi resistencia. Sin ningún problema llegué a correr sin parar, si… Correr, más de cuatro horas y aún tener energía para más. Antes llegaba a levantar con mucho esfuerzo más de setenta kilos, pero ahora puedo levantar con mucha facilidad unos ciento ochenta.
Mis sentidos son super agudos, según los doctores, mi capacidad auditiva es la de un gato, mi visión es como la de un halcón y ni hablemos de mis reflejos, a veces siento que las cosas pasan en cámara lenta.
Mi coeficiente intelectual también mejoró muchísimo, memorizo las cosas con una facilidad inaudita. Una de las razones por las cuales me convertí en militar es que siempre fui un hombre de acción, era el peor en clases, pero el mejor en la cancha. Ahora verme aquí memorizando la tabla periódica en menos de una hora es algo que no deja de asombrarme.
Hubo algunas alteraciones en mi organismo, los exámenes de sangre se mostraron un poco alterados pero no de una forma alarmante, considerando la magnitud de todo lo que han hecho con mi cuerpo es normal que los resultados estén de esa forma. Pero no niego que sentí que el alma me regresó al cuerpo al descubrir que mi organismo no estaba siendo afectado de forma negativa por esté suero absurdo.
Ya se cumplió mi cuarentena y podía salir a la superficie donde estaba el resto de la humanidad, y cuando hablo de humanidad me refiero a los otros miembros de esta organización, yo solo conocía a tres, Gregor, JD y… Rubí.
—Sé que fue difícil, pero cuando veas lo útil que serás para la humanidad dirás que valió la pena.
En todo este proceso hubo dos personas que estuvieron hombro a hombro conmigo, y era Doc, el hombre quien casi mato, y Serguéi, este es quien me hablaba, y a pesar de que al principio lo odiaba, en estos cuarenta días pude “conocerlo” un poco más, lo digo entre comillas ya que… es imposible conocer a un espía ruso, y eso es lo que él era, un espía, antes llegó a ser un militar como yo pero por situaciones se convirtió en uno de los mejores espías.
—Todos están a la expectativa de saber cómo será tu evolución. Muchos intentarán buscar conflictos contigo para poner a prueba tu fuerza. Mi recomendación es que los evites, el hecho de que seas más fuerte no quiere decir que vas a exponerte delante de otros, gánate su respeto, pero no caigas en sus provocaciones, ¿Me entiendes?
—Sí señor.
—Creo que te diste cuenta que hay diferentes colores de uniformes. —Serguéi me comentaba mientras entrábamos en el elevador—. Los de color verde olivo son simples militares que mandamos a misiones simples, son el rango más débil que tenemos, la mayoría entra al lugar y pertenece a ese equipo, luego van creciendo. Pasan por el escuadrón rojo, después por el dorado. El escuadrón dorado es donde la mayoría se estanca. No cumplen con los requisitos para pertenecer al equipo azul, en este escuadrón es donde se comienza a ver la verdadera diversión, tenemos ahí a excelentes francotiradores, armamentistas, sicarios, agentes encubiertos, perfiladores, espías y ni hablar de los mejores hackers. — En ese momento llegamos al piso veintitrés, Serguéi salió de este y yo atrás de él—. Pero a pesar de este escuadrón se encuentran excelentes soldados… —Serguéi se detuvo, volteo a verme y con ojos sombríos me dijo—. Ellos no le llegan ni a los talones al escuadrón n***o.
Serguéi miró por encima del hombro y por instinto voltee a ver lo que sea que estuviera viendo. Era una ventana de vidrio que permitía contemplar una enorme sala de entrenamiento, ahí están un grupo de hombres y mujeres luchando entre sí, todos vestían de n***o y traían unas marcas del mismo color, y por la forma en que peleaban era más que claro que estaban más que entrenados. Sus movimientos eran precisos, aplicaban una llave detrás de otro y su oponente sabía cómo romper esas llaves. Eran unos bárbaros, ni los mejores soldados de la unidad de fuerzas especiales que conocían eran tan ágiles y tenaces como ellos. No lo puedo negar, estaba asombrado.
—Son letales.
—Si que lo son, ellos son los mejores soldados que tenemos, son el escuadrón con menos personas, solo tienen dieciocho miembros, pero cada uno de ellos valen por veinte soldados. Cada uno es francotirador, perfilador, hacker, espía, asesino letal, uno es experto en un área en específico pero todos son hábiles en todas esas áreas. Y ni hablemos de su coeficiente intelectual, cada uno de ellos son unos genios y estrategas implacables.
—¿Qué tengo que hacer para pertenecer a este escuadrón?
—Absolutamente nada.
—No entiendo señor. ¿No puedo pertenecer a esté escuadrón?
—No tienes que hacer nada… porque ya perteneces a ese escuadrón.
—¿Qué?... No entiendo ¿No dijo que todos comienzan en el escuadrón verde?
—Dije que la “mayoría” comienza en ese escuadrón. No siempre es así. Bruno, la razón por la que estás aquí es porque analizamos tus habilidades… Todo en ti cumple con los requisitos para ser del escuadrón n***o… y más ahora que tienes en tu organismo los resultados de una larga investigación.
No se por que sus palabras no me hicieron sentir halagado, miré una vez más a esos guerreros salvajes y caí en cuenta de que si él afirma que merezco pertenecer en ese escuadrón es porque me veía, o era, igual de aterrador que ellos. ¿En qué momento me convertí en un monstruo?
Flash Back
—¡Papi!, ¡Papi!.
Como los rayos de sol que calientan tu piel después de una fría tormenta, mi hermosa Victoria me regresaba la alegría cada vez que llegada de alguna misión aterradora. Ella era la razón por la cual me esforzaba para mantener mi humanidad y no perder mi horizonte, no importa que tan bizarras sean las experiencias que viviera en combate.
—Amor .—Extiendo mis brazos al mismo tiempo que coloco mis rodillas al suelo para recibir su choque de amor—. ¿Me extrañaste… Porque yo te extraño como un loco.
Le digo mientras la aprieto contra mi cuerpo y siento la calidez del ser más importante que puede tener un hombre, su hija.
—Te extrañe mucho papá, siempre te extraño… ¿Cuánto tiempo vas a quedarte?... ¿Está vez si podremos ir a la playa?
Rompí nuestro abrazo para poder contemplar el rostro de mi hermosa hija, su cabello era rubio como el de su madre, pero el resto era verme a mi en versión miniatura femenina. Tenía los mismos ojos grises, la misma nariz, los mismos labios e incluso compartimos los mismos lunares en el párpado y la mejilla.
—Está vez estaré por un rato largo amor, y ¿Qué crees?… Mañana me encargaré de llevarte a la playa.
—¡Siiii!... mamá ¡¿Escuchaste?, papá nos llevará mañana a la playa.
Mi pequeño huracán de alegría salió corriendo para darle la exclusiva a su madre, mi amada esposa, Clara.
*********
—Claro está que pertenecer al escuadrón n***o implica una gran responsabilidad y una presión mucho mayor, es por eso que solo los que tienen las botas bien puestas es que consiguen pertenecer a este escuadrón —Serguéi me saco de mi agridulce recuerdo—. Pero sin lugar a dudas este escuadrón se hizo muchísimo más fuerte desde que nombraron a su capitana actual. —Serguéi señaló a una mujer que estaba luchando con cuatro hombres al mismo tiempo— Ella no solo cumplió con sus misiones, sino también a conseguido sacar lo mejor de cada uno de sus miembros. Pero a su vez es la capitana más exigente que hemos tenido, no acepta ninguna excusa ni acto de mediocridad de parte de sus miembros, pero esa es una de las razones por lo que la respetan. Si quieres sobrevivir a este escuadrón… Lo primero que tienes que hacer es evitar a toda costa ganarte el lado negativo de la capitana, parece un ángel pero en realidad es el soldado más sádico y sanguinario que Horus tiene.
Sin decir nada, me quede observando a esa mujer que luchaba contra esos hombres del doble de tamaño que ella con una soltura y facilidad que era hilarante verla… Literalmente les estaba dando una paliza, incluso en un momento que uno de ellos la tomó por la espalda inmovilizándola, otro de los hombres se le iba a ir encima para atacar, pero ella con una velocidad alucinante atrapó a ese hombre por el cuello con sus piernas, y como si se tratasen de muñecos, ella giró su cuerpo en el aire como si fuera un listón, y ambos hombres giraron junto con ella cayendo estrepitosamente en el suelo, pero estos no consiguieron levantarse, en cambio ella lo hizo con un Kick Up, para así continuar luchando con sus otros rivales.
—Ven, basta de observar detrás de escena, vamos para que se conozcan.
Entramos en la habitación, y una vez que bajamos para donde estaban entrenando, uno de ellos se percató de la presencia de Serguéi, se detuvo de inmediato para quitarse la máscara y exponer su rostro.
—¡Ey!, Saludo al General.
Como un militar adiestrado dio su saludo y se mantuvo firme en su posición, al mismo tiempo el resto siguió el mismo saludo tras quitarse las máscaras… Todos, menos la capitana con los cuatro hombres.
Serguéi les dio la seña para que descansaran y ellos se relajaron un poco. Serguéi siguió caminando y yo caminé detrás de él manteniendo la distancia al mismo tiempo que le daba mi saludo militar a los miembros que estaban a mi alrededor. Todos me veían con ojos agresivos (Pero creo que en realidad esa expresión ya es parte de ellos).
—¿Será posible que dejen el entrenamiento por un momento?, traje a su nuevo integrante.
Serguéi se detuvo a escasos metros de ellos. Los cuatro hombres se detuvieron y de inmediato se quitaron las máscaras para saludar a Serguéi, pero aquella mujer que todavía le daba la espalda, se limitó a mirar al techo suspirar con molestia para luego quitarse con toda su paciencia la máscara y así dignarse a contestar a su superior, el general Serguéi.
—¿Y cómo hago para que de una vez por todas entiendas que no me importa un bledo quien seas… Mis entrenamientos no se interrumpen?
¡Esa voz!, yo la conocía. Esa mujer se dio vuelta suavemente con sus manos en la cintura, su rostro estaba empapado de sudor y su respiración era irregular, pero esos ojos esmeralda estaban acribillando a Serguéi de una manera belicosa. Y sin más, ella se dignó a mirarme, y su expresión no cambió por nada. Seré un masoquista pero que me viera como una leona a punto de atrapar a su presa me estimulo de una manera que jamás espere. Esa es la reacción que Rubí creo en mí.