Alessia estaba completamente confundida. La idea de tener a ese hombre como esposo le resultaba casi absurda, sobre todo cuando luchaba por demostrarle que no pensaba rendirse a él como lo haría una esposa sumisa. Estaba nadando en la piscina, sumergida tanto en el agua como en sus pensamientos, y todos giraban en torno a él. Al salir a la superficie y tomar aire, lo vio allí, sentado con esa mirada cargada de lujuria y posesividad. Se encontraba observándola como si ya le perteneciera. Al salir del agua, tomó su toalla mientras notaba cómo sus ojos recorrían su cuerpo sin disimulo. —¿Ves algo que te guste? —preguntó ella con descaro, mientras escurría el agua de su cabello. Él frunció el ceño, con una sonrisa ladeada. —Tristemente sí... pero es una ilusión. Cuando te acercas, pasas d

