Alessia Bianchi La luz cayó sobre mi rostro y, poco a poco, empecé a abrir los ojos. Me costó un minuto recordar dónde estaba. Me dolía mucho el cuerpo, especialmente entre las piernas; los músculos estaban tensos, lo que me hacía recordar la noche anterior. Inmediatamente miré a mi lado en busca de mi marido. Se me escapó una sonrisa cuando lo miré. Su cabeza descansaba sobre la mano; se giró hacia mí, me sonrió y dirigió la mirada a mi pecho desnudo. —¡Dios mío! —me quedé inmóvil, observando mi pecho descubierto. Las sábanas se habían deslizado durante mi sueño y no sabía... Dios sabe cuánto tiempo había estado mirando. De inmediato coloqué la sábana sobre mi pecho. —Oye, me tapaste la vista —protestó Pavel con una sonrisa burlona. —Cállate —dije, y un rubor se extendió por mi meji

