Luego del recorrido por toda la propiedad, la cual es bastante grande. Nos dirigimos nuevamente a la cocina, a la espera de la llegada de la pequeña Bianca.
Estoy nerviosa, no sé que dirá la niña de mi o que travesuras hará conmigo, pero se que debo soportar y tratar de entenderla.
Su corta vida a sstado marcada y llena de dolor, abandonó y soledad, no ha tenido nunca a nadie que realmente se preocupe de ella y que le entregué ese calor familiar que tanto quiere.
No la conozco, pero solo con lo que escuché, ya se cuales son las carencias de la pequeña y mi primera misión es ganarme la confianza de la niña.
No será fácil, ella debe desconfiar de todo el mundo, pero eso no es impedimento para mí ahora que tengo una nueva meta por delante.
Los minutos van pasando y ya se acerca la hora en que debe llegar la pequeña, veo el telón colgado en una de las paredes de la cocina y veo como solo faltan un par de minutos.
- Vamos Isa, la señorita Bianca ya debe estar por llegar - me dice Maria y me lleva a la entrada de la casa.
A lo lejos puedo divisar un vehículo entrando, me imagino que ahí debe de venir la niña y no me equivocó cuando a los segundos de estacionado el vehículo se baja una pequeña bastante hermosa, su cabello rubio cae como cascada por su espalda, tiene una piel clara y delicada como la porcelana, va perfectamente peinada, con una vestimenta impecable, una pequeña mochila en su espalda y sus ojos verdes me miran detalladamente.
Siento que me está analizando con su mirada, se ve que es intimidante igual al padre.
Dios, que tiene esta familia que solo con la mirada me hacen sentir insignificante ante su presencia.
- Señorita Bianca, le presento a su nueva niñera Isabella Davis, Isabella te presento a la niña Bianca - nos presenta Maria con la amabilidad que la caracteriza.
Yo pongo mi mejor sonrisa y me acercó a la pequeña, me agachó a su altura y quedó frente a ella con una radiante sonrisa en el rostro, ella me mira como si fuera una clase de bicho raro o experimento.
- Hola pequeña Bianca, como bien te dijo María mi nombre es Isabella y es un gusto conocerte - le digo lo más amable posible, a pesar de mis malditos nervios.
Estiró mi mano en forma de saludo y ella solo se queda mirando mi rostro, luego mi mano pero en ningún momento la toma.
- ¿Otra más? ¿Él señor Sebastián no se cansa? - dice la pequeña de mala gana, un escalofrío me recorrió entera al escuchar como se refiere hacia su propio padre, pero considerando como él la llama a ella, no digo nada.
- Así es, tu padre me contrato para estar contigo - le digo intentando sonar lo más calmada y amorosa posible.
Pero su postura y mirada me dicen que me ande con cuidado. ¿Como es posible que esta niña sea tan intimidante? Sin duda alguna, que es hija de su padre.
- El señor Santorini lo hace solo por que no me puede dar en adopción, no tiene más opciones - dice como si nada, rodando los ojos, pasa por mi costado ignorandome e ingresa a la casa.
Yo me quedé de piedra ahí por sus palabras, es que esta niña aparenta más edad de la que realmente tiene, responde peor a como un adulto lo haría, incluso como yo lo haría.
Es claro que alguna relación de "Padre e Hija" es inexistente entre estas dos personas, se odian a morir.
Creo que tengo las cosas más difíciles de lo que pensé, pero no me rendiré, haré que ellos dos se acerquen y sean quienes siempre debieron ser...una familia.
- Debes tener paciencia, por favor, creo que tu puedes ser de mucha ayuda para los dos - dice Maria algo triste.
- Haré todo lo que pueda y más - le aseguro con convicción y con una determinación que me desconozco.
Será difícil, pero no descansaré en conseguir mi meta.
Ingreso rápidamente a la casa y comienzo la búsqueda de la pequeña. No la veo por ningún lado hasta que siento a Lorena a mi costado.
- La señorita Bianca esta en su habitación - le agradezco con la mirada cuando me voy corriendo a su cuarto, es el único que memorice en mi recorrido.
- Señorita Bianca, estoy aquí para ayudarla - golpeó la puerta un par de veces, pero nadie me responde, así que decido ingresar de forma temerosa.
La busco con mi mirada, pero no la veo por ningún lado. Tampoco es como si se perdiera, la habitación es grande pero no es el closet de Narnia para no encontrarla.
Decido revisar el baño y no está, veo en el closet y nada...hmmm que otro lugar me falta? Ah, ya se...
Me acercó sigilosamente al balcón y la veo, esta sentada con sus rodillas pegadas al pecho, mirando hacia el frente.
No se por que, pero verla en ese estado me duele, me da mucha tristeza ver lo sola que esta.
Esta pequeña esta carente de un montón de cosas, pero principalmente de...amor.
Jamás ha recibido amor de nadie, o no de las personas que realmente le importen.
Siento desde donde estoy parada y solo con observarla, su dolor, muchas veces estuve en su misma posición intentando comprender que había hecho yo de malo para merecer todo el maltrato que llevaba sufriendo para ese entonces, hasta el día de hoy me sigo preguntando por que? Por que yo? Yo que no le hice mal a nadie, si no me hubiera ido, seguiría sufriendo lo mismo.
Me imagino que ella se debe hacer las mismas preguntas todos los días, y mas cuando llega a una casa donde esta completamente sola, donde no tiene nadie quien realmente la amé, sin familia, sin amigos y por sobre todo sin sus padres.
Una idea brillante se me viene a la mente, espero la pequeña coopere, pero si no, igusl lo seguiré intentando.
- ¿Me dirás a qué vienes o te quedarás toda la noche ahí de pie? - pego un salto al escuchar su voz, que suena como una adolescente. Como se dio cuenta que estaba aquí? Carraspeo y recuperó mi compostura, terminando de ingresar al balcón.
- Señorita Bianca, yo... - digo casi en un susurro, pero no alcanzó a decir nada cuando ella gira su rostro y me mira.
Puedo ver el dolor y la soledad reflejados en su pequeño y muy hermoso rostro, es una niña, debería estar jugando no aquí sola.
- Ahorratelo, todas tienen el mismo discurso, todas dicen lo mismo - no entiendo a qué se refiere. Mi cara debe ser un poema, por dios que es difícil hablar con ella.
- No se a que se refiere señorita - digo honesta, desconozco lo que otros dicen.
- No quiero la compasión de nadie, por que nadie es capaz de ponerse o de haber estado en mi lugar. Solo te pagan para estar aquí, así que no me hagas creer que eres mi amiga o algo por el estilo - una profunda tristeza me recorre el cuerpo al ver lo dañada que está ella. Suspiro decidida antes de responder.
- No se que dicen las otras personas, solo puedo hablar por mi y si, tienes razón, me pagarán por cuidarte, pero eso no quita el hecho de que quiero ser tu amiga, por que entiendo tu dolor, yo también sufrí el desprecio de los mis padres...toda mi vida - lo último que le digo la hace mirarme sorprendida y una pizca de esperanza aparece en sus ojos, no se esperaba que le dijera eso, pero tambien veo como se recompone rápidamente, veo como no quiere mostrar debilidad u otros sentimientos hacia otras personas.
- No me interesa, no es parte de tu trabajo hablarme de tus problemas y tampoco me interesa escucharlos - dice de forma engreído y tajante, se levanta del sillón e ingresa a la habitación.
Veo como se va directamente al baño, dudo en seguirla, pero al final lo hago.
- Señorita Bianca, necesita de mi ayuda? - Le digo dándole la espalda una vez ingreso en el baño, no quiero interrumpir su privacidad.
- No, no es necesario - dice la pequeña, quien a pesar de su actitud, se está ganando un rincóncito de mi corazón.
- Bueno, estaré fuera del baño esperando por usted - le digo de forma amable y que entienda, que aunque quiera desaparecerme, no lo conseguirá tan fácilmente.
Decido matar mi tiempo buscando un pijama para ella, luego de buscar durante unos segundos los encuentro, tiene muchos pero todos...hmmmm, como describirlos.
¿Fríos? ¿Fomes? ¿Sin brillo? ¿Insulsos?
Quizás para un adultos son...bonitos, pero para una niña son de lo más aburridos. Creo que tendré que ir al centro comercial por nuevos pijamas para la pequeña.
Los minutos pasan lentamente, siento como la lluvia artificial dentro de ese baño está en funcionamiento hasta que se detiene, imagino que Bianca ya termino y está punto a salir.
Mientras la esperaba le dejé un pijama para que se pueda cambiar sobre su cama, espero sea de su agrado mi elección.
- ¿Todavía aquí? - dice la pequeña cuando sale envuelta en una bata para niños y una toalla envolviendo su cabello.
Su cara me indica que ya está harta de mi, pero lo siento, tendrás que soportarme.
Le regalo una brillante sonrisa antes de hablar.
- Señorita Bianca, aquí tiene un pijama para que se pueda cambiar. Necesita de mi ayuda? - pregunto parada a los pies de su cama, siempre siendo bastante amable.
- No, no es necesario...si te dijeron que debías hacer? - pregunta ella molesta y ya cansada de mi presencia.
- Si, si me indicaron mis obligaciones - respondo tranquila, se lo que intenta esta pequeña.
- ¿Entonces, que haces aquí? - dice ella cruzandose de brazos y encarandome molesta.
- Ya le dije, haciendo mi trabajo y conseguir ser su amiga - ella bufa cuando escucha lo último, toma la pijama que le dejé y se devuelve al baño para cambiarse.
- Ya te dije que no es necesario, no creo en ninguna de ustedes - pero que niña más difícil, pero ánimo Isabella, debes conseguir que esta niña baje sus muros de frialdad.
- Lo sé, pero no descansaré hasta obtenerlo - le digo convencida y con una deslumbrante sonrisa.
Ella solo me mira con desconfianza pero no dice nada mas, se sienta en su pequeño tocador y veo que se va a secar su cabello.
¿Qué carajos hacían sus otras niñeras? Ella hace prácticamente todo sola. Niego con la cabeza y me acercó donde esta ella, veo el secador de pelo, lo tomó antes que ella y me posicionó a su espalda, tomando su cabello con mis manos junto a una peineta y comenzar a sacárselo mientras la peino.
Puedo ver desde el espejo que tenemos enfrente como abre sus ojos como platos al ver mi patudez de lo que estoy haciendo, pero mientras no me diga nada, continuaré con mi tarea.
Puedo ver por la sorpresa y tensión de su pequeño cuerpo, que no está acostumbrada a nada de esto. Pero no se si es a lo que estoy haciendo o al contacto físico con otra persona, todo en esta pequeña es como un puzzle.
El cual tendré que ir resolviendo día a día un poco más.
Prosigo con mi tarea, Bianca no me dice nada y me deja hacer mi trabajo sin problemas.
Su lengua filosa está guardada por ahora, me sorprende que no me dijera nada, por que, por lo poco que la conozco me doy cuenta que tiene un carácter muy fuerte y que no teme en decir lo que piensa.
Al parecer en eso es igual a su padre, es increíble lo parecidos que son a pesar de no tener ningún tipo de relación.
Tengo el presentimiento de que su madre, poseía la calidez que le falta a esta familia, creo que al ella fallecer, se llevó toda la alegría de esta pequeña familia.
Será algo difícil que la recuperen, pero no imposible.
- Listo, cabello seco y ya lista para dormir - le hago una trenza para que el cabello no la molesté mientras duerme.
Bianca en completo silencio me observa, no dice nada lo cual de alguna manera me desespera.
La ayudo a ingresar en su cama, la arropo como una madre debería hacerlo, ella solo me observa entre sorprendida y confundida.
Me acercó a su estante repleto de libros y tomo uno al azar, veo que es sobre económica, este esta....¿QUÉEEEE? Abro mis ojos soprendida por lo que veo, mejor ni pregunto por qué tiene esto aquí. Niego con la cabeza y sigo buscando, veo libros de finanzas, literatura inglesa, de la última guerra mundial y por un momento pienso que estoy en la biblioteca del Señor Sebastián en vez del de una niña de 5 años.
De reojo veo a Bianca como mira atentamente mis pasos y su silencio me está matando, pero mientras no me grité, esta todo bien.
Busco y busco hasta que olvidados en el estante veo unos libros infantiles, son solo 3, pero los suficientes para esta noche...Creo que tendré que ir a una librería pronto por libros de acuerdo a su edad.
- No se si ya lo leíste, pero esta noche te leeré " Ricitos de oro y los tres ositos", al menos yo nunca lo he leído, así que para mi será la primera vez - digo entusiasmada y no miento cuando digo que jamás lo había leído.
Mi vida fue tan precaria que no tenía acceso a nada, la poca educación que tengo fue por que quise y puse de mi enteró esfuerzo en aprender. Lo mismo fue cuando aprendí a leer y escribir, sabía que eso era fundamental para obtener un trabajo en algún momento, así que aprendí por mi cuenta, con bastante esfuerzo y paciencia, por que no fue fácil o rápido.
Tomo una silla que hay en la habitación y me ubicó cerca de Bianca, ella solo me observa con atención, tiene el ceño fruncido confundida por mi actitud.
- "Erase una vez una niña a la que todos conocían como Ricitos de Oro..."- Veo como me mira atentamente pero en silencio.
-"A la pequeña le encantaba pasear y recoger flores en el campo..."- Escuchó como bufa ante mi lectura.
- "Una mañana, Ricitos de Oro se alejó algo más de lo normal y acabo perdida en el bosque..."- intentó poner la voz de cuentacuentos, con dramatismo.
-"De pronto, vio una preciosa casita a lo lejos y decidió acercarse para pedir ayuda..." - de reojo, veo como se acomoda prestando atención a lo que leo, lo que me anima a seguir, mi dramatismo al leer le saca pequeñas muecas de sonrisas y si antes escuchaba por que no le quedaba de otra, ahora lo hace por que quiere. Fueron muecas, pero para mí son sonrisas validas, por ahora.
Y así continuo hasta que termino de leerlo, por lo menos a mi me gustó, pensaba preguntarle a ella que le parecio, pero cuando cierro el cuento me percato que Bianca esta profundamente dormida.
Me quedo mirándola por unos minutos, se ve tan hermosa así y tan tranquila, como una pequeña niña de cinco años y no una adolescente amargada en el cuerpo de una niña.
Acarició su mejilla y hermoso cabello, se que es un atrevimiento de mi parte, pero me es inevitable no hacerlo, ella provoca muchos sentimientos en mi y por sobre todo unas ganas inmensas de salvarla de este infierno de vida que tiene, de ayudarla a recuperar la niñez que tiene perdida y de ver una sonrisa en ese bello rostro. Pero por sobre todo, ayudarla a recuperar a su padre, esa es mi meta principal.
No será fácil, pero haré hasta lo imposible para verlos sonreír.