Cuando desperté, tenía el brazo de Harper arriba de mi pecho. Con tanta razón había tenido tan poco aire en mis pulmones. Sin embargo, Harper era la única que seguía dormida. Todas las demás, tanto Jo como Bianca, estaban acurrucadas viendo un vídeo por Youtube una y otra vez.
Me les acerqué con cautela.
—¿Qué están haciendo a estas horas? ¡Son las nueve recién! —exclamé, ellas me miraron con cierta gracia. El vídeo reproducía gritos desesperados una y otra vez, y ruido de música envolvente.
Lo primero que pensé fue en la fiesta.
—Estamos viendo el vídeo de la novia de Shawn, terminó con él anoche y nos lo perdimos... —reclamó Bianca.
—Pero no puedes quejarte —objeté—. Todas ustedes quisieron venir ayer, y yo tuve que aceptarlo. Venga, ¡sabía que ustedes querían ir! ¿Por qué vinieron aquí?
Jo soltó un silbido.
—Porqué sabíamos que iba a haber lío, nos queríamos ahorrar ese lío. Pero el lío estuvo suficientemente bueno, no estuvimos ahí para verlo —Bianca miró a Jo que estaba buscando su ropa, pero de la mochila sacó un iPad—. De todas maneras, la pasamos genial, ¿no, Jo?
Ella nos miró algo confundida.
—Sí, claro —respondió.
Vaya, me sentía algo patética. Pero de alguna forma, sentía que Bianca quería hacerme sentir que yo era la culpable de que ellas se hubieran perdido tan atroz momento de ruptura adolescente. ¿A quién coño le importaba la ruptura de Shawn?
Bueno, era el chico más lindo de la clase y la preparatoria. Todas estarían muy locas al saber que su novia, una chica muy amable y dulce, lo haya dejado por otro. Porqué en sí, ese era el motivo de separación.
—Les dije que no era problema venir, no me importa demasiado que Shawn no me invite a su cumpleaños con pastel de Barney y sus amigos... —dije enfadada, levántandome de la cama.
—¿Podrían dejar de discutir...? —murmuró Harper aplastando su cara con la almohada—. Estaba soñando con la ruptura de Shawn.
Bufé.
—Ustedes solo piensan tener una oportunidad con Shawn, ¿es que acaso no ven que él no les ve atractivas? —pregunté de repente, y todas ellas me miraron como si hubiese dicho una cosa del Diablo.
—Qué no te haya invitado no es culpa nuestra, Lea —soltó Bianca, la más valiente al querer discutirme.
Me acerqué a la puerta dispuesta a irme.
Harper se levantó de golpe, y Jo sólo volvió a hurtar en su mochila.
—Sí no es culpa mía, ¿qué demonios hacen aquí ustedes? Deberían vivir su vida loca de adolescente en esas tontas fiestas de chicos populares. No estando aquí conmigo, ¿saben? —dije sin más.
Jo se acercó a mí.
—Lea, creo que es hora de que sepas algo... —murmuró, Bianca se negaba completamente—. Bueno, no dramaticemos el momento. Pero, Lea... No sé cómo decirlo...
Bianca se levantó de golpe y nos miró con el ceño fruncido.
—Nos iremos a estudiar todas juntas a Nueva York. —Soltó sin más—. Y tú, no estás incluida en el viaje.
Oh. Eso dolió más que un golpetazo en el pecho.
Sin dudarlo, me quedé pasmada viendo sus rostros confundidos y arrepentidos. Mis amigas y yo, habíamos dicho de ir a estudiar a Londres juntas. Pero al parecer, ellas ya habían hecho planes.
Planes aparte.
—¿Y por eso se están alejando poco a poco de mí? —Bueno, eso era cierto. Ya casi ni nos veíamos, excepto que en clase. Así que, estaba consciente de que aquello iba a dar un giro rotundo a nuestras vidas.
Jo asintió sin más que decir. Harper agachó la cabeza. Pero la única que mantuvo su postura fue Bianca. Qué estaba irreconocible ante sus actitudes de niña mala.
—Y otra cosita —murmuró Bianca—. Debes alejarte de nosotras, ya todo el mundo sabe que iremos a Nueva York sin ti. Así que... Puedes socializar con Démon, ya que tan bien se llevan.
Entonces me di cuenta que todo llevaba allí. ¿Me estaban dejando sólo por qué hablé con Démon? Comenzaba a parecerme ridículo, poco a poco.
—Apenas le he dicho tres palabras —objeté de golpe—. De todas formas, no puedo creer que ustedes hagan eso conmigo. ¿Qué he hecho yo con ustedes? ¡Ni siquiera les hice bullying en la primaria!
Bianca suspiró con fuerza.
—Nos das mala imagen, Lea, queremos estar a la moda y tú eres la primera en ponerse pantalones color caqui —dijo con cierto tono de burla. Las demás no decían nada—. Creo que deberíamos darte revistas de catálogo.
—Suenas como una desagradecida, ¿acaso no fue suficiente toda esta amistad y tantos años de conocernos?
Jo parecía estar incómoda.
—Lea, tienes que perdonarnos algún día, ¿sabes? Creemos que ya no puedes ser nuestra amiga. Queremos crecer, ir a fiestas, salir... Pero no podemos si tenemos una amiga que sólo quiere leer novelas juveniles y ver series del mismo género —murmuró Harper, que entre tanta distracción ya estaba vestida y con su iPad a mano.
Jo se acercó a mí y me abrazó.
—Nunca vamos a olvidar lo que has hecho por nosotras —dijo sin más—. Pero es una decisión que hemos tomado juntas... Bueno, todas menos tú.
Sin consultarme, claro.
—Si ustedes así lo prefieren, así será —balbuceé. Bianca pareciera que se hubiera arrepentido de haberlo dicho, pero cuando ella se acercó, yo me di una vuelta completa y salí rápido por el pasillo. Al final de este, encontré el baño vacío y me quedé allí llorando como una niña pequeña.
Pasó el rato hasta que me di cuenta que había sido ciega todo este tiempo. Y que eso de estar ciega, debía cambiarlo. Qué debía dejar esas amigas tóxicas de lado, no me servían, menos me servían amigas que apenas me valoraban como era.
Había sido lindo, demasiado, pero duró mucho tiempo y en algún momento iba a gastarse. Como las suelas de las zapatillas. Así eran las amistades. Y todo se había roto por mí "mala imagen".
Ya no sabía que creer.
Había pasado todo mi fin de semana preguntándome muchas cosas en cuestión. Mi madre, sin dudas, dándome aliento para atravesar esa crisis existencial que me perseguía.
Y al fin había llegado el momento de verles las caras a ellas. Ni un mensaje pude contestarle. Cuando entré a la clase de Biología, nos había tocado la clase en el Laboratorio. Así que tuve tiempo de secarme las lágrimas patéticas que me corrían por el rostro. Lo que menos quería es ver que todos me mirasen y se rieran. Así que, aproveché en llorar afuera del instituto y secarme rápidamente antes de entrar.
Había llegado tarde a la clase, y las chicas ya estaban sentada juntas en una mesa en el Laboratorio. Las miré sin respuesta alguna, pero Jo había corrido su mochila de la silla desocupada. Luego visualicé a Démon al otro extremo, solo. A Shawn llorando como una niña con chicas alrededor suyo. Y por último, a Casey.
Aparté mi mirada y se me ocurrió algo muy loco, qué jamás iba a poder creerlo.
Por arte de magia, mis pies se movieron y me senté al lado de Casey. Estaba solo, y así aproveché en quitarme las miradas de encima de mí. Él me miró sorprendido de aquella acción, y de inmediato se alejó un poco de mí. Me sequé rápidamente una lágrima que corría por mi mejilla a pura traición.
—Todo el mundo lo sabe —murmuró mirando fijamente los cálculos en su hoja—. Pero nadie lo dijo porqué respetan el espacio del otro.
Fruncí el ceño.
—¿De qué hablas? —por un momento pensé que me respondería por mi charla con Démon. Cualquier persona estaría mirándome raro por eso.
—De tu amistad rota con ellas —dijo y me miró con una sonrisa satisfecha—. Pero debo decirte que escogiste buen lugar para sentarte, quería hablarte hace tiempo y aún no me daban las palabras.
Rodeé los ojos.
—Pensé que no querías hablar conmigo nunca, siempre... Fuiste... Tan distante. —Solté, y Casey soltó una risita coqueta.
Asintió tras acomodarse sus gafas de marco oscuro, había visto a Casey sin lentes y aún así era guapo. Solté otra risita de acompañamiento, y de inmediato sentí un escalofrío entrarse por mi columna vertebral. Me giré sin saber porqué, y allí estaba. Su mirada.
Su mirada en la mía.
—Te sugiero que no te acerques a él —dijo con cierto tono de estar seguro que lo había pronunciado—. No es... Una persona normal, qué digamos.
—¿Lo conoces? —pregunté volviendo a mirar a Casey—. Es decir, si conoces a...
Asintió sin más y de inmediato cambió de tema. Pero seguía allí, su mirada sobre la mía y la mía sobre la suya. Por medio nuestro, las chicas murmurando y consolando a Harper de tener una casi depresión. Casey las miró también.
—Ellas se lo pierden, ¿sabes? —dijo para alentarme, le sonreí de agradecimiento y seguimos con la clase.
En sí, me preocupaba sus actitudes. Por un lado, sentía cierto que se alejaban por esa razón de mi imagen, y otra, por mi odio por Casey. Que además, comenzaba a cambiar de opinión al respecto. Pero por más que hubiera querido estar en sus lugares, jamás lo hubiera hecho.
Por toda la clase, lancé miraditas al lado de Démon como si estuviera mirando a Shawn. Pero no, estaba mirándolo a él. Y él lo sabía.
Sin embargo, estaba con ir y no ir. Casey me había recomendado no acercarme, así que podría hacerle caso como niña buena. Y fue lo que hice. En cuanto volvía mis miradas, Casey parecía satisfecho de tener mi atención.
Y por una vez en mi vida, me gustó poder hablar con él de esa forma. Conocernos, hablar, reír. Y tener la atención de todo el mundo sin importar qué piensen.
En cuanto terminó la clase, las chicas pasaron por al lado de mí, Jo sonríendome avergonzada por lo que había pasado en mi casa. Casey me había dicho que no les hiciera caso si quería terminar esa amistad de verdad. Lo que habían hecho era imperdonable. Más de lo que la novia de Shawn le había hecho a él.
Cuando Casey se fue a la biblioteca, me quedé sola en el Laboratorio hasta que el maestro se fue. Y entonces sucedió, ese escalofrío de nuevo y de mirar hacía su dirección. No estaba. Sin embargo, alguien tocó mi hombro y me hizo sobresaltar.
—Lo siento, Lea, no pretendía asustarte —murmuró Shawn a mi lado, y me sorprendí más en verlo cerca de mí—. ¿Cómo estás?
El niño llorón estaba al frente de mí. Hice un esfuerzo en no reírme de su carita toda empapada de lágrimas.
—Eh. Bien. —Respondí sin más que decir, y volví mi mirada a la mochila para seguir guardando mis cosas—. ¿Y tú? ¿Cómo estás con eso de... Madison?
Esbozó una sonrisa.
—Creo que debo dejarla ir...
—Tienes que hacer lo que creas mejor, ¿sabes? —le murmuré para que pudiera escucharme—. ¿Necesitas algo? —solté mientras que me colocaba las correas en mis hombros.
Se miró los pies con cierto nerviosismo.
—En realidad, sí —dijo con preocupación—. ¿Puedes decirle a tu amiga, Harper, que deseo invitarla a salir? —preguntó con cierta preocupación a que le dijera que no.
Harper se moría por Shawn.
—Claro, le diré —murmuré, mientras que él asentía contento—. Pero, ya no es más mi amiga. Sólo es una compañera, ya sabes.
—Lo siento mucho por ello, Lea, espero que puedas encontrar mejores amistades —respondió, e inmediato se fue caminando rápido a la salida con su mochila colgando de una sola correa.
¿Mejores amistades? ¿A qué se refería Shawn? Había algo que debía resolver, urgente, pero sin antes hablar con Démon y aclararle que mis intenciones eran buenas.
Sin saber que las suyas no las eran.