Capitulo 4. Bianca.

2188 Words
Capítulo 4. *Bianca* La pequeña Bianca a crecido llena de lujos, rodeada de regalos que llegan de todas las naciones, es una niña que se a robado el corazón de todos y que sin duda la seguirán hasta el final, una pequeña hermosa no solo de físico si no también de corazón, la pequeña le gusta escabullirse, por el castillo hasta su lugar favorito, la cocina, dónde se sienta a ver al panadero y sus ayudantes hacer los panes, apoyada de sus pequeñas palmas, luciendo hermosa con su hermoso vestido, sus medias Panti y sus zapatillas que adornan sus pies que mueven adelante y así atrás admirando el pan que hizo con sus pequeñas manitas, Bianca espera a que todos los panes estén listos y ayuda a los sirvientes a empezar las canastas para repartir al pueblo, la mayor obra de Enrique para que jamás falte el pan en la mesa del pueblo. —Ahí estás. —Dice su nana, quien la busca por todos lados. —Ven, ven, Felicia, ayúdanos, así terminaremos rápido. —La toma de la mano atrayéndola a la mesa. —Mi niña, sabes que papá y el abuelo no te quieren en la cocina. —Aaah, por favor, Felicia, no les digas, te prometo que me quedaré estudiando. —La mira con ojos tristes. —Bien, vamos. —No, espera, Felicia, tenemos que ayudar. —Bianca, mi niña, sabes que eso no puede volver a pasar, tu abuelo se preocupó mucho la última vez. —Por favor, Nana, te prometo que nada malo nos va a pasar, vamos, vamos, por favor, porfis, ¿sí? —Su hermosa sonrisa y sus súplicas la llenan de encanto, nadie puede resistirse. Bianca se escapa de nuevo al pueblo, va repartiendo el pan con los sirvientes a cada ciudadano de la nación; es una niña encantadora que hace sonreír a quien la ve. De ella se habla de rincón en rincón y sus buenas obras salen de su corazón. Bianca ve a una pequeña niña con sus alpargatas muy desgastadas, con la mayor parte de sus pies sobre el caliente piso; eso la lleva a quitarse sus zapatillas favoritas y hacer una de esas pequeñas obras que sale de su corazón. —No, no, mi niña, eso no. —Bianca mira con enojo a su Nana, quien sabe que no cambiará de opinión. —Toma, son tuyas, te verás tan hermosa como yo. —La pequeña niña temerosa mira a su madre, quien niega; nadie se espera que Bianca se agache y le ayude a colocar las zapatillas que le quedan un poquito grandes, pero se ve hermosa. —Gracias. —Dice la pequeña haciéndole una reverencia y Bianca le devuelve la reverencia. —De nada. —Dice dándole una bola con pan y una gran sonrisa. Así camina por el pueblo entregando bolsas de pan y esa obra que hizo hace un momento se va esparciendo por la nación, pero para Bianca es un castigo más que se suma a su noble causa; está frente a su abuelo, que la espera en la entrada, y ella se enfrenta a él con una carita triste. —Bianca. —Dice Enrique con el corazón ardiendo de amor. —Lo sé, lo sé, abuelito, pero te prometo que fue por una buena obra; la niña no tenía zapatos y a mí me quedaban pequeños. —Dice moviendo de forma tierna su pierna derecha, que desliza con la punta de sus dedos de un lado a otro mientras mantiene sus manos en la espalda y su expresión triste. —¿Me perdonas? —dice mirando a su abuelo, que siempre termina perdonando sus ocurrencias. —Ven con tu abuelo. —Extiende sus brazos con amor ante la ternura de su nieta que se abalanza con su hermosa sonrisa sobre su abuelo. —Gracias, te quiero, abuelo. —Le da un beso en la mejilla, causando en su abuelo una gran conmoción. —Abuelo, ¿estaría malo si regalo mis vestidos y mis zapatillas que ya no me quedan? —Enrique niega con una gran sonrisa ante su nieta, quien siempre se sale con la suya. —No, no estaría malo, mientras no faltes a tus clases. —Te lo prometo, yo las llevaré y se las daré a los niños que las necesiten. —Dice dándole un abrazo a su abuelo, quien la ama con su vida. Sus momentos juntos son grandiosos; ella dibuja para él y cada dibujo lo deja de sorpresa en la pared de su habitación. En muchos están dibujados ellos dos tomados de la mano; con el tiempo se fueron reduciendo, pero ella jamás dejó de hacer sus buenas obras, e incluso jamás dejó de repartir pan al pueblo. Para sus 15 años se esperaba una gran fiesta, la cual Bianca cambió por libros; ama la lectura y solo desea quedarse en el jardín leyendo cuando ve a su abuelo llegar para sentarse a su lado. —Aquí está mi hermosa reina. —Enrique pasa sus días en agonía; cada vez más se acerca el momento de que Bianca tome el lugar que le corresponde. Aunque sabe que está preparada, teme por ella y lo mucho que la ama; son tan unidos que le duele dejarla ir. —Hola, abuelo. —Se levanta y le hace una pequeña reverencia. —Ven, mi niña, siéntate junto a mí. —Dice dándole la mano y ella se acerca sentándose a su lado. —Mi niña, tus padres no están muy felices por suspender la fiesta que te hicieron con amor. —Lo sé, abuelo, es que siento que desperdiciamos dinero mientras que el pueblo necesita muchos recursos. Podríamos distribuir los fondos y aumentar la producción de alimentos, ropa y zapatos; hay muchas necesidades que aún no logramos cubrir. No me siento bien usando joyas costosas, vestidos o zapatos caros mientras veo el dolor en las personas cuando cabalgo al campus. —Lo sé, hija, pero también debes saber que un rey siempre da un 70% y el pie lo debe cumplir con un 30%. Cuando seas reina, tendrás que ver más que por esta nación; no podrás cubrir todas las necesidades, pero tendrás muchos recursos con que podrás ayudarlos sin tener que sacrificar tus cosas. —¿Cuándo tomaré el poder, abuelo? Quiero ayudar a todos; ahora entiendo que hay más personas que dependen de mí. Es necesario que empiece a hacerlo ahora. Con tu ayuda, abuelo, podremos cambiar muchas cosas. —Enrique se incomoda y sabe que, al momento de contarle las cosas, es una chica muy inteligente y capaz; es momento de que se prepare para lo que pueda venir. — Hija, las cosas son más complejas de las que te puedes imaginar, te contaré la historia que une a esta nación con las naciones hermanas, hace tiempo existió un solo rey, un heredero digno de la realeza por derecho de sangre, el tubo dos hijo gemelos, mi padre Enrique y mi tío Felipe, dos hombres con un mismo propósito, ayudar al pueblo, mi padre se casó con una hermosa dama a la que mi abuelo aprobó con orgullo, era una mujer con un gran corazón, esa mujer era mi madre, yo fui el primer heredero de la corona en nacer, mi tío no podía tener hijos en ese momento, por más que intento no podía, hasta cuándo yo tenía 3 cuando mi primo Felipe nació, seguido de él su hermano Elián, crecimos como hermanos, unidos aprendimos todo lo que necesitábamos para gobernar, era mi turno, los deseos de mi padre y mi tío eran que yo fuera un gran rey cuando él falleciera, mi tío era muy fuerte y su reinado duro tanto tiempo que a raíz de la enfermedad de mis padres y su muerte él fue quien me guío en todo momento, incluso me dio s aprobación para casarme con tu abuela, de esa relación nación tu madre, ya estaba más que listo, tanto mis primos como yo entendíamos cuál era nuestro lugar, hasta que una tarde mi tío me llamo a su habitación, estaba en cama debido a una enfermedad en su corazón, estaba tan delicado que cualquier rabieta lo llevaría a su final, esa tarde yo fui a verlo, me pidió cuidar del reino y de esta nación que la designó para estar bajo mi vigilancia, me sentía desecho y todo empeoró cuando mi consejero llegó esa tarde a mis aposentos, tu abuela estaba dando a luz a tu madre cuando nos avisaron de la muerte de mi tío, alguien lo mató con una espada y justamente esa espada fue hayas da mis aposento, tu abuela en su angustia perdió la vida tratando de traer a tu madre al mundo, estaba completamente desechó, los guardias reales me apresaron y condenaron como si fuera un asesino, me quitaron del trono y Felipe tomo mi lugar, pase días sin poder ver a tu madre hasta que una explosión en el castillo real acabo con todo, mi consejero me saco a tu madre y luego a mi, escapamos del castillo hasta este lugar donde los soldados que creían en mi me apoyaron, desde entonces una guerra sin fin abatió estas tierras, todo los recursos que provenían de las otras naciones se fueron recortando, trabajamos duro para levantar a la nación, sobrevivimos por mucho tiempo, ya no había mucho que salvar y la esperanza estaba perdida, hasta que una alianza tocó nuestras puertas, el descubrimiento del verdadero asesino del rey salió a la luz, ya quedamos mi primo Felipe y yo mientras que su hermano Elián aún huye por la condena que lo abate por haber matado a su padre…— Bianca se levanta horrorizada. —¿Mató a su propio padre? Abuelo, pero es un hombre desalmado. — Así es hija, lo es, por eso, Felipe y yo tuvimos que unirnos en una alianza, nuestros hombres y contactos, todo a disposición de proteger al trono, el castillo quedó en ruinas, todo estaba perdido, no teníamos más salida que morir ese día y terminar con todo o unirnos y combatir hasta estos días por proteger todo lo que nos une, esa tarde nos llegó una carta del rey, dónde nos informaba de la unión de Elián con los países enemigos, también nos daba la solución para todo y era que nos uniéramos en una alianza matrimonial, en ese momento Felipe no tenia herederos, su salud como la de su padre le impedían tenerlos pero lo intento y pudo conseguir un varón legítimo descendiente de la realeza, yo no tenía a nadie, tu madre te tuvo a ti, una descendiente legítima de la realeza, la alianza nos pide la unión de las dos naciones en un acto nupcial, hija, tu y el príncipe Felipe están casados por la alianza del rey, solo falta una ceremonia formal ante el pueblo real para que todo tome su curso, tú serás la esposa de Felipe I el hijo de mi primo y la futura reina de Inglaterra. —Bianca mira a su abuelo con sorpresa, no puede creer que esté comprometida, que ya tenga un esposo al que no conoce y que deba cumplir como lo hace su madre con su padre. —Pero abuelo, yo no podría ser la esposa de Felipe, yo no lo conozco, no sé nada de él, no lo amo. — Bianca, escúchame bien, como le dije a su padre una vez, ese joven jamás será digno de ti, aunque hayan nacido el mismo día no significa que él sea tu dueño, tu harás esto no por amor, no por él, lo harás por tu pueblo, por tu nación, por tu lealtad y tu deber, eres la reina, naciste para ser la reina y no abra nada que cambie eso, tu levantas la cabeza y pondrás mi legado en alto, irás y tomarás lo que te corresponde por derecho, le darás un mínimo de tres hijos a la corona, suficientes para reinar por años, tu sangre prevalecerá con tus descendientes y solo te enfocaras en tu deber y lealtad con la corona, sin importar lo que diga el corazón, confío en ti y tengo fe de que serás la reina que pasará a la historia, desde ahora Felicia te enseñará y orientará en todo, cuando llegue el momento tú, vas a ir por lo que te pertenece, ¿Podrás hacerlo? — Bianca se voltea y mira a su abuelo, es su legado, lo que él desea, es su deber como reina y lo cumplirá. —Bianca, prométeme que serás la reina que todos desean, la reina por la que has trabajado tanto, y cumplirás con tu deber sin desmayar ante nada. Ellos querrán derrumbarte, querrán hacerte desmayar; eso no puedes permitirlo, tú jamás debes rendirte ante nada, debes demostrar que tu fortaleza y bondad podrán ante todo. —Te lo prometo, abuelo, lo haré por mi deber, mi lealtad, mi pueblo y mi honor, sin importar lo que diga el corazón. —Enrique abraza a su nieta, quien le corresponde. —Tranquilo, abuelo, te prometo que no voy a defraudarte, no me rendiré jamás.
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