Capítulo 2.
*Nacimientos*.
Las naciones se estremecen con los nacimientos de los herederos, un acontecimiento que tiene en suspenso al país. De extremo a extremo, el llanto de un bebé en el castillo Birmingham llena a la nación de alegría, sin duda un digno heredero.
—Es un varón, señor, un varón. —Se escucha decir a las parteras que le entrega el bebé a su padre, quien sonríe orgulloso.
—ES MI HIJO, EL NUEVO REY, FELIPE II BLANFLORI MANCHESTER. —Felipe anuncia el nacimiento de su heredero con orgullo.
El niño más esperado llena la nación de dicha: el futuro rey de Inglaterra, un bebé tan hermoso como su abuelo, de tez clara, abundante cabello n***o como el azabache, de ojos verdes oscuros, único heredero legítimo de la familia real, el bebé más testarudo que ha tenido la nación. Su llanto causa temor a sus nanas que cuidan de él, despertando la ira de Felipe, que odia escucharlo llorar, mientras que un silencio intenso se puede sentir en la nación Grown. Un parto lleno de sorpresas paraliza a todos, condenándolos a la tristeza y el dolor.
—No pudimos salvarlo, señor, su nieto ha fallecido. —Los gritos de Raquel atormentan a su esposo y a su padre, quienes lamentan la pérdida del legítimo heredero.
Todos asumen la derrota con gran dolor y silencio, cuando la partera visualiza sin aliento a una nueva vida que lucha por nacer, su llanto paraliza los corazones de todos, su madre puja con fuerza dando a luz a una niña que deja sin palabras a quien la ve, su belleza da un brillo a la nación, no es varón pero es la belleza más extraordinaria que hayan visto, una bebé de tez clara, su cabello es dorado rizado natural de ojos azules como el cielo y labios rojos natural con una sonrisa encantadora que flecha el corazón de su abuelo y de su padre al recibirla en sus brazos, el silencio se puede sentir mientras todos miran a Enrique que toma asiento en un estado de shock viendo a su nieta quien le sonríe de manera expedida, sus ojos brillan dejándole ver a la futura rey de Inglaterra apretar su pulgar con fuerza, ese simple toque lleno a su abuelo de esperanza y una fuerza como ninguna, haciéndolo levantarse de golpe y elevarla al cielo.
—LE DOY MI BENDICIÓN A BIANCA ARIZA MONGUER, LA REINA DE INGLATERRA. —Ese anuncio hizo temblar la tierra.
—Viva la reina Bianca.
—Que viva. —Dicen todos con gran alegría.
Una fuerza extraordinaria crea una enorme grieta de nación a nación, uniéndola con la llegada de los futuros reyes y reinas de Inglaterra, haciendo que los truenos en el cielo canten con fuerza sus nombres. De nación a nación se murmura el nacimiento de una belleza sin igual, la niña más admirada y proclamada por cada nación; tanto son los murmullos que Felipe hizo un viaje de dos días para conocerla. Su corazón se templó al ver a la hermosa Bianca en su cuna; su sonrisa expendida la caracteriza. Enrique la mantiene bajo vigilancia las 24 horas; eso le impide a Felipe pasar más tiempo con la bebé, quien, antes de que se marche, toma su dedo índice, deteniendo su andar como a su corazón.
—Es extraordinaria su belleza, Enrique, debo reconocer que tu nieta es impactante.
—No tengo dudas de que será una reina sin igual, dejará mi legado bien en alto, sus herederos serán dignos reyes; ahora que has confirmado el nacimiento de mi nieta y yo el de tu hijo, no queda más que esperar a que cumplan la edad correspondiente o la llegada de tu muerte.
—No cantes victoria, estoy dispuesto a luchar con todas mis fuerzas para que mi hijo aprenda todo de mí; solo resta esperar si tu nieta podrá darle a mi hijo tres hijos mínimos, dignos de mi sangre.
—Entonces te deseo suerte y espero no volver a verte hasta el día de tu funeral, donde te vas a retorcer al ver a mi nieta darle hijos a la nación; tu hijo nunca será merecedor de ella.
Con esas palabras los dos gobernantes se despiden del gabinete real, tras firmar el nuevo tratado de alianza sobre el compromiso nupcial de los herederos y el compromiso de Bianca en dar muchos herederos, ambos herederos sometidos a diferentes compromisos para la unión de dos naciones y hacer de ella un solo reino. Para Enrique, la pérdida de Enrique II es un gran dolor que no podrá superar; su hija sufre cada día mientras que la última esperanza la lleva en sus brazos de vuelta a su nación; sin duda hará de ella una reina digna.
*Felipe*
Felipe ha sido un niño muy consentido por su madre y muy recto por su padre, quien lo presiona desde muy pequeño. Tutores van y vienen, sus cumpleaños están rodeados de bailes y banquetes a donde los que llaman enemigos no asisten, un niño con el carácter de su padre y el corazón débil de su madre, el cual su padre trata de endurecer con templanza.
—Padre, te hice un dibujo, mira. —Felipe toma el papel en su mano y lo arruga mientras con la otra mano toma a su hijo del brazo.
—Escúchame bien, Felipe, un rey no tiene tiempo para tonterías, un rey tiene deberes más importantes que hacer; cuando seas padre, lo entenderás. Ahora ve a tu clase y no pierdas el tiempo. —El pequeño niño es arrojado al suelo.
La amargura de su padre por su enfermedad lo lleva a ignorar a su hijo por completo, haciéndolo pensar que los padres son duros y sin corazón, ya que su padre jamás tiene tiempo y lo único que le sabe decir es que de esa manera se crea a un rey.
*
Con sus 15 años, Felipe está más que preparado para tomar sus deberes como rey; su padre se encarga día a día de que sepa cada detalle. Cada momento es único y espera sus órdenes para tomar el poder, aunque un gran secreto se esconde tras la corona. Felipe vive en su mundo, siendo un joven muy reservado y atento, un joven con el carácter de su padre, quien solo desea dejar su legado de déspota a un joven que se dicta a su propio régimen.
—¿Hijo? Todos te esperan. —Diana puede ver a su hijo, que ya no es un pequeño, ya es casi un hombre, llenándose de nostalgia.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien?
—Sí, es solo que ya casi eres un hombre.
—Voy a crecer, mamá, no siempre seré un niño, ¿vas a llorar cada vez que cumpla años? —Diana puede ver en Felipe a su esposo; su pequeño jamás le hubiera respondido de tal manera.
—Lo siento, ¿puedo escoltarme al gran salón?
—Vamos. —Dice tomándola del brazo para escoltarla al salón de fiesta.
Un evento en el gran palacio trae a todos los miembros de alta sociedad, damas y hombres de clase alta, quienes visitan a la mitad del reino, ya que por la alianza de las naciones ambas están comandando en unión hasta que los chicos estén totalmente preparados para tomar el poder, y eso solo pasará en la muerte de uno de los altos mandos. Personas de todas las naciones se reúnen para la celebración del cumpleaños de Felipe, una gran división obligada a participar en la celebración del cumpleaños de Felipe hoy y el de Bianca mañana. Para no opacar a los herederos, se creó un acuerdo: el que nació primero es quien cumple primero y merece atención. No es molestia para Enrique, ya que el día del cumpleaños de Bianca la llenan de regalos. Con la presencia de Felipe en el gran salón, se da inicio a la gran celebración de cumpleaños. Damas vienen y van mientras Felipe está sentado en su silla junto a sus padres, observando el baile que da inicio. La gran celebración los lleva a la presentación de las familias de alta clase; una a una se presenta frente a Felipe hasta que una llama su atención.
—LES PRESENTO SU ALTEZA A LOS DUQUES DE SAM, EL DUQUE PABLO SABLACK, SU ESPOSA, LA DUQUESA LORENA BRIS, Y SU HIJA, LA FUTURA DUQUESA LAUREL SABLACK. —La familia hace una reverencia ante Felipe, quien tiene su mirada fija en Laurel.
La chica ha robado toda su atención; es hermosa, tan hermosa que hace que su corazón lata a mil por segundo. Su cabello n***o adorna sus caderas en cada movimiento de su fina figura, sus labios color rosa son un detonante a su mirada, mientras que sus ojos avellana reflejan la belleza de su corazón, una joven que ha pasado por mucho y ahora está delante del futuro rey, quien la observa caminar junto a su familia. Para Felipe, la presentación de Laurel robó toda su atención, llevándolo a levantarse de su silla por primera vez en mucho tiempo. Camina junto a su mejor amigo, que lo sigue a donde va.
—¿Qué te ha motivado a levantarte de tu trono?
—¿La conoces? —pregunta sin rodeo mientras la busca por el salón.
—Entiendo, hablas de Laurel, sí, pero ella tiene un extraño pasado, una larga historia inconclusa.
—¿Me la cuentas? —dice Felipe sin dejar de buscarla.
—Se dice que un hombre la ha deshonrado; su familia ha sido perdonada por ser una historia sin comprobar; tu familia jamás la aceptaría.
—Erick, ¿acaso a mi familia le ha importado lo que yo quiera?
—Realmente te gusta, ¿no es así? —Felipe lo aparta al verla en el jardín.
Laurel sintió la mirada de Felipe tan intensa que le quitó la respiración, llevándola a salir al jardín para tomar aire. Está inquieta y un poco nerviosa, más que avergonzada ante el rechazo de los padres de Felipe, que la hicieron sentir mal. Está tan distraída que, al sentir que no está sola, se voltea de prisa, a punto de caer al suelo, siendo sostenida por los brazos de Felipe. En ese momento, ambos se detuvieron y sus miradas se unieron en una sola; esa sensación llevó a Laurel a despertar de su sueño y caer en cuenta de la realidad, de manera que se aleja de prisa, de manera prudente, frente a Felipe.
—Lo siento, mi señor, no sabía que estaba aquí, discúlpeme. — Le hace una reverencia y Felipe se acerca tomando su barbilla la hace levantarse.
—¿Qué haces aquí tú sola?
—Vine a tomar aire, mi señor.
—¿Te importa que te haga compañía?
—O no, señor, usted no quiere hacer eso, no quisiera causar ningún problema. —Dice nerviosa.
—No causas ninguno.
—Es que yo no puedo.
—¿Me puedes explicar la razón? —Laurel le baja la mirada, incómoda y avergonzada.
—No soy digna, mi señor. —Felipe está totalmente cautivado con su belleza; la chica realmente causa un gran efecto en él.
—¿Por qué no dejas que yo juzgue eso? Baila conmigo.
—Mi señor, y… —Felipe interrumpe.
—Yo diré si es correcto o no. —Laurel toma su mano y Felipe la guía hasta la entrada del salón.
Todos al verlos quedan en shock, ¿realmente esto está pasando? Las miradas los siguen hasta el centro del salón; Diana y Felipe se levantan ante tal acontecimiento mientras Felipe baila con Laurel sin importar las miradas ni las críticas. Para su mente testaruda, él es el rey y nadie le dirá qué hacer; para su mente adolescente, acaba de encontrar a su reina, ya que pasan una noche inolvidable. La hace sentir que tiene valor ante las críticas de muchos, incluso la sienta a su lado en el banquete. Al despedirse, le da un beso en la mano y ella le hace una reverencia. La noche es una tortura para Laurel; las bofetadas de su padre la llevan a caer sobre el suelo mientras su mamá sufre con ella.
—Eres una inmoral, has dejado el nombre de mi familia en boca de todo otra vez, ¿qué estás pensando? —¿Crees que Felipe se fijara en una c…? —Las palabras de Alonso son detenidas por su esposa, quien le ruega clemencia.
—Para, por favor, mi señor, ella se equivocó, no volverá a suceder, te lo prometo.
—No me prometas cosas que no vas a cumplir; Laurel para mí está muerta.
—Papá.
—Nooooo, no digas eso, por favor, es tu hija.
—La hija que se ha encargado de dejar mi nombre por el suelo, nos estaban aceptando y ahora ella cree que el rey se fijará en ella, nos ha vuelto a humillar. —La abofetea. —Envíala a su habitación.
—Nana. —Dice Laurel a la mujer que la ve como su madre, llenándose de coraje y dolor ante el duque.
—Tranquila, mi niña, no pasa nada, hoy estuviste maravillosa, tú puedes ser lo que quieras, el rey se ha fijado en ti, en ti ante todas las damas de la sociedad, serás tú su reina si te lo propones.
—Nooo, no me va a querer, Nana, me entregué a un hombre que me abandonó, jamás me va a querer, estoy sucia, sucia, Nana. —Laurel llora en los brazos de su Nana, quien se llena de ira ante el duque.