Capitulo 10. Soledad la peor consejera

796 Words
Felipe POV Sé que fué la mezcla del alcohol, la música y la soledad que me hizo tomar la decisión de invitar a Dalia a un motel. No es fea, es más tiene una sensualidad nata, que ella no nota. Pero no soy hombre de relaciones y no creo tener el atractivo visual, lo único que llama la atención, es mi billetera. Mi padre es ingeniero, así que tiene una constructora, le va bien y estoy siguiendo sus pasos , más de fuerza que de ganas, pero eso a nadie le interesa, ni siquiera a mis padres. Me han usado y lastimado y ya no quiero eso, pero no puedo negar que tengo necesidades que cubrir y si bien he pagado por placer, en éste momento creo que aprovecharé la situación a mi favor. Estamos saliendo del bar, cada quién se va llendo a su respectivo auto con sus parejas, veo a Dalia y me acerco a su oído -dejame llevarte- le dije, acercando su cuerpo al mío. Ella volteó a verme contestando -¿a dónde?- sin alejarse, y sin quitar la mirada de la mía, ella es alta, con tacones queda ligeramente más arriba que yo, lo bueno es que me subí a un borde de cemento. Al percatarme que estábamos solos, la besé en los labios, le dí mordiscos en el cuello y el lóbulo del oído. No era necesario decir a dónde. Y ella sólo se dejó, correspondiendo mis besos. Nos subimos al auto, conduje hasta el motel de moda, pedí un cuarto y estacioné el auto. Nos bajamos del auto y la invité a pasar,le ofrecí algo de tomar, pero no quiso. La verdad estaba nervioso, no sabía que esperar, cómo era ella en éste aspecto. Y la verdad estaba pensando más en mi satisfacción que nada. Dalia POV No me sentía muy segura de lo que estaba haciendo, Felipe no era ni el más experimentado, caballeroso o romántico de los hombres. La atracción en éstos momentos era lo de menos. Me sentía vulnerable, sola, recordando todo lo que había pasado, las oportunidades vencidas, la añoranza de los buenos momentos. Pero sentir el beso y las caricias de un hombre en éste estado y mezclado con alcohol, no era una combinación para tomar desiciones. Me dejé llevar por sus besos, sus manos estrujando mis pechos, mordiendo y devorandolos con su boca. Acercando mis caderas hacía su sexo. Nos quitamos la ropa mutuamente, en la penumbra, no pude ver mucho, su manera de seducir era algo posesivo y agresivo. Me penetró sin mirarme, se limitaba a estar sobre mí, sus movimientos iban lento aumentando velocidad, su vaivén estaba acompañado de gemidos, seguía sin mirarme. Ahí me dí cuenta que me estaba convirtiendo en un recipiente, estaba vacía y dejé de sentir placer, de hecho creo que nunca lo sentí, sólo calor, y compañía. Cuando terminó, salió de mí, se aseo y se acostó a mi lado. No hubo nada más, sólo prendió un cigarro, lo fumó y se durmió. Creo que si me hubiera aventado los billetes en la cara no me hubiera sentido tan mal, digo al menos me gané algo, pues en realidad, ni siquiera sentí frustración por no llegar al orgasmo. Me sentí usada, me sentí una "mierda" y yo lo había permitido. Al llegar a casa, me bañé, tratando de quitarme sus caricias, no era en su totalidad su culpa, pero creo que él hubiera podido ser más seductor o cariñoso; aunque eso es cuando la persona te importa. Mis lágrimas se perdieron con la caída del agua de la ducha. Terminé rendida de tanto llorar. Así, continúe cavando en mi corazón y mi alma, el concepto de menosprecio hacia mí. Porque la soledad no sólo se sintió ese día, sino varias veces más, recurriendo a la misma fórmula: Felipe Si no sentía amor, si nadie quería nada conmigo, según yo, al menos tenía ésto; no sabía lo perdida que estaba y hacia dónde me estaba llevando. Quisiera decir que ésto se detuvo hasta cuándo él tenía novia. Pero lamento decir que no. No estoy orgullosa de ser débil, me sentía sexy, y la soledad se ocultaba. Era su secreto, nadie lo supo, o al menos que me dijera algo. Sabía que una de mis compañeras era su amor platónico, cambiaba nuestros planes cuando los tenía con ella, a pesar de que nunca tuvieron algo s****l. A la única que usaba era a mí. Por un año más seguí siendo ese costal de mierda ambulante el cuál permití. Construyendo un muro gigante con el letrero "nadie te merece", "eres muy poca cosa" y lo permites. Porque es mejor ser usada que estar sola... lección que se encarnó muy dentro de mí. Y vaya que estaba alejada de la verdad.
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