Capitulo 9. Pasión retenida

795 Words
Dalia POV No pude negar mi asombro ante tal comentario. Mezclado con el asombro, estaba el miedo y la vergüenza, bueno y la excitación, claro. Al irse Marcela, Christian tomó mi cara, todavía estábamos en una posición comprometedora, yo a horcajadas sobre él, con mis piernas al costado de sus caderas, con nuestros sexos rosando. Y me dijo - yo le había dicho que me gustabas- sin quitar la vista de mis ojos, -creo que hasta mi madre lo notó- bajando su mirada a mis labios. -Todos lo esperaban, menos tú- dijo, y después besó castamente mis labios. Mi corazón se tranquilizó, ya que me sentía una asalta cunas, pervertidora de menores, y es que no era un chiquillo, pero pues sí más que yo, y no sabía que esperar de su familia, y de la mía. Haciendo el honor a mi sentir, y provocada por el beso profundo que le siguió al casto, comencé a mover mis caderas, sintiendo su erección, provocando que mis terminaciones nerviosas de mis labios íntimos, latieran, mi braga y su ropa eran la única barrera, pero que hacían poder disfrutar de su virilidad. La tarde pasó sin más, la fiesta terminó y de regreso, después de que estacioné mi auto y ayudé a guardar cosas en su casa, él me llevó a la mía. Vivíamos en un fraccionamiento de edificios, el mío estaba frente al suyo atravesando la calle, así que sólo nos tomamos de la mano y caminamos. Me llevó y en la escalera de la entrada nos besamos y nos despedimos, para vernos de nuevo al día siguiente. Así pasó el tiempo, nos veíamos en su casa, con su hermana, nos escapábamos a las escaleras de su edificio, una zona no circulada, nos besábamos, me ponía encima de él y no pasaba de ahí, a veces le hacía sexo oral. La verdad sus besos han sido los mejores. Y adelantando mi historia, puedo decir que siempre lo fueron y lo seguirán siendo. Un día, le propuse ir a mi departamento, vivía, sola, con el departamento de mis padres en el mismo piso, pero cada quién en su espacio, aunque mi cocina no estaba equipada y mis padres no tenían el comedor que yo tenía. Sabía que mis padres no estarían cerca por un rato, así que podríamos estar cómodos. Descubrimos que realmente nos deseábamos, y le pedí que hiciéramos el amor, ni siquiera nos desnudamos por completo, sólo lo necesario, cuando se introdujo en mí, supe que fuí su primera vez, sentirlo fué lo más rico en ese momento, pero no tenía mucha experiencia, así que trataba de llevarlo, era tal su éxtasis que sus ojos quedaban en blanco, nunca había visto algo así, la verdad comencé a ver por su placer y dejé de lado el mío. Sus movimientos eran lentos, suaves, controlados, no usábamos protección, así que él eyaculaba fuera, yo conocía mi cuerpo, bueno eso pensaba, así que le decía que no había ningún peligro, pero aún así, se controlaba. Varias veces tuvimos nuestros encuentros, era una pasión retenida, pues en cada oportunidad, no esperábamos para comernos y él estar dentro mío. Pero más allá del contacto físico, no había mucho. Varias veces lo invité a reuniones con amigos, pero sentía que no encajaba, así que dejó de aceptar mis invitaciones. Yo no dejé a mis amigos, así que comenzamos a alejarnos. Hasta que un día, él me dijo que no iba a funcionar y que se estaba distrayendo de sus estudios y que éramos muy diferentes, además de que no quería seguir tentando al destino con un embarazo, pues sabía lo difícil que era, por lo de su hermana. Así fué como pasé de ser novia a ser la amiga, de nuevo, pero no era igual. Cuando iba a visitar a su hermana, tenía cosas que hacer o no estaba, si nos encontramos en algún momento, no recuerdo, ya que normalmente él me evitaba, me dolía, pero también sabía que no iba a poder continuar. Es solo que me había vuelto adicta a sus besos y caricias. Pasó el tiempo, y traté de olvidarlo, y lo hice de la peor manera. Las reuniones con los amigos continuaba, a veces en mi departamento otras en bares o en casa de otros amigos. Una vez, fué con parejas, aunque no todos tenían, uno que otro buscó para ese día, excepto Felipe y yo. La velada estuvo intensa, bailando, tomando, conversando. Todos con sus parejas, unos besándose, otros, intentando algo más o simplemente platicando, pero muy cerca. Por tal motivo y supongo que por atracción de la soledad Felipe y yo terminamos platicando, luego riendonos, bailando. Al terminar la velada, se ofreció a llevarme a casa, ya que había decidido no manejar. Y ese fué el inicio.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD