(…) Rivertown / Taller de Autopartes
El grupo llego hasta el lugar y monto guardia, el objetivo era esperar a que quedaran la menor cantidad de personas posibles para poder interrogarlas, poco a poco, conforme fue cayendo la tarde los trabajadores se comenzaron a retirar, dejando solamente a un señor que paso gran parte del día en la oficina, lo que les hacía creer que era el dueño o encargado. Cuando los últimos clientes abandonaron el sitio, el líder se dirigió a la salida con su bolso y antes de que pusiera el candado fue atrapado por el trio, quienes se pusieron unos pasamontañas para cubrirse la cara.
— ¡Quieto! —Exclamo Tomas alzando su revólver —Si te mueves disparo —Acoto acercándose lentamente.
—Tranquilo amigo, yo solo… —Hablando despacio, el tipo dejo caer sus cosas y salió corriendo despavorido, solo para chocarse con Venet.
—Ven aquí colega, solo tenemos unas preguntas que hacerte —Lo sujeto fuertemente por los brazos y lo atrapo entre los suyos.
—Suélteme maldito ¡Tengo mis derechos! —Grito con desespero.
—Cierra la boca —Dijo Ayami golpeándole la cabeza con tanta fuerza que lo desmayo.
—Mi amor… Creo que te pasaste —Comento Hutson mirándola con sorpresa.
—Si seguía así nos iba a delatar, metámoslo en el taller y esperemos a que despierte —Sugirió Ludovick, siendo ayudado por sus compañeros.
El grupo introdujo al hombre en el lugar, buscaron una silla y sacaron varias cuerdas que el señor había traído en el auto, con ellas lo ataron y sin mucho tiempo que perder le rociaron agua en la cara. Tomas inquirió en que él se ocuparía, por lo que lo primero que el tipo vio al despertar fue la culata de Inferno, cambiando su expresión rebelde por una aterrada.
—Lo sabía, ustedes no son policías… Carajo, jamás pensé que fueran a venir tan pronto —Protesto con una gran ansiedad, sintiendo que estaba a punto de ponerse a llorar —No fue mi intención ofender a la compañía, ellos vinieron aquí y me amedrentaron —Garantizo temblando.
— ¿Y el dinero que te dieron? —Intuyo Venet arqueando una ceja, consiguiendo que su presa se pusiera más nerviosa.
— ¡No sé de lo que habla! Si recibí pero, juro que fue porque quería escapar, por favor déjenme ir, les diré lo que necesiten saber —Canto con facilidad el tipo.
—Eso me gusta más, muy bien, solo necesitamos una única información ¿Dónde están los tipos a los que les hiciste las reparaciones? Si mientes, te mandare directo al infierno —Amenazo Hutson colocándole muy cerca su arma y quitándole el seguro.
— ¡Esta bien! Ellos, la verdad es que no estoy muy seguro, jamás los seguí ni nada por el estilo, solo llegaban me daban los billetes y se iban ¿Puedo darles descripciones físicas? —Cuestiono con la respiración sobre saltada.
—Eso no nos sirve ¡Dinos la verdad o te cortaremos el m*****o! —Exclamo con una carcajada cruel —Siempre quise decir algo así —Susurro en el oído de su novio, quien la vio con cierta sorpresa.
— ¡No por favor! Yo… —Intento recordar con todas sus fuerzas para evitar ser ultrajado, aunque esto solo era un chiste de la chica — ¡Si lo tengo! Mencionaron las granjas, creo que ellos están por ese lugar —Converso con precisión.
— ¿Estás seguro? —Encañono nuevamente Tomas.
— ¡Lo juro! —Respondió sudando.
—Ya déjalo, está diciéndonos la verdad o al menos lo que escucho de esos tipos, muy bien amigo, describe lo mejor que puedas a los que vinieron, luego podrás irte —Dialogo Ludovick escuchando atentamente.
Dos caucásicos de cabello n***o peinado hacia atrás, un afroamericano con pelo crespo arreglado en trenzas y un moreno de actitud dominante con una cicatriz en el cuello, estos eran los cuatro hombres que frecuentaron el sitio arreglando y modificando los autos para agregarles refuerzos, lo último que supo de ellos fue una carta que le llego con el dinero y una amenaza de que si hablaba lo matarían. Dejándolo muy asustado, el equipo le dio otro golpe y lo puso a dormir.
—Deberíamos matarlo —Sugirió Tomas apuntándolo.
— ¡Amor! —Exclamo Ayami colocando su mano en el brazo del muchacho.
—No seas loco chico ¿Por qué crees que nos cubrimos la cara? —Dudo el señor.
—Venet, si estos hombre lo atrapan, lo torturaran, nuestro objetivo es Eva, no sabemos qué tan grande sea la red, mejor liquidarlo ahora y que no sufra después —Sugirió Hutson con clemencia.
—Eso sería negarle su oportunidad de vivir, dejemos que la naturaleza lo decida ¿Es lo justo no? —Encaro la dama a su pareja, recordándole que el mismo se estaba enfrentando contra algo imposible.
—De acuerdo, está bien —Acepto a regañadientes el antiguo asesino.
—Vámonos, no sabemos cuándo despierte —Recordó el canoso, quitándole los amarres y dejándolo tendido en el suelo del taller.
Una vez afuera, el grupo se metió en el coche, arrancaron y partieron lejos del sitio. El sol comenzaba a salir débilmente por el horizonte, todos estaban cansados, se quitaron los pasamontañas con agobio y vieron las luces de la mañana, las cuales bañaban las colinas y edificios anticuados que daban a Rivertown su hermosa fachada campestre, opacada por la malvada red que tenía prisionera a la niña.
—Muy bien equipo, descansemos un poco antes de seguir —Sugirió Ludovick apretando con fuerza el volante de su Dodge coronet de 1970.
— ¿Ya estás cansado viejo? —Cuestiono Tomas esforzándose por abrir los ojos.
—La verdad es que no mucho gato n***o, pero tú por el contrario luces terrible, incluso la señorita Ayami se ve mejor —Comento con una sonrisa.
—Ya déjalo señor Venet, necesitamos estar en nuestra mejor forma, puede que pronto tengamos que rescatar a la pequeña, no podemos fallar —Recordó a su novio, haciéndole moñitos en el pelo.
—Está bien, supongo que puedo… Un poco… —Balbuceo mientras se quedaba profundamente dormido.
—Eso fue rápido —Carcajeo el canoso viendo a la pareja — ¿Llevan mucho tiempo juntos? —Dudo intrigado.
—No demasiado, un poco más de dos años —Expreso con felicidad Inoue.
—En la actualidad eso es bastante —Alego acelerando un poco.
—Sí, es solo que mis abuelos estuvieron casados durante cinco décadas, así que siento que mi vida con él apenas está empezando —Contesto la mujer.
—Tal vez sea cierto, pero aprovechen el tiempo, la vida es muy efímera —Expreso con ojos tiernos el señor.
— ¿Tuvo a alguien? —Dudo intrigada.
—Así es, la perdí por el cáncer —Explico con inmediatez evitando mas preguntas.
—Oh, lo siento muchísimo —Bajo la cara avergonzada ante su imprudencia.
—Descuide señorita, ella y yo disfrutamos muchísimo, realmente aprovechamos bien nuestros años, solo me gustaría no haber trabajado tanto, pero el dinero siempre es necesario —Dijo con sus ojos perdidos en la infinita carretera.
—Me alegra, eso es lo que yo también deseo —Afirmo con cansancio la muchacha, cabeceando un poco.
Ludovick siguió adelante hasta llegar a un estacionamiento, donde detuvo el vehículo y reposo junto a sus nuevos aliados, la falta de recursos y el afán por sobrevivir mueve a las personas, la prueba está en el interés que existe por salvar a esa pequeña, cuando miles como ella son capturados día tras día, sin que a nadie le importe en lo mas mínimo.