Ha pasado una semana desde que Alesso llegó a la casa de campo, durante estos días a sido amable conmigo y cariñoso y atento con Leonardo. No he vuelto a saber nada de Enrico desde el día de la pelea, pero algo me dice que esto es solo la calma que precede a la tormenta. Mis suegros se han marchado está mañana, creo que han puesto solo una excusa para dejarnos solos, se que lo hacen por nuestra felicidad pero no sé si me felicidad está junto a él en estos momentos. Quizás debería abrir un poco mi mente y perdonar... Después de la comida dejo a Leonardo en su cuna, le indico a María que estaré una horas fuera ya que tengo que ir con José a cerrar varios negocios. — A dónde vas?— dice Alesso desde la escalera. — Tengo unos negocios que cerrar en el pueblo.— digo sin caer en la cuenta

