Luciano maldijo, esta situación se le estaba saliendo de control. Necesitaba tenerla en sus manos, necesitaba probarla.
Todo se estaba volviendo una necesidad en cuanto a ella se refería.
Y no le gustaba para nada eso, no quería que ella se convirtiera en una debilidad, eso definitivamente sería un gran problema para él.
Pero debía darle una lección, una con la que ella aprendiera que esa no era la mejor manera de pagar sus deudas.
Salió detrás de ella como alma que lleva el diablo, pero para su sorpresa, no estaba ni siquiera por ahí. Aurora estaba en la barra bebiendo un gran sorbo de agua.
Ver a Dante en el mismo lugar que a ella la había paralizado.
Pero su dignidad parecía ser mayor, y no le daría el gusto a Luciano. Quería volverlo loco, sí obvio que sí, pero no quería cumplir el papel de su mujer… de su esposa.
Eso era algo que no tenía contemplado.
Luciano se ubicó en una de las mesas, y una de las bailarinas comenzó a bailarle.
La mujer bailaba de manera sensual, ofreciéndose indirectamente a él.
Aurora arrugó su entrecejo y bufó.
—¿Cómo puede estarme pidiendo que esté con él mientras actúa así con otra mujer? —ella dijo entre bufidos.
Luciano estiró su brazo recibiendo a la mujer que bailaba con total entusiasmo sobre él.
Ella giró su rostro, no quería ver esa escena, le perturbaba la idea de que él fuera así con cada mujer que se le paraba enfrente en el camino.
Por instinto pasó las manos por sus labios, nunca nadie la había besado así, nunca nadie la había besado a decir verdad.
Ella exhaló, no podía darle tanta importancia.
—Cuando me dijeron que tú estabas aquí, no lo creía —Dante mencionó con un tono coqueto—. Quise verlo con mis propios ojos.
Ella lo miró intentando mostrar miedo intentando parecer lo más normal posible ante su presencia que la aterraba.
—No tienes idea lo loco que me vuelves, desde que vi esa foto cuando tus padres te ofrecieron a mí… me convencí de que tú eras la mujer que quiero en mi cama.
Ella sintió un escalofrío.
Fue imposible no comparar, pero lo hizo.
Las palabras de Dante y de Luciano tuvieron similitud, pero la diferencia notoria es que las palabras de Dante la hicieron aborrecer la idea, mientras que las de Luciano hicieron que sintiera un escalofrío, uno que no comprendía muy bien.
—No puedo creer que el hijo de puta de Luciano te tenga estas condiciones. Yo jamás dejaría que otros hombres te miraran, jamás.
—Hay una gran diferencia entre él y tú —finalmente la voz de ella salió con fuerza—. Él jamás tendría temor en que yo me muestra los demás porque sabe que soy suya mientras que tú…
Luciano desvió su mirada hacia ella, y cuando notó que Dante iba llegando hacia ella, se aproximó rápidamente hasta la barra.
—Él solo quiere tener mis sobras —Luciano intervino—. La tomó de la cintura pegandola más a él, pegandola más a su cuerpo—. Tengo bastante curiosidad por saber qué haces en mi territorio.
—Solo vine a disfrutar del espectáculo —mencionó—. ¿Me vas a prohibir que entre a este lugar? No me hagas de recordarte que también solía pasar bastante tiempo aquí.
—Eso antes de que decidieras convertirte en mi enemigo. Ahora lárgate y deja de joder cerca de mí y de mi mujer.
Dante tensó su mandíbula.
—No puedes hacer nada, tienes muchos invitados importantes el día de hoy y no creo que quieras hacer un espectáculo mucho mayor al que tengo enfrente.
Luciano dio un paso al frente con su rostro ya transformado lleno de ira. Aurora por inercia lo agarró del brazo tomándolo desprevenido, dejándolo por unos cuantos segundos fuera de sí.
—Lárgate Dante.
Dante subió una botella y la elevó brindando frente a ella. Luego giró sobre sus talones y se fue de allí.
La mano de Luciano aún estaba en la pretina de su pantalón, sosteniendo su revólver.
Aurora aún tenía su mano sobre todo su cuerpo temblaba, no solo de miedo sino también de impotencia al tener frente a ella al hombre que le destrozó la vida de la peor manera.
—Te escuché —dijo él haciendo que ella lo mirara.
—Finalmente, estamos del mismo lado. En contra de él. ¿No?
—Así es. Y me gusta que tanto él como tú sepan cual es tu lugar… tu lugar es ser mi mujer, grábatelo muy bien.
Gino se acercó y le hizo señas de que ya todo estaba listo.
—Nos iremos a casa de una vez, que Dante haya entrado a este lugar no es nada confiable.
Aurora asintió con su cabeza.
Y salió tras él directo hasta la puerta trasera.
A su lado estaba Gino, y algunos hombres más que cuidaban de él.
Al llegar al carro, Luciano alistó su revólver cuando empezó a escuchar disparos cerca de él.
Luciano empujó a Aurora hacia dentro. Mientras que se cubría con las puertas del carro y atacaba.
Vio como algunos de sus hombres cayeron. Los habían interceptado completamente distraídos, confiados.
Gino comenzó a disparar a su lado al igual que Luciano hacia el lado contrario.
Aurora tapó sus oídos completamente en shock.
El auto aceleró luego de abrir paso y que cayeran al menos la mitad de los del frente.
Aurora seguía temblando en shock, subió la mirada observando a través de la ventana a Dante con una sonrisa victoriosa.
—Quiero a todos preparados para atacar. Dante Russo debe morir.
Aurora lo miró, intentando controlar su respiración para no desmayarse debido al ataque nervioso que tenía en ese preciso momento. Sin embargo, antes de poder siquiera respirar, sus ojos se abrieron de par en par al notar como el traje de Luciano se comenzaba a tornar de un tono rojizo.