Conduje hacía la tienda más cercana la cual estaba a unos 15 minutos en auto de nuestro hogar. Bajé del vehículo y tomé la mano de mi esposa para caminar juntas hacia la tienda, aún no me acostumbraba a esta libertad que poseíamos ahora, era tan extraño para mi y tan hermoso al mismo tiempo. Sonreía sin darme cuenta por el simple hecho de poder andar juntas de la mano, amaba estas pequeñas cosas.
Entramos a la gran tienda, observé todo el lugar, las personas que había dentro, la mayoría hablaba en portugués y mucho no entendía, pero aún así observaba y analizaba cada detalle del lugar, supongo que era la costumbre.
Juliana le encantaba estos lugares y me mostraba cada objeto con tanta entusiasmos que no podían entender el porque.
La puerta del local se abrió llamando mi atención, un chico de unos 30 años entró, iba sin camiseta mostrando su cuerpo tallado, el seguridad le llamó la atención, pero aún así él no se la puso y se dirigió hacia las cajas, una chica rubia con cara preocupada comenzó a hablar con él.
- Creo que le llevaré está tostadora. ¿ Tú qué dices mi amor?. - preguntó Juls llamando mi atención.
- Me parece muy bien, es bonita y más en ese color.- dije dirigiendo mi mirada a ella.
- Llevaremos una más para nosotras también. ¿Roja o plateada?.- pregunto Juls con carita de niña.
Sin poder evitarlo le robe un beso.
- Roja, como tus labios.- respondí cortando el beso y tomando la caja con la tostadora de nuestras vecinas para que Juls tomará la otra.
- Oh mira que precioso eso.- dijo Juls caminando hacia el final del pasillo. Pero cuando iba a caminar hacia ella unos gritos me distrajeron.
La cajera se peleaba en portugués con el muchacho, quien ya se había puesto la camiseta, se los veia bastante nerviosos a ambos, a tal punto que el seguridad y otra mujer quien seguramente era su jefa o gerente vinieron a intervenir. Y la pareja salió de la tienda.
Luego de buscar el regalo perfecto para nuestras vecinas y de comprar muchas cosas más, fuimos a pagar, había otra cajera atendiendo, pagamos, tomamos nuestras bolsas y salimos del lugar.
Apenas cruzamos la puerta sentí la voz de de una mujer hablando en español, miré hacia donde venía el ruido y era la misma cajera discutiendo con el mismo chico musculoso de la tienda.
Caminamos, hacia el auto, escuchando sus gritos, pensé en intervenir y no podía creer como la gente caminaba por al lado sin hacerlo.
Pusimos las cosas en el baúl, y entramos al coche, pero justo cuando estaba por arrancar vi como el muchacho tomaba las muñecas de la chica con fuerza, y como ella quería alejarse de él, pero no se lo permitía.
- Espera aquí.- dije a Juls bajando del coche, quién bajó tras de mi.
Me apresure al notar que la lastimaba.
- Oye, oye deberías soltarla. -dije acercándome a la pareja.
- Vete. - dijo él joven sin siquiera desviar su mirada hacia mi.
Ella me miró y intento soltarse del agarré.
- Suéltame Luca.- dijo la mujer forcejeando con él.
- Ya quédate quieta.- respondió él enojado y empujándola con fuerza al suelo.
Juls rápidamente se agachó a levantarla mientras yo empujaba al sujeto alejándolo de nosotras.
- No me toques perra.- dijo él mientras intentaba darme un golpe de puño, rápidamente lo esquive para su sorpresa.
- No quiero golpearte así que mejor sólo vete.- dije intentando no llevar la situación a mayores.
Él se río de forma soberbia, era el típico chico con mucho músculo y poco cerebro. Volteó como si fuera a irse pero en lugar de eso dirigió traicioneramente otro golpe hacia mi, volví a esquivarlo, su rostro quedo cerca de mi, y yo si le metí un buen puño en su nariz. No fue lo suficientemente como fuerza como para hacerlo caer pero sí lo suficiente como para que pegara un grito por la sorpresa y el dolor.
- Vete de aquí Luca por favor.- dijo la chica muy asustada.
La gente comenzó a juntarse a nuestro alrededor y varios hombres que vieron lo sucedido querían pelear con el muchacho.
- Esto no va a quedar así Lucia. Ya me las pagarás.- gritó él idiota alejándose del lugar.
Miré mi mano, estaba comenzando a ponerse roja por el golpe.
- Gracias. - dijo la chica, el cual Juliana aún tenía por los hombro apoyándola.
- ¿Estas bien?- pregunté observándola.
- Si gracias a ustedes, en verdad lo siento.- respondió apenada.
- No hace falta que agradezcas. Deberías tener cuidado con tu novio, no está bien que te trate de esa forma. - respondí mientras me acercaba a Juliana.
- Si lo sé, él ya no es mi novio y parece no estar tomándolo bien, en verdad lo siento debo irme y rogar porque no me echen de este trabajo también.- dijo la muchacha alejándose de nosotras y entrando a la tienda.
Juliana tomó mi mano, y se la quite pues me dolía.
- ¿Te duele?.- preguntó Juls tomando mi mano de nuevo sólo que con mucho cuidado.
- Un poco. - respondí.
- Ven vamos a casa y pongámosle hielo a esa mano.- dijo Juls caminando hacia el otro lado y tomando mi mano izquierda.
Caminamos en silencio hacia el auto, comencé a manejar, Juls tenia su mirada perdida en la ventanilla y sabía que algo le sucedía. La conocía demasiado bien como para notar que toda la situación le había hecho mal.
- ¿Estas bien cariño?.- pregunté mirándola.
-Si.- respondió Juls sin dejar de ver por la ventana.
Sabía que no lo estaba pero no podía obligarla a que me lo contara, debía dejar que ella me lo dijera.
Bajamos con los bolsos, y los pusimos sobre la mesada. Juls parecía perdida en sus pensamientos.
- Olvidé los vegetales que estaba cortando, que idiota soy.- dijo Juls mientras yo la observaba.
Tomó el plato apresuradamente y lo puso en la heladera, sacó un poco de hielo y me lo acercó con un trapo para que lo pusiera en mi mano.
Mientras yo ponía el hielo sobre mi mano dolorida ella comenzó a poner cosas en el lavado y en el apuró que tenía accidentalmente se le cayó un vaso.
- Te das cuenta lo torpe que soy. - dijo ella arrodillándose para juntar el vaso.
- Sólo es un vaso amor.- Dije arrodillándome a su lado y terminando de juntar los trozos.
- Es el segundo vaso que rompo, si sigo así de tonta pronto nos dejaré sin vasos.- respondió ella tirando los restos de vidrios a la basura.
Me quedé inmóvil observándola mientras Juls se atacaba a ella misma con sus palabras. Cada acción que hacia utilizaba algún insulto hacia ella misma o lograba denigrarse de alguna forma.
No podía dejar de pensar en lo que pasaba frente a mis ojos, haz algo bueno o malo todos los días y verás como se vuelve costumbre en ti. Eso le estaba pasando a Juls, ya no había nadie a su alrededor que la insultará por el hecho de qué un vaso se le cayera, o que le dijera cosas horribles solo por decir, así que ella lo hacía con ella misma. Inconscientemente se maltrataba todo el tiempo, pues ella creía que así era como debían tratarla.
Sin decir una palabra, la abracé.
- ¿Qué pasa?.- preguntó confundida sin abrazarme.
- Basta.- dije mientras sentía como sus brazos me rodeaban.
- ¿ De qué hablas?.- preguntó ella confundida.
- Basta, ya no te trates así. - respondí mientras mis manos acariciaban su espalda.
Ella suspiró, y dejó caer su cabeza en mi hombro. Descansando en mis brazos.
- No quiero que te trates de esa forma nunca más Juls, no eres torpe, ni idiota. No eres nada de eso qué te hicieron creer de ti. - dije mientras una de mis manos acariciaba su pelo.
- Lo siento.- susurró como si fuera su culpa.
- No deberías pedirme disculpas a mí, deberías pedirte disculpas a ti misma Juls, no mereces que nadie te trate de esa forma, ni siquiera tú misma. -respondí sin dejar de abrazarla y acariciarla.
Ella comenzó a llorar muy poco, las lagrimas se escapaban de sus ojos en un intento por ser libres de la presión que sufrían en su mente.
- ¿ Qué sucede Juls?, dime.- dije con dulzura.
Sus manos apretaron la piel de mi espalda por sobre mi ropa, se sostenía de mi con tanta fuerza como si estuviera a punto de caerse.
-Es que no puedo evitarlo. - dijo levantando su rostro de mi hombro y mirándome.
Sus ojos marrones se volvían más claro cuando estaban tristes.
- Lo sé, entiendo que debe ser muy difícil hermosa, pero tú podrás hacerlo. - respondí con confianza mientras limpiaba sus mejillas.
- Siento como si hubiera marcas, cicatrices que no puedo borrar. Y que nunca podré hacerlo.- dijo suspirando de dolor. Le costaba hablar de esto.
Tomé sus manos mientras mis ojos estaban clavados en los suyos prestándole atención a cada palabra que escapaba de su boca.
-Hoy cuando ayude a levantar a la mujer de la tienda, vi como en sus muñecas tenia marcadas las manos de él. Y no pude evitar recordar cada marca que Guillermo dejó en mi.- confesó Juls con su vocecita rota.
Escuchar el nombre de Guillermo me producía aún mucho odio, lo había matado y aún sentía que había quedado en deuda con Juliana ese bastardo merecía algo peor que la muerte.
- Lo siento mucho amor, sé que hay cosas que tal vez nunca me digas de todo el infierno que viviste allí, pero quiero que sepas que ya no pueden dañarte, ni marcarte nunca más.- respondí segura.
-Tal vez si puedan aún marcarme Val.- dijo ella bajando su mirada.
Con suavidad solté su mano, y tomé su mentón, levantando su rostro, su mirada se cruzó con la mía, estaba avergonzada.
- No, ya no pueden, no tienen ese poder, ahora tú tienes el poder sobre ti misma mi amor. - respondí intentando que mis palabras crucen sus barreras.
- Te amo tanto. No sé dónde estaría ahora mismo sin ti Valentina. - dijo Juls acariciando mi alma con sus palabras sin siquiera tocarme.
Sonreí, por el simple hecho de poder escuchar esas palabras saliendo de su boca. Cada " te amo" tenía un nuevo significado en nosotras.
- Tú alma estaría buscando la mía, así como yo buscaría la tuya por siempre mi amor. - respondí abrazándola.
Le di un pequeño giro en el abrazó sólo para hacerla apenas reír.
- ¿Crees que seamos almas gemelas?.- preguntó ella con una sonrisita.
- Sonríe y hazme esa pregunta otra vez.- dije completamente enamorada.
- ¿Soy el amor de tu vida?.- dijo cambiando la pregunta pero aún así tenía la misma respuesta para mi.
- No solo de esta vida, eres el amor de mis vidas pasadas y de las futuras. Es más estoy segura que en cada línea de tiempo que exista siempre Valentina Carvajal amará a Juliana Valdés.- dije viendo que con cada palabra que salía de mi boca su sonrisa se hacia más grandes y sus ojos se volvían más luminosos. - El te amo me queda pequeño princesa.- terminé decir bajo su dulce mirada.
Abrió su boca como si fuera a decir algo pero sólo suspiró sin lograr que nada saliera de esta. Volvió a sonreír, y sin poder expresar con palabras lo que su corazón sentía, me besó y sus labios me transmitieron el mensaje.
Si definitivamente es el amor de mi vida.