Vecinas.

1533 Words
Miedo, miedo miedo, sentía tanto miedo. Un nudo en mi estómago se apoderaba de mi, tenía tanto temor a perderla, tanto temor.   Entré a la habitación que compartía con mi esposa, del baño se oía el ruido del agua cayendo, Valentina se estaba duchando. Fui hasta la puerta, estaba entre abierta, la escuché cantar, cerré mis ojos, su voz era igual que la de un ángel, me aleje de la puerta ya que no me sentía ni digna de escucharla.   Nuestra habitación era blanca, sus paredes, las sábanas de nuestra cama, los muebles, todo era tan blanco que me enfermaba, me hacía sentir que yo era lo único oscuro dentro de ella. Me sentía sucia en medio de este paraíso, me dirigí caminando muy despacio hacia el gran espejo que teníamos al lado del armario.  Me busqué en el reflejo del espejo, pero no me encontraba. Estaba en el paraíso, sin duda me había casado con un ángel, al fin debía ser feliz pero aún así no me permitía serlo. Odiaba no permitirme ser feliz, me hacía sentir tan egoísta no poder disfrutar el bello momento que vivía con mi familia.   Vi mi imagen, vi cuerpo, mi cara y mis ojos apagados a través del espejo y no podía entender cómo nadie más veía lo rota que estaba, no podía entender cómo Valentina me podía amar así, sabía que cualquier día de estos ella se despertaría y se daría cuenta que no valgo la pena, me dejaría.   Puse mis manos alrededor de mi abdomen abrazándome a mi misma, Valentina me dejaría, ahora, en unos días, tal vez en algunas semanas, pero lo haría.  Estaba entré la espada y la pared.  Miles de pensamientos estaban en guerra en mi mente cuando la puerta del baño se abrió.  Mis ojos buscaron los suyos a través del espejo, y ella me miraba fijamente, sus ojos son tan claros, siento que penetran los míos.   Dile, pensé.  Lo malo de compartí tu vida con alguien que amas tanto como nos amábamos nosotras es el hablar sin necesidad de abrir nuestras bocas, abecés nuestros ojos hablaban lo que la garganta no se animaba a soltar.  Ella iba a decir algo cuando rápidamente tomé el control de la situación.  - Me tomaré una ducha yo también antes de irnos.-dije caminando hacia el baño.   Cuando pase por su lado, sonreí intentando conversarla a ella y a mi de qué yo estaba bien, por su cara sabía que no lo hacía.   Crucé la puerta del baño y la cerré. Puse mi frente sobre está, sentí su presencia al otro lado, podía sentir su impotencia por no poder ayudarme. Pero no era su culpa, toda la culpa era mía, yo no le permitía entrar, yo era la que me encerraba cada vez que estaba mal. Por muchos intentos que ella hiciera por salvarme de todo desde que me conoció había una persona de la cual ni mi valiente amor podría salvarme y era yo misma.  Eran las 21hs y estábamos yendo los cuatros con regalos, y un vino. Esperaba que esto más mis disculpas sean suficientes. Llegamos y vi como Valentina se reía antes de golpear, era tan infantil sabía que estaba disfrutando mi cara roja de vergüenza y todo el panorama.   - ¡Llegaron!.- dijo una joven mujer pelirroja que según Val se llamaba Jazmín.   Nos saludó con bastante emoción a los cuatros aunque noté que a Valentina quedo a medio saludó y me miró. Que vergüenza sentía en estos momentos seguro creía que era una psicópata de los celos y por eso la saludó de esa forma.   -¡ Gracias por la invitación!.- respondió Valentina abrazándola.   - ¡Si!.- dije con mucha actitud intentando hablar.   Ambas me miraron raro pues la situación fue extraña pero es que intentaba con todas mis fuerzas caerles bien y arreglar lo que había hecho.   - Pasen, pasen que se enfría la comida.- dijo ella muy simpática ignorándome.   - Tu casa es hermosa.- dije mirando a Jazmín mientras caminábamos.    - Gracias.- respondió ella bastante cordial pero sería, seguramente me odia por haber querido golpear a su esposa.   Pasamos los cuatros, su casa era una réplica de la nuestra aunque sus paredes estaban pintadas de muchos colores y tenían varias decoraciones pese a que estuvieron mucho menos tiempo eso me llamo mucho la atención.   La chica que había prácticamente atacado estaba armando la mesa grande y elegante. Me vio pero se hizo la distraída hasta que llegamos a su lado, juró que me sentía roja completa.   -¡Hola Vecinos!.- dijo sonriendo y que sea tan amable me hacía sentir aún más culpable.   Se acercó a saludar a los niños pero cuando iba a saludar a Valentina frenó.   - A vos mejor no te saludó, a ver si me quiere cagar a trompadas de vuelta. - dijo mirando a Valentina y señalándome mientras movía sus manos y hacía un sonido extraño con su boca.   - No, por favor salúdala. En verdad lo siento entendí mal, estoy tan apenada. - dije mirándola y acercándome a ella.   - Ya está no pasó nada, borrón y concha nueva, perdón, cuenta, borrón y cuenta nueva.- dijo Flor haciéndonos reír a todos.   Luego de presentarnos formalmente y agradecernos por los regalos todos pasamos a sentarnos a la mesa.  Valentina hablaba con flor y no podían parar de reírse, lo único que se sentía era boluda esto, boluda lo otro. Camila estaba muy entretenida, charlando con su osito mientras que Lorenzo estaba con su celular siendo tan sociable como de costumbre.  Yo intentaba reír antes los chistes aunque la mayoría no entendiera ni la mitad de lo que decían.  Jazmín apareció en la habitación con una gran bandeja y la puso sobre la mesa.   - Bueno les preparé Carne rellena, con vegetales asados, y puré de camote.- dije presentando su plato gourmet, el cual no sólo se veía delicioso sino que se olía aún más.  - Jaz es chef profesional en uno de los mejores restaurantes de Argentina. - comentó Flor muy orgullosa.  -Y mi nueva mejor amiga.- dijo Valentina haciéndonos reír.   - De hecho ahí es donde nos conocimos.- comentó Jazmín mientras nos servía la cena, Flor la ayudaba sirviendo las bebidas. Se notaba que eran muy unidas y una gran pareja.   - ¿Te enamoraron sus platos de comida?.- pregunté.   - No todo lo contrario, yo le critiqué uno de sus platos. Es muy gracioso, Yo estaba cenando en este restaurant con mi ex y comencé a quejarme de las porciones chicas que servían sin darme cuenta que la sexy Chef estaba detrás mío saludando a sus amigas.- comentó Flor mientras ponía dos vinos sobre la mesa.   - ¿ Fue amor a primera vista?. -preguntó Valentina.   -Más bien odio a primera vista.- respondió Jazmín sentándose en la mesa.   -¿ Y ustedes como se conocieron?.- preguntó Flor mientras el pánico me invadía.   Me ahogue con la saliva y empecé a toser, lo que llamó la atención de todos y nos dio más tiempo de contestar.   No habíamos pensando en que responder a estas simples preguntas.  ¿Acaso que debíamos responderle a eso?, que yo era la esposa de un narco, y Valentina era una policía Infiltrada en mi casa, o que tal vez la primera vez que la vi fue cuando ambas estábamos secuestradas.  Nuestra historia no empezó como la de la mayoría de las personas.   -En un bar.- Respondió Valentina al mismo tiempo que yo decía.   - En el hospital.- dije rápidamente contradiciendo sin querer a Valentina.   Nuestras vecinas se quedaron mirándonos.   - En un bar, el cual quedaba frente al hospital al que yo había ido a visitar a un amigo. Barbara era moza fue quien me atendió y de allí empezó todo.- respondió Valentina salvándonos mentía tan bien que casi le creía yo también si que no sabría la verdad.   -¿El tío Jacobo?.- preguntó Camila llamando la atención de todos.   -¿Qué?.- preguntó Valentina a la pequeña.   - ¿El amigo que habías visitado en el hospital era el tío Jacobo?.- preguntó nuevamente Camila con inocencia.   Miré rápidamente a Valentina, la expresión de su cara cambió, sólo escuchar el nombre de Jacobo era como una daga clavada en su pecho.   -No cariño, otro amigo. - respondió tragando saliva.- Ahora prueba la comida que cocino nuestra vecina y dime si esta rica.- dijo sonriendo.   Camila probó la comida y con una sonrisa afirmó dando a entender que si lo estaba.   - Esto está delicioso.- dije mirando a Jazmín.   -Gracias que bueno que les guste, pero no se llenen que todavía está el postre.- respondió ella.   -Estoy agradeciendo al universo que se hayan mudado al lado nuestro. - dijo mi esposa haciéndonos reír otra vez.  Me había casado con una payaso y era algo que agradecía pues la felicidad no era algo que brotaba de mi pero si era algo que Valentina constantemente lograba.   Pasamos toda la cena riendo, en verdad parecían dos mujeres muy divertidas. Valentina se entendía perfectamente con Flor, no podían dejar de reír entre ellas y tal vez sea por el vino. Mientras que con Jazmín disfrutábamos de la sonrisa y ocurrencias de nuestras esposas.  Estábamos levantando los platos para pasar al living.          
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