JULIÁN No podía creer lo imbécil que había sido con Eliza, todo lo que siempre he querido tener a mi lado, ella, sin pedírselo, me lo entregó en charola de plata y yo, como todo un maldito miserable, la desprecié. Ella siempre fue la mujer perfecta para mí, la mujer que siempre he soñado; pero cegado por Marion y su dizque amor, el cual, hasta ahora, me vengo dando cuenta que siempre fue falso, que caí como un pendejo en sus manos y ahora no tengo la menor idea de lo que voy a hacer. Me reí de mí mismo, porque Eliza solo fue a corroborar que realmente yo me casara con ella y obviamente se encargó de que me arrepintiera. Me encontraba sumido en mis pensamientos, no recordaba a quien tenía a mi alrededor, hasta que de pronto cada una de sus preguntas comenzaron a hacer eco en mi mente. —

