Sentí la ausencia de su cuerpo a mi lado hasta que la luz del sol entró por la ventana. Es extraño como me acostumbro a tener a este hombre cerca de mí y como llego a necesitarlo en ciertos momentos. Me incorporo lentamente de la cama, tomo mi teléfono de la mesa de noche y comienzo a caminar hacia la puerta para ir al piso de abajo a buscar al hombre que me cuidó durante la noche mientras yo lloraba hasta quedarme seca. Todavía siento su calidez por todo cuerpo, el sonido de su tranquilo corazón y la forma en la que me sostenía para darme a entender que él estaba ahí, que no me dejaría sola y que me protegería de todo. Sin embargo, no tuve la necesidad de dar ni cuatro pasos hacia la puerta porque él estaba en la habitación, sentado en el suelo al lado de la cama, con los ojos cerrados y el ceño fruncido. ¿Por qué esta dormido en el suelo si hay una enorme cama a su lado? Me acerco con mucho cuidado y en silencio para poder observarlo de cerca. Esta en la misma posición en la que estaba cuando lo sostuve en mis brazos en su estudio, pero esta vez está junto a la parte baja de la cama y no parece necesitar que le inyecten nada. Me hinco a su lado con cuidado y observo con atención su hermoso rostro dormido. ¿Cómo puede un mortal tener tremenda belleza? Es que cada pequeño sector de su rostro es hermoso y tan delicado como el pétalo de una flor. d***o tocarlo, pero temo que si al hacerlo, abra los ojos y pierda la línea del sueño. Quizá sea mi imaginación, pero parece como si él casi no lograra conciliar el sueño por las noches o quizá solo me estoy haciendo una película en la cabeza sobre él. Decido seguir el d***o de mi corazón y acerco mi mano muy despacio a su rostro. No parece sentir mi tacto, por lo que rodeo con delicadeza y con un solo dedo la perfecta línea de su labio inferior. Observo con atención su rostro y de inmediato mi corazón se hace un nudo al notar que incluso en los sueños algo atormenta su mente. Muy por debajo de toda la imagen que todos tienen de él, de los rumores y fotografías, es sólo un hombre atormentado y herido, alguien a quien sí miras con atención, entiendes que busca huir de algo o de alguien. Me asusto cuando mueve su cabeza ligeramente hacia el lado en el que me encuentro y su mejilla pega en la palma de mano. Que belleza hay en su rostro y que tormenta recorre su cabeza cuando él menos se lo espera. Una batalla entre la felicidad y el dolor se desata en su interior, ambos con d***o por tomar el control y siempre gana el dolor. La cálida gota que se arrastra por mi mano me hace posar mi mirada en sus ojos. ¿Acaso........esta llorando? No, no puede ser. Gabriel es incapaz de llorar frente a alguien. Pero...en este momento no sabe que estoy frente a él ni que lo que mantiene aferrada a su mejilla es mi mano. Muevo con delicadeza mi mano y me levanto en silencio del suelo. Este momento parece privado y algo que a él no le gustaría que yo sepa, por lo que debo disimular y olvidar todo para no preguntarle después. Cuando salgo de la habitación, suelto el pesado aire que estaba conteniendo y trato de calmar a mi corazón. ¿Que demonios lo torturaba en sueños para que llorara? ¿Que sucede con él para que necesite que lo inyecten? ¿Por qué amaneció en el suelo y no en la cama q mi lado? Muchas preguntas que deben evaporarse en el aire. Avanzo con decisión hasta la escalera y empiezo a bajarla rápidamente. Quizá su nana me pueda decir algo que me ayude a calmar esta ansiedad que siento al no poder hacer nada por este hombre. Cuando termino de bajar las escaleras, avanzo a toda prisa a la cocina y gracias al cielo la encuentro ahí. Ella sabe la historia de Gabriel, sabe lo que le sucede y lo que no, así que ella debe decirme todo. Necesito saberla. -Hola Va...-al ver mi expresión, detiene sus palabras y la sonrisa se borra de sus labios. Ahora no es tiempo de sonreír ni de formalidades. -Señora...-digo después de unos segundos en silencio mientras traté de calmar mis nervios. Esto es demasiado difícil.-incluso si usted no puede o no quiere decirme, buscaré por todos los medios y hasta por debajo de las rocas la historia de ese hombre que me cuidó toda la noche mientras lloraba...-su expresión cambia ligeramente. Necesito que me diga todo sobre él.-amaneció sentado en el suelo, con expresión torturada y...-mi garganta se hace un nudo y mi corazón, que ya deporsi estaba palpitando frenético desde antes, parece detenerse por ratos para volver a palpitar con furia en mi pecho.-y lloró cuando sintió mi tacto...-cubre su boca con una mano y casi parece perder el equilibrio. Puedo ver el afecto que le tiene a él.-¿que es eso que lo atormenta?...-sus ojos se llenan de lágrimas rápidamente. Es como si su expresión me respondiera a la pregunta. Esos segundos que ella pasó silencio mientras analizaba todo me impacientan lo suficiente como para querer irme de aquí. Gabriel es un desconocido para mí, una sombra rodeada de más sombras que poco a poco lo consumen más y más. -Es ella...-dice finalmente. Eso no responde a casi nada.-los recuerdos vienen y van cuando desean, clavando su aguijón y pudriendo su felicidad...-creo que estoy más confundida que antes. Las pocas piezas que tengo de Gabriel no se acomodan con esta nueva información. -¿Recuerdos de qué?...-digo en un susurro. Una parte de mí desea saber, pero otra me grita que no debo saberlo. Da unos pasos hasta quedar pegada al desayunador e inclina su cuerpo ligeramente para susurrarme algo. Espero que sea la respuesta que busco, pero en su lugar, sus labios se mueven lentamente mientras dejan salir las palabras "El sótano". ¿Que sótano? ¿Que tiene que ver un sótano con él? ¿Acaso tiene un trauma con un sótano o algo parecido? No entiendo una m****a de nada y ella no parece querer decir más. Parece que después de todo, tendré que buscar información de él en otro lado. El sonido de alguien acercándose me pone alerta de inmediato. Si es esa maldita mujer, me verá aquí y molestará a Gabriel un poco más. Si es Sophie, estoy segura que se comerá a Gabriel con la mirada y eso es algo que no d***o ver ni tolerar. Pero si es Samuel, tendré una nueva fuente de información sobre Gabriel. Cuando veo a Gabriel entrando a la cocina con su mirada atenta, con el ceño fruncido y ese extraño aire cargado de miedo saliendo de sus poros, no puedo evitar caminar rápidamente hacia él. Ha vuelto a la normalidad. Cuando sus ojos se clavan en mí, es como si una ola de vida le cayera encima y el miedo que desprendía hace un segundo se evaporara. ¿Acaso esta feliz de verme? Porque yo si estoy feliz de verlo. -Hey...-dice antes de colocar sus manos sobre mi rostro para mirarme mejor. El calor de sus manos me da tanta paz que casi me hace olvidar las preguntas que tenía hace un segundo.-creí que te habías ido...-me agrada que ya no me hable tan formal, me hace sentir que lo que dijo ayer por la noche es cierto. -Hoy no tengo ánimo para escapar de ti...-eso le arranca una ligera sonrisa. Sus ojos bailan hacia mi frente, bajan lentamente a mi mejilla y de último a mi labio. -Si hubiera llegado antes, esto no hubiera pasado...-esa expresión torturada y arrepentida me duele tanto como la que tenía cuando soñaba con ese algo que lo hizo llorar. El cálido beso que planta sobre mi frente hace que los tres golpes en mi rostro dejen de doler.-lo siento mucho...-niego con la cabeza en respuesta y alzo la mirada lentamente. No quiero escuchar disculpas de un inocente. -Me salvaste y me cuidaste toda la noche, ¿cómo puedes disculparte por algo que no has hecho?...-desvía la mirada hacia algún punto en el suelo y por un pequeño instante, creo ver a un niño pequeño en lugar de a un adulto. -Esta clase de cosas te seguirán sucediendo por mi culpa...-se aleja unos pasos, todavía sin mirarme, con la mandíbula apretada y con el enojo recorriendo su sistema. Estoy segura de que tiene más de un enemigo, pero no tengo miedo de ello. No puedo sentir miedo de cada persona que lo rodea porque entonces me tendría que privar de la oportunidad de estar a su lado. Me negaba a aceptar lo que sentía hacia él, pero ahora los sentimientos recorren mi sistema como sangre en mis venas y me impiden ocultarlos. -¿Por qué dices que es tu culpa? ¿Por enamorarte? ¿Por ser diferente a ellos?...-desvía su rostro hacia un lado para evitar aún más mi mirada. Desearía entender más de él, leer sus pensamientos y saber cuando ayudarlo.-Gabriel...-me acerco a él y sujeto su rostro con ambas manos. Es mi turno de decirle las cosas.-me enamoré de ti...-paso una mano por su cabello con mucha delicadeza y le regalo una pequeña sonrisa. Ya está, ya lo dije y no me arrepiento.-la posibilidad de tener un camino sin piedra alguna es de un veinte por ciento, ya que siempre aparece aunque sea una pequeña y hace tropezar hasta el más fuerte e inteligente...-sus ojos azules están fijos en los míos. Su belleza es tan cegadora y tan fuerte que casi me hace perder la línea del pensamiento.-Jane Austen escribió que todos somos tontos en el amor y no se equivocó...-no sé lo que sea que estamos sintiendo uno por el otro, pero si es amor, si realmente es ese sentimiento del que hablan todo el tiempo, no hay espacio para la duda.-si quieres comprobarlo, Brontë y Shakespeare lo probaron en sus obras...-eso le arranca una ligera sonrisa. Se ve tan hermoso cuando sonríe.-podría darte todas las pruebas que vienen en los libros sobre el amor, si eso es lo deseas o podría atacarte con los versos más hermosos que aún así me quedaría atrás con lo que realmente siento por ti...-sus manos se aferran con delicadeza y necesidad a mis brazos. Parece que finalmente puedo leer lo que esta pensando.-pero oye, yo solo soy la tonta que siente mariposas en su estómago cada vez que apareces...-eso le arranca una ligera risa. Este hombre es tan hermoso. Me acerca con delicadeza a su cuerpo y me abraza con suavidad. El calor que emana de él trae consigo la seguridad de que mis palabras lo han conmovido y convenido de que sin importar el costo, me quedaré a su lado. El sonido de que me ha llegado un mensaje no interrumpe este delicioso y fantástico cálido abrazo. Quiero quedarme aquí todo el día. Entre sus besos en mi cuello, entre sus caricias en mi espalda y la cálida sensación de estar protegida. Saco el teléfono de mi bolsillo rápidamente para mirar la notificación de quien ha sido el que lo envió y cuando veo el nombre de mi madre me quedo de piedra. Tres días. Han pasado tres días. Bajo la barra de notificaciones lentamente y leo lo que me ha escrito: "Tengo el archivo. Te lo daré en el restaurante esta tarde." Uno de mis objetivos está por cumplirse, pero me he hundido en un problema que no vi venir ni al que le encuentro una solución: Me enamoré de Gabriel Stoker