La panza de Noa ya se notaba.
A veces se sorprendía a sí misma acariciándola por horas, hablando bajito, como si dentro de ella no solo creciera una vida, sino también una pregunta que no se atrevía a formular en voz alta.
Elian estaba más presente que nunca. Preparaba infusiones con pétalos que brillaban en la oscuridad, le tejía mantas con hilos que cambiaban de color según el clima de su alma, y le contaba leyendas antiguas mientras la luna se deslizaba por el cielo violeta.
—Este niño no es como los demás —le decía con voz suave—. Es el primero. El único. El que puede sanar la g****a entre los mundos.
Noa sonreía. Quería creerle. Pero también empezaba a sentirse vacía en lo profundo. Como si, al entregar todo de sí, hubiera dejado de ser ella misma.
Las noches eran las peores. El sueño la empujaba a pesadillas donde no podía gritar. Veía a mujeres encerradas en cámaras de cristal, escuchaba llantos de bebés lejanos, y siempre, al final, una sombra con ojos dorados la observaba desde las ramas más altas del bosque.
Una de esas noches despertó sudando. Tenía la necesidad urgente de ver el libro. Crónicas del Primer Engaño. Lo había escondido entre las raíces de un árbol hueco, temerosa de que Elian lo descubriera.
Pero cuando llegó al escondite... ya no estaba.
—¿Lo perdiste? —preguntó Elian esa mañana, casual, mientras revolvía un brebaje.
Ella negó con la cabeza, aunque no dijo nada más.
Él la miró con una sonrisa que no le alcanzó los ojos.
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Días después, le propuso un viaje.
—Hay un lugar al otro lado del bosque. Sagrado. Allí comenzó todo.
—¿Qué comenzó?
—Nuestra historia. Tu historia. Allí entenderás por qué este niño es tan importante.
Noa sintió un escalofrío. Su primer impulso fue decir que no. Pero luego pensó en el libro desaparecido, en los sueños. En la duda que la carcomía como una polilla silenciosa.
Aceptó.
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Mundo humano – tres años después
Lucas ya no era el mismo.
Las primeras semanas sin Noa fueron caos: denuncias, búsquedas, carteles con su cara en las calles, interrogatorios. Nada.
Después, vino el silencio.
Nadie supo cómo, pero él nunca se rindió. Empezó a buscar en rincones olvidados de internet, foros ocultos, libros malditos. Aprendió a ver patrones en las nubes, símbolos en la corteza de los árboles, voces en el viento.
Descubrió un grupo de personas que hablaban de las brechas. Lugares donde la realidad se desgarraba y alguien podía "caer" a otro lado. No lo dudó. Se metió de lleno.
Pagó con tiempo, con salud, con lo poco que le quedaba. Pero no importaba.
—No me importa si no me perdona. No me importa si me odia. Solo quiero saber que está viva —decía a quien quisiera escucharlo.
Soñaba con ella. A veces la veía reír. Otras veces, lloraba mientras le arrebataban algo de los brazos. Y entonces, despertaba con el pecho ardiendo.
Una noche, el sueño fue distinto. Más claro.
Ella estaba parada frente a un portal.
Y al otro lado… un mundo azul y dorado la esperaba.
Lucas se despertó de golpe. Y supo que tenía que llegar ahí.
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Bosque encantado
Elian sostenía la mano de Noa.
—¿Estás lista?
—No sé si alguna vez lo estaré —murmuró ella.
La g****a brillaba frente a ellos. Como un espejo de agua suspendido.
—Al otro lado, todo va a tener sentido —dijo él—. Vas a entender por qué el universo nos eligió.
Noa asintió. Pero justo antes de avanzar, sintió algo.
Una vibración muy tenue, muy lejana. Como si alguien pronunciara su nombre al otro lado del tiempo.
Era imposible.
Pero su corazón… lo reconoció.
Lucas.
Y entonces dio un paso.
Y la g****a la tragó.