Amor sádico y fatal.

1868 Words
Eván Harvey y Caym se encontraban en otra habitación de la lujosa mansión del multimillonario Morgan Lloyd. A diferencia de los buenos modales del magnate. Ambrose era un poco mas arrogante con el brujo de magia negra. Abrazaba al brujo con su mano derecha, la cual bajaba hasta sus glúteos. En la habitación el demonio había colocado un poco de música y se movía de forma muy provocativa al ritmo de ésta. —¿Dónde prefieres que te haga mío? —inquirió el demonio, cual era mucho más alto que Eván. La habitación era hermosa no obstante el estudiante de medicina intuía que se refería a en qué lugar de la habitación prefería ser penetrado por Caym. El demonio tomo la mano del barista y lo llevo hasta el baño, cual tenía un hermoso piso de mármol blanco pero lo que destacaba era el jacuzzi blanco donde el demonio deseaba ingresar junto a Eván Harvey. Ambrose O’Sullivan (Caym) lentamente desabotonaba la camisa de Harvey, mientras esté último desabotonaba el pantalón del demonio. Repitiendo el mismo paso, uno con otro. El demonio llevaba unos boxer Calvin Klein, mientras que Eván Harvey portaba unos jockstraps de algún diseñador emergente. —Viniste preparado, ¿De casualidad puedes ver también el futuro? —inquirió el demonio, con un tono algo arrogante. Mientras con sus manos bajaba por la espalda del brujo hasta posicionarlas en las posaderas. Caym acercó su rostro al de Eván, fijando sus ojos color miel, cerca los ojos celeste del estudiante de medicina. Una sonrisa diabólica se dibujó en el rostro de aquel demonio y rápidamente robo un beso de los labios de Harvey, quien correspondió dicho beso y guío lentamente al demonio hasta el jacuzzi, que esperaba encendido por los dos hombres para que ingresarán en el. Pronto música rock comenzó a sonar en la habitación y fue en ese momento en el que la pasión se intensificó en dicho jacuzzi, los dos hombres jugueteaban con sus lenguas mientras el demonio mantenía sus manos en las posaderas del brujo de magia negra. mientras el acto s****l sobrepasaba el punto cúspide. Ambrose gustaba disfrutar mucho del sexo (quizás como todos los demonios con los que ya había estado). Pero él, a diferencia de Cédric y Jacob Hoffmann. Parecía desear sentir poder sobre otros, hacer sentir inferior a su hombre pasivo. Eván tomo este rol con él, hizo sentir al demonio que tenía control total sobre todo su ser, llenándolo de placer, hasta el punto en el que Caym ya no necesitaba siquiera utilizar sus manos para controlar los movimientos sexuales de Harvey. Ambrose O’Sullivan mantenía su espalda recostada del jacuzzi y con sus ojos color miel observaba a su amante realizar exactamente todo lo que él quería. El médico realizaba el acto s****l, pero también trataba de ser sensual para el demonio multimillonario. Quien al estar extasiado de tanto placer pudo finalizar satisfactoriamente. Caym, parecía complacido. Recostado del borde del jacuzzi, mientras que Eván Harvey posaba su cabeza en el pecho del demonio, cansado, con el corazón acelerado, pero satisfecho de su arduo trabajo como amante de un demonio con tanto poder. No sólo eso, también de haber explotado una faceta que nunca había tomado en una relación s****l. —Vaya, Asmodeo sabe elegir bien. —murmuró el demonio, tomando la mano de Eván, para salir del jacuzzi. Y secar sus cuerpos con toallas blancas del baño. —Estoy muy complacido, espero Morgan también lo esté. Eván Harvey también había quedado muy complacido, pero lo único que le interesaba en ese momento era la poción para curar a Asmodeo. El resto no le interesaba. «¿Cómo le irá a Mikael?» Preguntó a sus adentros, cuando repetidamente alguien comenzó a golpear la puerta de la habitación en la que el estudiante de medicina y el ser demoníaco se encontraban. Caym se dirigió hasta la puerta y abrió sin ningún pudor de que pudieran verlos a ambos desnudos. Se trataba de un mayordomo, un hombre de edad avanzada, pero de una vestimenta y aspecto muy pulcro. Este observó a los dos hombres desnudos sin siquiera inmutarse y decidió hablar con Ambrose O’Sullivan. —Mi señor Ambrose O’Sullivan, el señor Morgan Lloyd lo espera en la sala de estar. Para hablar de asuntos importantes con usted. —el señor hizo una reverencia y se retiró de la habitación. El demonio con una sonrisa juguetona volteo a ver a Harvey y pidió a este vestirse. Aunque en aquella mansión parecía no importar si alguno de ellos estaba vestido o desnudo. Ambos vistieron de finas prendas Valentino y bajaron al primer piso. Allí en la sala los esperaban Morgan Lloyd y Mikael Abrahams, quiénes conversaban. Harvey pudo notar que su compañero no lucía muy preocupado, por otro lado él como estudiante de medicina que era, podía juzgar que no se sentía muy bien. Quizás aunque la había pasado excelente con Caym en aquel jacuzzi, sentía un poco de mareo o nauseas. Sin embargo, eso no era impedimento para él tratar de lucir lucido o de buen aspecto, aunque al ver las sillas, lo primero que hizo fue sentarse en una de ellas. El demonio se sentó al lado de Eván Harvey y sonrió elevando sus dedos hasta sus labios, retirando de estos un envoltorio, que parecía plástico. La mirada del brujo cambio rápidamente, a una de ira. —Parece, que ya el veneno te está haciendo efecto, ¿Verdad? —explicó el demonio. Levantándose de su asiento para acercarse hasta Morgan Lloyd, quien mantenía una cara de tristeza. —Mi amor, no te pongas triste. Ya te encontrare otros juguetes. —mencionaba el demonio, mientras mordía la oreja del humano. El modelo profesional no comprendía lo que sucedía, sus labios se encontraban entreabiertos. Pero el rostro de Morgan Lloyd solo decía que aquello era una trampa, tanto para el modelo como para el médico. —¿De verdad creyeron que nosotros les ayudáremos a salvar a Asmodeo? —El demonio, introdujo su mano en uno de los bolsillos del saco de vestir rojo que tenía y tomo un frasco con un líquido incoloro para beberlo. —Lo que acabo de beber es el antídoto, no te preocupes Eván Harvey. Me asegure de colocar una dosis mortal a todos mis besos, deberías morir en menos de quince minutos. —el ser infernal mantenía una sonrisa que podía ser comparable a la de cualquier demonio. El rubio de ojos celestes lentamente se iba debilitando, su vista comenzaba a nublarse y el mareo comenzaba a intensificarse. —Debo decirles, que ese veneno es creado por el mismo libro de hechizos, se llama “La última despedida” Ningún medicamento humano podrá salvarlo. —aclaro Caym. —Solo un antídoto del libro podrá salvarlo, pero… ¿Tendrán el tiempo necesario para prepararlo? —el demonio pronto invoco una espada y la apuntó contra Mikael Abrahams. —Y tú… Agradece que te cortaré la cabeza y no tendrás que sufrir como tú amiguito, el simple hecho de que mi amado sienta algo por ti, me repugna. ¿Debería más bien desgarrarte el rostro con mis garras? Así mi amado podrá recordar cómo cambie ese bello rostro, sería incluso poético. Al menos para mí. Cuando Caym se disponía a blandir la espada contra Mikael Abrahams, Morgan Lloyd conjuro una técnica de viento. —Aeromancia básica. Conjuro número cuatro de viento Muro de Viento. Ventus: Murus. Una ráfaga de aire comenzó a rodear a Mikael, imposibilitando que el demonio pudiera alcanzarlo con su espada. Rápidamente, de su saco de vestir tomo un frasco y lanzó esta pócima de líquido incoloro, que parecía ser un antídoto como el utilizado por Caym hace algún momento. —Con eso podrás curar a Eván. Ahora váyanse, la poción para curar a Asmodeo ya la tienes. Yo me encargaré de Caym. —Sabia que en algún momento me traicionarías, ¿Crees que voy a dejar ir a estos imbéciles? Sabía que tú amor por ese modelo te haría cambiar. Me desharé de él y luego me encargaré de ti. —Mikael rápidamente utilizó su hechizo (Ventus: Volant) y escapó, tomando rápidamente a Harvey. Morgan, por otra parte trataría de enfrentar al demonio. Que por su actitud y confianza parecía ser muy poderoso e inteligente. No obstante, eso no le quitaba lo despiadado. —Morgan, sabes muy bien… que no podrás contra mi. —Cállate, acabaré contigo aquí y ahora. —¿Estás molesto conmigo? Sabes muy bien que soy celoso —contesto el demonio. —No me gusta verte sucumbir ante la belleza de otros. Por eso he asesinado a todos en los que te fijas. —aclaro el ser infernal. Mientras extendida de sus espaldas unas hermosas alas negras, no obstante Morgan apunto con su dedo índice a “Ambrose O’Sullivan” y comenzó a disparar balas de aire contra él. Pero sus balas no parecían afectarle, las alas del demonio eran utilizadas como escudo y parecían inmutables ante sus conjuros. Pronto, paso de la defensiva a la ofensiva, repeliendo estás balas de aire con su espada. Las balas de aire repelidas impactaban contra los diferentes muebles y artefactos de la sala, rompiendo todo a su paso. Pronto el semblante agresivo de Ambrose cambio a uno más pacificó. —Tranquilo Morgan, se que estás molesto —. Los ojos del demonio denotaban tristeza y se acercó lentamente hasta el multimillonario. Quien no dejaba de apuntar con sus dedos al malévolo ser. —Siempre pasamos por lo mismo —continuo. —Ya veraz que cuando termine con la vida de Mikael, lo nuestro volverá —pero fue interrumpido por Morgan —¡No permitiré que le coloques tus sucias garras a Mikael! —¿Qué me detendrá? —contesto entre risas el demonio. Rápidamente, Lloyd apunto con ambos dedos índice de sus manos. —Aeromancia intermedia, Conjuro uno. Viento, Bomba de Aire: Ventus: Aeris Sentinam. —de sus dedos se disparó una fuerte ráfaga de viento que lanzo contra la pared al demonio. Rompiendo está con fuerza y generando una explosión de aire que rompió incluso todo vidrio o elemento frágil en la sala. Pero cuando Morgan se disponía a terminar con Caym, este rápidamente escapó elevándose con sus alas, en búsqueda de Eván y Mikael. Los hombres y mujeres que trabajaban en la mansión se sorprendieron por la fuerte explosión y se acercaron al lugar de lo sucedido. Una de las damas de servicio se acercó a verificar el estado del señor Morgan Lloyd, quien debido a la explosión de aire se había golpeado contra un muro. —Señor Lloyd, ¿Se encuentra bien? —preguntó la mujer, acercándose a él. —No me esperen, tengo asuntos pendientes. —explicó el multimillonario, levantándose del suelo. —Pero mi señor, ¡Esta lastimado! ¿Piensa salir así? —Pregunto la mujer con desesperación. —Debo realizar un largo viaje. —el multimillonario bajo hasta su sótano, donde guardaba su colección de automóviles de carrera y tomo su moto más veloz. Con la que seguiría al demonio, que gracias a un GPS oculto en las ropas del ser infernal, sería fácil de rastrear.
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