Morgan Lloyd les sonreía y la comida llegó más rápido de lo que cantaba un gallo. La comida se veía exquisita, estaba perfectamente adornada. Había carne, comida que provenía también del mar, un vino costoso e incluso postres por si preferían algo dulce.
—Verán, en este preciso momento —Dijo Morgan mientras observaba a su demonio de manera sonriente. Y él daba un bocado a un pastel de fresas, quien también reía de forma burlona.
—¿Cuál es su nombre? —inquirió Morgan.
—Se llama Asmodeo —respondió Caym.
—Ah… si, él —continuo, mientras con su tenedor y cuchillo cortaba la carne en su plato. Y la llevaba a su boca, dando una probada.
—En este preciso momento, la vida de Asmodeo tiende de un hilo —. Dijo el caballero, mientras limpiaba sus labios con una servilleta. Y veía fijamente a Eván.
—Asmodeo tiene un fatídico final y este se puede apreciar en su futuro. —continuo.
Eván sin embargo, al escuchar estás palabras quedó paralizado y sus labios temblaban por el simple hecho de lo que pudiera sucederle a Jacob Hoffmann (Asmodeo).
—¿Dónde está Jacob? —Harvey se levantó de su asiento y golpeó con su mano la mesa en la que platicaban.
El fino caballero no perdió los estribos por los modales del joven, después de todo comprendía esa atracción por el pecado capital de la lujuria. Cualquiera sucumbiría ante un ser capaz de saber completamente los deseos sexuales del hombre.
—Tranquilo, ya tocaremos ese tema.
—No nos interesa su vida en lo más mínimo, pero estamos dispuestos a ayudarlos. Si cumplen con un requisito, claro está... El solo consigue su muerte si nosotros no interferimos. Y como hombre de buena fe, deseo ayudarlos, solo si ustedes acceden a mi petición. —Eván Harvey miro a Mikael Abrahams, preguntándose qué clase de petición podía solicitar un hombre que tenía absolutamente todo lo que cualquier ser humano común y corriente desearía tener en su vida.
—Soy un hombre que goza de mucha suerte en esta vida. A diferencia de ustedes claro está. —sonrió
—Lo único que deben hacer, es acceder a cumplir nuestras fantasías. En las cuales están ustedes dos incluidos. —El caballero acomodo su corbata y observo directamente a los ojos del modelo y el barista. Quienes estaban sorprendidos por aquella petición.
Para ellos tener un momento de placer con un hombre tan poderoso era casi como un alago, para cualquier persona normal sería como un interruptor a subir el ego. No todos los días podías contar la historia de cómo un hombre multimillonario te invitaba a su Rolls-Royce a comprar trajes costosos en Dior e invitaba al restaurante más fino de Nine Elms.
Además, Morgan Lloyd y Ambrose O’Sullivan (Caym). Eran endemoniadamente atractivos. Pero, lo más importante de todo era la posibilidad de salvar a Asmodeo, el príncipe infernal de la lujuria.
—He fabricado una poción del libro de hechizos, especialmente para este día. Contiene los ingredientes necesarios para curar a Asmodeo. Y será suya, luego de que ambos se entreguen a nosotros.
La petición era algo dudosa, Abrahams se tomó un momento, y cito a Harvey a conversar unos minutos sobre la propuesta que Morgan Lloyd ofrecía a ambos, fuera del fino restaurante.
—¿Tú le crees? —preguntó el modelo a Harvey.
Ambos conversaron en voz baja sobre lo que ocurría, y mientras más tardarán en acceder a las peticiones de Lloyd la vida de Asmodeo podría desvanecerse.
Luego de una conversación algo larga regresaron al restaurante. Lo que hablaron era un secreto, pero seguramente con los conocimientos sobre el futuro que Morgan y Caym poseían, ya debían saber incluso lo que ellos habían conversado.
—¿Entonces?... ¿Están listos para entregarnos sus cuerpos? —Los alimentos pedidos habían quedado prácticamente intactos, ni Eván o Mikael habían dado una probada a la comida.
Luego de pagar la cuenta, regresaron al Rolls-Royce Limousine donde encenderían un poco a Morgan y Caym. Abrahams se sentó sobre las piernas de Morgan Lloyd. Susurrando cosas al oído del multimillonario, quien parecía extasiado por aquellas palabras, el hombre posiciono sus dos manos en los glúteos de Mikael, y el modelo luego con sus dientes mordió de forma sutil la oreja de Lloyd, al que parecía gustarle absolutamente todo lo que el modelo hacía con él. Se dirigieron a Bishops Avenue, donde vivían Morgan Lloyd y Caym.
Tardaron algunos minutos en llegar por el tráfico, pero en la parte de atrás de la limusina habían calentado lo suficiente como para pasar a la segunda ronda. Abrahams no tenía planeado llegar tan lejos con el multimillonario, pero el placer se había intensificado a un punto en el que su plan original había cambiado. Deseaba robar aquella poción. ¿Pero como podía obtenerla sin morir en el intento?
Los besos de Morgan afloraban el lado más salvaje de Abrahams quien no podía detener aquel placer desbordante que sentía con cada rose de los dedos de Morgan Lloyd con su piel y la respiración en su oído y el sentir el del caballero cerca del suyo.
El cuerpo del multimillonario estaba muy bien trabajado, se notaba la importancia que este tenía con su físico y salud. El hombre llevo a Mikael hasta una hermosa habitación con espejos en la parte alta, comenzó a desabotonar cada uno de los botones de su camisa mientras el modelo lo esperaba acostado en la cómoda cama. Pero a pesar de encontrarse totalmente dispuesto a entregarse a Morgan Lloyd, también pensaba en Asmodeo que necesitaba la poción, y también en Bathin, que era su demonio y también pareja sentimental.
—¿En que piensas? —preguntó el multimillonario con esa elegante voz que podía hacer derretir cualquier corazón frío. Abrahams no respondió, pero mordió su labio inferior esperando a que el hombre se apresurara a desabotonar su camisa.
Morgan había dejado al descubierto su cuerpo, manteniendo únicamente sus pantalones de vestir negros. Abrahams bajo esos pantalones y se posicionó en las piernas de Lloyd.
—¿Sabes algo? Me has gustado desde hace mucho tiempo, desde que te vi en revistas por primera vez—le confesó el multimillonario, que con sus manos tocaba el abdomen marcado de Mikael Abrahams y subía lentamente hasta sus pectorales.
—¿Por qué nunca me contactaste?
—Soy algo tímido, pero estoy feliz de tenerte aquí conmigo. —Morgan subió un poco y dio un beso en los labios del modelo.
—¿Qué sientes en este momento? —. Preguntó el multimillonario al modelo. Abrahams sonrojo por dicha pregunta, la confesión de Morgan Lloyd lo tomo por sorpresa, tanto que incluso su corazón comenzó a latir, quizás por sentimientos encontrados. A pesar de que en todo el camino habían tenido satisfacción s****l parecía que crecía algo más entre ellos.
En la habitación había una pequeña nevera, en la cual Morgan guardaba hielo y también vino Château Lafitte. Sirvió un poco para ambos, y decidió conversar un poco con Mikael Abrahams.
—Me hubiera gustado conocerte, en otras circunstancias —el multimillonario observó al suelo un segundo y fijo nuevamente su mirada al modelo, entregando a él una copa de vino.
—Pienso lo mismo. —respondió Abrahams.
El hombre dio un sorbo al vino y lo coloco sobre una mesa de la habitación. Abrió el primer cajón y tomo un pequeño frasco con un líquido carmesí en su interior. Mientras su rostro placentero cambiaba lentamente a uno de tristeza.
—¿Qué sucede? —Preguntó el modelo.
Morgan Lloyd se acercó hasta Mikael Abrahams y dio a este, quizás el beso más apasionado que recibió en su vida. El cual correspondió, como si ese beso perteneciera incluso al mismo Bathin. Al finalizar, entrego a él aquel pequeño frasco a Mikael.
—¿Qué es? ¿Es la poción?
—Si, es toda tuya.
Mikael Abrahams tomo con sus manos las mejillas de Morgan Lloyd y beso de forma intensa al multimillonario, el hombre se acostó en la cama y bajo el pantalón del modelo. Lloyd tomo la cintura de Mikael, y lentamente con sus manos bajo hasta sus glúteos, dando en ellos palmadas. No era necesario especificar que su encuentro s****l no lo olvidarían jamás.
Lo que era seguro, es que Abrahams recibiría una buena dosis de pasión ardiente por parte de Morgan Lloyd.