Capitulo especial

598 Words
El Firmamento de Plata El invierno que había amenazado con devorar el mundo finalmente había cedido. No por el paso natural de las estaciones, sino porque el corazón de la tierra había vuelto a latir. Me encontraba en el balcón de la reconstruida fortaleza de la Manada Rosa Negra. Ya no era una prisión de piedra oscura, sino un santuario de cristal y madera de pino, abierto a los vientos y a la luz. Abajo, en el valle, el movimiento era constante. Lobos de diferentes manadas, que antes se habrían degollado por una disputa de territorio, trabajaban juntos. Los Guardianes de Plata, ahora libres del fanatismo de Selene, enseñaban a los Omegas a canalizar su magia para sanar la tierra quemada. Sentí unos brazos fuertes rodear mi cintura y el aroma a bosque y tormenta inundó mis sentidos, trayéndome una paz que todavía me parecía un milagro. -Estás pensando demasiado otra vez, mi Luna -susurró Michael contra mi oído. Su voz era suave, despojada de la tensión de la guerra. -Pensaba en el camino -respondí, apoyando mi cabeza en su hombro-. En cómo hace poco más de un año, este mismo balcón habría sido mi sentencia de muerte. Michael me giró para que lo mirara. Sus ojos dorados, ahora permanentemente moteados de plata, brillaban con una devoción absoluta. -El destino nos dio las cartas, Elaine, pero tú fuiste quien cambió el juego. No somos el resultado de una profecía. Somos el resultado de cada vez que decidimos no rendirnos. Nuestra unión había cambiado la naturaleza misma de los hombres lobo. El vínculo ya no era una cadena de propiedad, sino una red de poder compartido. Michael seguía siendo el Alfa, la fuerza y el escudo de su pueblo, pero yo era la Luna de Plata, la guía y la fuente de su equilibrio. Juntos, habíamos instaurado el "Consejo de los Iguales", eliminando las castas que habían podrido a nuestra especie durante siglos. -¿Cómo está ella? -pregunté, mirando hacia la pequeña cabaña en el linde del bosque. -Alistair dice que ha empezado a hablar -respondió Michael con cautela-. Todavía no tiene su loba, y quizá nunca la recupere, pero Kathy está ayudando con las crónicas. Está escribiendo la historia de cómo la ambición casi nos destruye. Es su propia forma de penitencia. Saber que mi hermana estaba viva y encontrando un propósito, lejos del trono y las sombras, era la última pieza de mi propia sanación. De repente, un aullido resonó en la distancia. No era un aullido de guerra, sino de celebración. Los jóvenes cachorros de la manada corrían por la pradera, sus pelajes brillando bajo el nuevo sol. -El mundo es diferente ahora, Elaine -dijo Michael, tomando mi mano y entrelazando nuestros dedos-. Ya no hay "parejas rechazadas". Solo hay almas que eligen su propio destino. Miré hacia el cielo. Aunque era de día, una luna pálida y plateada era visible, un recordatorio constante de que la luz siempre vigilaría a las sombras. El hilo rojo que una vez me hizo llorar de dolor se había transformado en un firmamento entero de posibilidades. -No somos el final de la historia, Michael -dije, sonriendo mientras él me besaba con la ternura de quien sabe que tiene toda la eternidad por delante-. Somos el prefacio de un mundo que finalmente es libre. Hundimos nuestra mirada en el horizonte, donde las montañas ya no parecían barreras, sino puentes hacia lo desconocido. La Manada Rosa Negra había muerto, pero de sus cenizas, la Manada de la Luna de Plata se alzaba, fuerte, justa y, por primera vez, verdaderamente unida.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD