Lucía
Mi cabeza está a punto de estallar y puedo percibir cómo absolutamente todo en mi entorno me da vuelta.
Durante el último tiempo estuve sumergida en el más profundo de los sueños. O más bien una pesadilla, no quiero regresar a ese horrible lugar.
—Lucía — Un hombre centra su mirada en la mía— Parpadea una vez si puedes oírme.
No estoy segura si puedo hablar, recuerdo que en mis sueños intenté gritar con todas mis fuerzas, pero nunca lo logré. Me sentía impotente porque tampoco lograba llorar, ni gritar, sentía que el dolor me consumía y no lograba expresarlo.
Hice un gran esfuerzo, pero logré parpadear una vez, seguidamente, intente mover mis labios para emitir alguna palabra, pero es inútil, no puedo hacerlo.
—No te esfuerces — Me pide él
No puedo evitar centrar mi vista en él, sus ojos verdes destilan una dulzura que me proporciona una gran tranquilidad.
Es extraño porque por un lado, él me parece un auténtico desconocido, pero, por otro él me parece muy familiar. Algo en mi interior me grita que ya lo he visto antes.
Observé cada facción y detalle de su rostro con detenimiento, intentando recordar algo que me parecía esquivo. Su cabello, rubio y ondulado, caía en suaves cascadas alrededor de su rostro, enmarcando su piel pálida. Sus ojos, de un verde claro y penetrante, parecían ser el único contraste vibrante en su rostro sereno; eran como esmeraldas iluminadas por la luz de la luna, cargadas de un misterioso resplandor.
Su barbilla, ligeramente prominente y en forma de candado, daba a su perfil un toque distintivo, acentuando la delicadeza de sus rasgos.
—Tranquila, nena, llamaré a alguien.
No comprendo porque razón él escuchar esas palabras me provocó terror. Un terror que siento que nunca antes había experimentado.
—¡No! ¡No!— Exclamé eufórica
No logro contener mis sollozos, ni dejar de gritar.
No quiero que me vuelvan a lastimar ¿Acaso no me han hecho el suficiente daño?
Él sostiene sus brazos con fuerza debido a que deseaba arrancarme el suero de mis muñecas para salir corriendo. No comprendo porque me siento insegura, cómo si alguien quisiera lastimarme.
—Lucía , quieta por favor —Me suplica
—Ya no me lastimes, por favor. —Le suplico
—No te haré daño, lo juro, me llamó Cristián Cifuentes, soy tu médico.
Siento que el aire está a punto de abandonar mis pulmones y el corazón se me saldrá del pecho. Inhalo y exhaló repetidas veces.
Me siento aterrada y confundida, no recuerdo absolutamente nada y el lugar en que me encuentro, el hombre a mi lado son ajenos y me aterran, el mundo me aterra. No comprendo porque pienso que todos le quieren hacer daño.
— Calma, Lu —Réplica
¿Lucía?
¿Quién es Lucía?
¿Quién es ella y quién soy yo?
—¿Dónde estoy? Por favor no me hagas nada—Le suplico entre lágrimas
— Tranquila no te haré nada, preciosa, estás en el hospital porque sufriste un accidente, por favor quédate quieta, no quiero que te hagas daño.
Rápidamente, él intento colocar el respirador en mi rostro, pero yo me aleje aterrada.
—¿Qué es esa cosa?— inquiero temerosa
—Calma, Lucía , con este aparato podrás respirar.
—¡No lo quiero!— Espete molesta
—Estás muy agitada—Formula calmado— Intenta respirar conmigo
— ¿Quién es Lucía? — Repliqué
—Tú eres Lucía.
—No soy yo, ese no es mi nombre.—Afirme
— Bien, preciosa ¿Cómo te llamas?
Cuándo él pronunció esas palabras caí en cuenta de que no sé cómo me llamo. No recuerdo mi nombre ni absolutamente nada sobre mí.
—No se, no se nada ¿Por qué no sé cuál es mi nombre?— Indagué
—Tranquila debes estar abrumada ¿Qué es lo último que recuerdas?.— Pregunta
—Nada, tengo mi mente en blanco
Miles de lágrimas empaparon mi rostro por completo y Cristián no tarda en estrecharme entre sus brazos intentando contener mi dolor. No puedo creer que no recuerde mi nombre ni nada de mí.
En principio, estaba renuente, pero empecé a sentirse cómoda al estar entre sus brazos. Es extraño, pero tengo la sensación de que nunca antes me habían abrazado.
—¿yo soy Lucía ?—Replique por tercera vez—Señor
No recuerdo cómo se llama él y lo acaba de mencionar hace unos cuantos segundos.
—Dime Doctor Cifuentes o Cristián.
—Doctor guapo— Digo y me percato de que él disimula una sonrisa
—¿Qué es lo último que recuerdas?—Réplica Cristián
—Nada
—Haz un esfuerzo —Él insiste —Lo que sea un nombre, una palabra, una imagen.
—Recuerdo que me ahogaba y no podía salir del agua.
Aún siento que el aire me falta al recordar el mar y el terror que sentía al no lograr llegar a la superficie.
—Ya estás bien, estás a salvo —Me asegura sin dejar de abrazarme
Al estar entre sus brazos él me inspira paz y tranquilidad, lo que más me necesito en estos momentos. Llegó a mi mente el recuerdo del beso que me dio.
¿Por qué me beso?
— ¿Tú eres mi novio? — Pregunté.
Él me mira sorprendido, como si le hubiera preguntado si es un asesino serial.
Efectivamente, su rostro me parece familiar, estoy segura que yo lo he visto antes.
—¿Por qué me besaste?.— Insistí
Él estaba a punto de responder cuándo una muchacha entro en la habitación. Es una muchacha joven de cabello castaño a la altura de sus hombres y por su vestimenta creo que es una enfermera.
—Al fin despiertas, nena.
—Nena — Pronuncié en un sollozo
Cristián sostiene mi mentón —Tienes que calmarte o tendré que sedarte, princesa
—Abrázame —Le suplique
—Sí —Él me vuelve a abrazar —Estás conmigo ¿sí?
—si — Asentí con la cabeza
—Eliana llama a mi madre inmediatamente.—Le pide Christian y ella asiente
—Enseguida, Cris.
El resto de la noche me dedique a descansar. Al día siguiente a primera hora me realizaron varios estudios para cerciorarse que mis habilidades motoras no se encontraran dañadas y que no tenga importantes secuelas. Al parecer la única secuela es la amnesia, pero me seguirán realizando estudios.
Me enfade porque minimizaron mi estado, es como si el hecho de no saber quién eres fuera algo sin importancia. He intentado recordar toda la noche, pero no funciona.
Llegada la tarde Eliana le llevo la merienda porque debe empezar a alimentarme de a poco.
La enfermera me inspira confianza porque recuerdo su voz y cada una de sus locas historias cuándo estaba en coma. Me comentó que ella ha sido la encargada de mi cuidado desde que llegué a la clínica.
Ella le explicó que es normal que recuerde sus voces porque el estado de coma es como un sueño, pero escuchas todo. Recuerdo tres voces, la enfermera, otra voz femenina y la de Cristian.
Me pregunta porque mi familia no me ha visitado. Quizás aún no le han informado que ya desperté. Me siento triste porque cuando lleguen no los recordara. Me preguntó si tendré hermanos, padres, tíos o primos y como serán ellos.
Albergo una esperanza porque tal vez ver a alguien conocido pueda recordar algo.
Salí de mis pensamientos cuando una doctora entro a la habitación. Ella se ve mucho mayor que Eliana y su cabellera es rubia.
—Buenas tardes, Lucía , Soy la Doctora Paula Cifuentes—Se presenta — Yo fui quién te trajo a esta clínica.
—Gracias, Paula.
—Es mi trabajo Lucía, ¿Cómo te sientes?.
—Mejor ¿y Cristian?
Desde ayer no ha venido a verme, si es mi novio debería estar conmigo todo el tiempo. Mi mente es un desastre quizás me imagine el beso, pero él no lo negó.
—Está descansando, en la noche vendrá.—Afirma
—¿Mi familia donde está?, ¿Cristián es mi novio?—La ataque con preguntas
Paula ríe fuerte —son muchas preguntas
—Responde alguna por favor—Le suplico— No entiendo nada
—Te diré todo lo que sé dé ti, pero tranquila
—Bien. — Asentí
—Hace dos años, estaba a bordo de un barco lleno de turistas. El día había comenzado con calma y alegría, pero de repente, un grito desgarrador cortó el aire. El sonido provenía del mar, y en ese instante, todos nos volvimos hacia el agua, buscando la fuente del grito. — Explica ella—Entre las olas tumultuosas, te vimos. Estabas flotando débilmente, con la ropa rota y ensangrentada, apenas visible entre el oleaje. El capitán, con un gesto decidido, junto con otros tripulantes, lanzó un salvavidas y se lanzó al agua sin dudarlo. La operación de rescate fue rápida y precisa, a pesar de las difíciles condiciones. Te subieron a bordo con cuidado, y tu cuerpo inerte fue colocado sobre una manta
Eso explicaría mis sueños, yo me estaba ahogando y ellos me salvaron, pero no tiene sentido que no recuerde nada. Porqué no tiene relación que estés a punto de ahogarte con la Amnesia ¿O si?.
— ¿Cómo llegue al medio del mar? ¿Me he perdido nadando o tal vez me caí de alguna lancha o moto de agua?.
En la mirada de Paula puedo ver qué hay una parte de la historia que no está diciendo. Quizás no me caí por accidente y algo más me ocurrió.
—¿Qué me paso?—Repliqué
—No estamos seguros
—¿y mi familia? Quiero verlos— Pedí
—Te encontramos sin papeles ni nada que te identifique
— ¿Ellos no me han buscado?.— Indagué
—No sabemos nada de ellos
— ¿Cómo sabe mi nombre? La verdad Lucía no me suena
— Por esto — Ella le entrega una medalla de oro con el nombre de Lucía .
Mi nombre sigue sin decirme nada, pero entre llamarme Lucía o anónima prefiero Lucía.
—¿Entonces el guapo de Cristián no es mi novio?— Pregunté.
—Es mi hijo y tu médico.
En lugar de sentir vergüenza reí por dentro al escuchar esas palabras.
Acabo de descubrir que soy una mujer sin filtros, quién no tiene pudor y siempre dice lo que piensa y me gusta ser de esa forma.
—Tiene que reconocer que su hijo es lindo
Ella asiente