Capítulo 5

4382 Words
Capítulo 4   Cosas interesantes que han pasado en estos días: 1.       La nueva pastelería está siendo un éxito 2.       Tengo mucha tarea 3.       Aún no llega el sobre número “Cuatro” 4.       Acabamos de hablar con mi hermano Jaden Adoro hablar con mi hermano mayor, se le extraña mucho en casa, yo lo extraño mucho. Él es diez años mayor que yo y pese a esa gran diferencia de edad, tenemos una buena relación de hermanos. No voy a mentir, no somos tan unidos, él lo es con tía Ángela, así como yo lo soy con Jade, pero de todas formas nos queremos mucho, siempre fue un gran hermano mayor y lo admiro ¡¿Y cómo no hacerlo?! Es muy inteligente, carismático, brillante, todos lo adoran, por eso dirige las pastelerías en Londres. Mamá y papá lo tuvieron muy jóvenes, cuando aún estaban en la escuela, mamá siempre dice que de no ser por Jaden, Dulces y Caramelos no existiría, y es que mamá y tío Charles comenzaron a trabajar en la pastelería cuando mamá quedó embarazada. Admiro mucho a mis padres, me encanta oír las historias de todas las peripecias que tuvieron que vivir para llegar a este lugar. Sé que mi mamá tuvo que vivir en la calle antes de que tío Charles le echara una mano y ambos heredaran la pastelería. Papá también tuvo una vida difícil, solo hay que recordar que su único familiar biológico que conocemos es una cantante famosa que nos mantiene ocultos bajo un acuerdo de confidencialidad. Papá debió de haber vivido una vida aún más difícil que la de mamá, pero ambos son felices y tienen todo lo que siempre soñaron, y nos criaron con mucho amor. Mi teléfono comienza a sonar…   - ¿Mamá? No es raro que mamá llame pese a que sabe que estoy en casa haciendo tareas o atragantándome con pastelitos que trae del trabajo.   - Jelly, hazme un favor   - Sí, dime Apago mi laptop, aún no termino la tarea.   - Olvidé que tu tía Lucy me había pedido que le hiciera el almuerzo a Holly – de pronto siento náuseas – Dejé los recipientes con comida para ella en la cocina – maldigo para mis adentros - ¿Puedes llevárselos?   - Eh…   - Por favor, estoy en Jersey, hubo un problema con una de las mezcladoras y debemos de terminar tres pedidos   - Te dije que los jóvenes de hoy en día no saben hacer pasteles sin tanta tecnología Oigo la voz de tío Charles.   - ¿Jelly? Pregunta mamá.   - Está bien… - acepto, resignada – Iré   - ¡Gracias! – muerdo mi labio para no decir una palabrota – Apresúrate, Holly debe de estar famélica   - Sí… claro… - ruedo los ojos – Adiós mamá  - Adiós Jelly, cuídate La llamada termina. La verdad, no tengo ningún problema con que Holly muera de hambre, pero si eso sucediera sería mi madre la culpable. Rayos, benditos problemas morales. Bajo las escaleras y camino hacia la cocina, abro el refrigerador y tomo los rosados recipientes de comida con etiquetas de “Holly”. Santa mierda, no quiero hacer esto, pero debo de. Saco los recipientes y los dejó en la encimera. Podría llamar a un taxi y pedir que deje los recipientes en la casa de Holly ¡Santos Ponys! ¡No quiero hacerlo! ¡¿Por qué a mí?! Siempre lo voy a decir, de todas las personas con las que ya no me hablo, Holly es, definitivamente, con la que menos quiero hablar. Ya lo he mencionado antes, creo, pero… ¡Es que las cosas están horribles entre ella y yo! Y no por mi culpa, es por ella, porque quiere vivir odiándome ¡Yo no le hice nada a ella! Pero como he dicho, es su afán de “Proteger” a Jasper cueste lo que cueste… y veo que hace un gran trabajo si siempre están juntos… muy juntos… Tomo una bolsa del supermercado, meto en ella los recipientes con comida. Suelto un suspiro, es mejor darle prisa a esto, mientras más me demore, más largo haré el momento de incomodidad. Cojo las llaves y salgo de mi casa, el taxi ya debe de estar por llegar, será un viaje eterno hasta su casa, pero, por otro lado, puedo darle una visita a Jade al trabajo y llevarme más pastelitos a la casa ¡Siempre me dan cupcakes gratis! Bueno… no es que “Me dan”, los empleados “Deben de”, es uno de los beneficios de ser la hija de la dueña ¡Que viva el abuso de poder! Okey, ignoremos que dije eso ¡Está mal abusar del poder! Solo es bueno si te dan cupcakes. El taxi llega, me subo en él ¡Me siento nerviosa! Desde hace años que no hablo con Holly, las cosas que “No pienso contar” pero sucedieron, ha hecho irreparable esta amistad ¡Lo sé! ¡Lo saben! ¡Ya lo he repetido miles de veces! Pero no puedo evitar repetirlo una y otra vez. Ella me odia y yo me pongo nerviosa en su presencia. Ahora me estoy dirigiendo hacia la boca del lobo, a su casa, al único lugar al que no quiero ir en esta vida, preferiría ir a un cementerio a las tres de la madrugada con velas y una cruz. Respiro hondo, supongo que estoy exagerando, no es para tanto, solo iré, tocaré el timbre, le diré que es la comida que mi mamá preparó y me iré, disculpándome en nombre de mi mamá por haberla matado de hambre por un par de horas… pero… ¡Pudo pedir pizza! Pero no… tía Lucy le gusta la comida orgánica porque es más sana y por alguna razón su hija de diecisiete años no puede cocinar o prepararse una simple ensalada ¡Que idiotez! Por fin llego a su edificio ¡Por Ponilandia! ¡Que alguien me ayude! ¡Chapulín Colorado, por favor aparece! Entro en la recepción, camino hacia el recepcionista, respiro hondo…   - Departamento quince veinte… - alzo mi bolsa – Traje comida, es la casa de mis tíos los O’Connor   - Lo anunciaré Asiento con la cabeza, el recepcionista toma el teléfono y espera. Calma Jelly, no tiene porqué ser la gran cosa ¡Solo trajiste comida! Recuerda Jalea con Patas, solo le entregas la comida, te das media vuelta y te vas ¡Nada más! Diantres ¡Santos Ponys! ¡¿Por qué “Chocolates” demora tanto?! Ya podría estar en casa terminando de escribir otro capítulo de mi novela ¡Mis lectores me exigen capítulos nuevos a diario! Pero bueno… la presión es el precio a pagar por hacer lo que amo… en verdad amo escribir…   - ¿Jelly? Pego un brinco, me giro.   - Samuel… - miro al chico delante de mí - ¿Qué haces aquí…?   - Mi mamá conoció a una niña en el parque y la traje para que jueguen a las muñecas Contesta.   - Oh… - balbuceo - ¿Tía Lila está bien?   - Está en uno de sus episodios – contesta, se nota la incomodidad en su rostro – Por suerte la mujer fue comprensiva y no se asustó de la mujer de cuarenta años con moñitos en la cabeza – ríe – Iré por helado para todos… ¿Quieres ir conmigo?   - Oh… este… - alzo mi bolsa – Tengo que entregarle esto a Holly   - ¿A Holly? – Samuel abre mucho los ojos – Wow… es bueno ver que ya se hablan   - Eh… no… solo estoy haciendo esto porque me lo ordenaron   - Ah… bueno… - señala la puerta – Será mejor que no demore, mamá puede volver de Ponilandia en cualquier momento   - Sí… Samuel hace una mueca, se le ve afligido.   - Adiós Jelly…   - Adiós Sam…   - Ojalá vuelvas a ser amigo de Holly   - No lo creo… Intento sonreír, la expresión de tristeza en el rostro de Samuel no me deja. Este chico exhala tristeza ¡Y debe de serlo! Tener una madre con trastorno de personalidad múltiple debe de ser muy difícil, uno nunca sabe cuándo tía Lila puede estar bien y cuando puede irse a Ponilandia. La otra personalidad de tía Lila es una niña pequeña que vive en un mundo mágico y rosado llamado Ponilandia. Cuando era más pequeña, era entretenido verla actuar “Chistoso” de vez en vez, pero para Sam no debe de haber sido “Gracioso” crecer con una mujer que por momentos debía de ser incapaz de cuidarte. Quizá por eso Sam es como es. Tío Jonathan intenta estar en casa el mayor tiempo posible, ama con locura a su esposa, pero al fin de cuentas, tiene que trabajar y deja a Samuel al cuidado de una mujer de cuarenta que fácilmente puede perderse en la Gran Ciudad o hacer berrinche típico de una niña de cinco años.   - ¿Señorita? Me giro a ver al recepcionista.   - ¿Sí…?   - No me contestan – maldigo para mis adentros – Pero… puede subir   - ¿En serio?   - Sí, la doctora O’Connor avisó que un familiar vendría Me señala su agenda con el pendiente escrito.   - Oh… gracias Vuelvo a maldecir para mis adentros ¡Este hombre pudo haberme ahorrado segundos importantes de vida y una conversación incómoda con Samuel! Camino hacia el ascensor y entro en él, presionando el botón del piso “Quince”. Recuesto mi cuerpo contra la pared fría de metal, suelto un suspiro, mejor me quito a Samuel de la mente, pero su rostro de tristeza se ha grabado en mi mente. Si tuviese que volver a hablar con alguno de los cinco, definitivamente escogería a Sam. Salgo del ascensor, camino por el pasillo y toco el timbre del departamento de los O’Connor. Miro mi teléfono, Mily Wu lanzará un nuevo libro y la princesa Sue asistió a un evento real usando uno de los vestidos de su abuela, la difunta reina Sue ¡Como me encantaría ser de la realeza! Aunque viéndolo bien, no me dejarían comer cupcakes y escribir todo el día encerrada en mi habitación. Vuelvo a tocar el timbre ¡¿Por qué no me abre?! Toco de nuevo el timbre ¡Ya quiero irme! Golpeo la puerta ¡Por los Ponys! ¡No quiero hacer un escándalo! Sigo golpeando la puerta ¡Demonios! Golpeo aún más fuerte la puerta ¡Con un demonio! ¡Abre la maldita puerta! Me detengo, oigo el teléfono sonar desde adentro, pego la oreja a la puerta, ha dejado de sonar ¡Que delgadas son estas paredes! Escucho pasos acercarse ¡Oh Rayos!   - Oh… Delante de mí está la pelirroja chica con gafas enormes y adornos en la cabeza.   - Eh… hola… Holly…   - ¿Y mi tía Susan? Pregunta, mirándome ceñuda.   - Ah… ella… no pudo venir   - Oh… bueno… - se hace a un lado – Entra   - Okey Intento sonreír, no me sale.   - No me había dado cuenta de la hora, estaba jugando en la PlayStation Dice, sacando los recipientes de comida.   - Ah… eso explica por qué no contestabas el teléfono y tampoco oías cuando tocaba la puerta   - Sí… lo siento… - rueda los ojos, miro a otro lado - En fin… ¿Cuánto es?   - ¿Vas a pagar? La miro con una ceja alzada.   - El taxi – me mira como si fuera una idiota – Te daré para el taxi, si hubiera sido tía Susan no tendría que hacerlo, pero viniste tú   - Ah… okey, dame veinte dólares   - ¿Eso te cobraron?   - No, pero mejor te cobro también por ser una… No tengo tiempo de seguir hablando, su teléfono suena y ella contesta al instante.   - Jasper – Holly sonríe - ¿Qué…? – me mira, no se le ve nada feliz – Claro… ¿Llegas en diez minutos? – vuelve a sonreír, miro a otro lado – Okey, me harás compañía para comer – ríe – De acuerdo Jasper, adiós – cuelga su teléfono – ¿Ya te vas?   - Eh…   - Será mejor que te vayas – me entrega mi bolsa y me da cincuenta dólares – Adiós   - Oh… bueno… - camino hacia la puerta – De hecho, Holly…   - ¿Qué? Pregunta con notorio fastidio.   - Yo… quería preguntarte…   - ¿Qué cosa? Su actitud es intimidante.   - Nada… Bajo la mirada, ella suelta un bufido.   - Bien, ya vete   - Sí…   - ¿Qué esperas? Me hace señas con la mano.   - Oh… pues… - aprieto los puños – No tiene que ser desagradable conmigo, no te hice nada   - Oh… en eso tienes razón – sonríe de forma burlesca – Pero no me agrada estar cerca de las personas que dañan a los que quiero   - Eso pasó hace años, tenía ocho y…   - Jelly… digas lo que digas no lo vas a reparar – me mira con enojo – Y tú sabes lo que hiciste y cómo lo hiciste y el daño que causaste con eso, el daño que le hiciste a Jasper – bajo la mirada – Así que, así me pidas perdón, o consigas que Jasper quiera volver a ser tu amigo, no pienses que yo lo haré, jamás   - Tu misión en esta vida no es ser su guardaespaldas   - Él no necesitaría un guardaespaldas si tú no hubieras hecho lo que hiciste – retrocedo un paso – Hasta el día de hoy la gente en la escuela lo mira raro – miro a otro lado - ¿Crees que eso le gusta a él? – aprieto los labios – Tal vez mi misión en la vida no es ser su guardaespaldas, pero lo haré porque lo quiero y eso es algo que tú jamás entenderás, no tienes amigos, solo una prima loca – asiento con la cabeza – Ahora vete   - Sí… - acepto, respirando hondo – Adiós Holly   - Adiós… Me doy media vuelta y camino hacia la puerta. Sí, ella tiene razón, no puedo seguir aparentando que todo su enojo contra mí es injustificado. Lo que hice no estuvo bien y por una estupidez de una niña de ocho años perdí a dos de mis más grandes amigos. Nunca voy a poder reparar mi error, me perseguirá para siempre, porque lastimosamente estoy condenada a tener a Jasper en mi vida, tanto él como yo heredaremos algún día el imperio de cupcakes de nuestros padres, así que lo tendré que ver hasta el día de mi muerte. Mi vida será una tortura constante si tengo que verle a diario. Respiro hondo, apretando los labios, intentando no llorar. Abro la puerta y salgo del departamento. Daria lo que fuera por volver a ser niños y no haber hecho lo que hice.   - ¿Eh…? Me detengo en seco, hay un pequeño peluche en el suelo, pero eso no es lo que me llama la atención, el oso está sosteniendo el sobre número cuatro. Miro a todos lados en el pasillo, todo está despejado. Tomo el oso y lo meto en mi bolsa del supermercado, corro hacia el ascensor, debo de ir con Jade. Respiro hondo, hay otras tres personas en el ascensor y no quiero que piensen que estoy loca. Llego a la primera planta y corro hacia la puerta del edificio ¡Necesito alejarme lo más posible de este lugar! Comienzo a correr por las calles, algunas personas se me quedan viendo e intentan evitarme ¡Solo quiero ir a “Dulces y Caramelos”! Necesito despejar la mente ¡Hablar con Jade! Ella puede salir a la hora que le dé la gana y aun así recibir su sueldo completa porque… ¡Nepotismo! Llego a la sucursal donde ella trabaja, hay una enorme fila afuera de esta, los clientes hacen filas para poder comprar ¡Y es que vale la pena! Los pasteles, tartas y galletas que preparan en las pastelerías de mi mamá y tío Charles son los mejores de toda América. Miro la enorme fila y entro en el local, ignorando sus protestas por “Saltarme la fila” Vuelvo a respirar hondo. Las pastelerías, todas, tienen el mismo decorado, con algunas variantes dependiendo del lugar. Esta, en el corazón de Manhattan, la primera pastelería, la que inició todo, tiene una decoración hogareña color rosado ¡Todo es rosado! Desde los uniformes de los empleados hasta las tres mesas en el salón. Hay estantes con modelos de pasteles hermosamente decorados por mi tío, escaparates y vitrinas llenas de bandejas de postres coloridos que despiertan el apetito. Juré que no iba a pisar una de estas desde el fiasco de Atlantic City, pero la situación lo amerita. Camino por la estancia, ignorando a todos los clientes que se siguen quejando por haberme “Saltado la fila”. Me detengo a ver una pared. Todos los locales tienen esta pared, con las mismas fotos, algunos tienen fotos extras, pero este local tiene las primeras fotos. Veo a mis padres de diecisiete años, a mi tío Charles de adolescente decorando un pastel, mamá llena de harina sonriendo a la cámara, todos mis tíos trabajando aquí, porque ellos, los doce, solían trabajar aquí, fue en “Dulces y Caramelos” que se conocieron todos y afianzaron los lazos de su amistad. Miro más arriba, la foto de la “Abuela” de Jasper, la señora Lee, la viejita que inauguró esta pastelería y se la dejó en herencia a mi mamá y tío Charles, mamá aprendió todo de ella. Sacudo la cabeza, debo dejar de desvariar y hacer lo que vine a hacer.   - Disculpe – me dirijo hacia un empleado en el mostrador - ¿Puede traer a mi prima? Por favor   - Sí…   - ¡Ey! ¡¿Y mi pedido?! Se queja la mujer.   - Lo lamento, ahora la atiende alguien más Se disculpa el empleado, desapareciendo por la trastienda.   - ¿Mermelada? Pregunta Jade, luciendo su rosado uniforme con una placa con su nombre y un broche que dice “Soy la sobrina de tu jefa”.   - ¿Podemos hablar? Pregunto.   - ¿Pasó algo? Asiento con la cabeza, sintiendo los ojos escocer.   - ¿Podemos?   - Claro… - Jade toma una caja rosada de las grandes y comienza a lanzar en ella distintos postres - ¡Carlos! – el nombrado alza la mirada – Me estoy llevando una caja, le dices a mi tía, y ya me voy   - Okey   - Vamos…   - ¿Cómo es que a ella la atienden y a mí no? ¡Ni siquiera pagó! – se queja la misma clienta - ¡Se metió en la fila esa niña maleducada! ¡Deberían de darme gratis mi pedido por tener que soportar a empleaduchas y adolescentes vagos!   - Señora – Jade se para delante de la clienta, esbozando una enorme sonrisa – Usted pidió un pastel de tres pisos, con complejas decoraciones, el día de hoy, para un evento que se celebra hoy día – la clienta abre y cierra la boca – Así que, tendrá que esperar por su omisión, porque un pedido como el que usted está exigiendo, se reserva con al menos tres días de antelación, sin embargo, por la política de “No rechazar ningún pedido por más irracional que sea” de mi tío, el dueño de este lugar – Jade hace más grande su sonrisa, la clienta baja la cabeza – Ahora mismo en las cocinas están como locos para resolver sus problemas   - Eh… gracias   - De nada – Jade alza la caja de pasteles – Y si me disculpa, iré a disfrutar de mi descanso con mi prima… la hija de la dueña… - señala una de las fotos, es una de mi familia – Espero que tenga un día dulce y vuelva pronto a “Dulces y Caramelos”   - Quisiera tener esa capacidad de humillar con palabras a la gente sin necesidad de insultarlos Susurro, salimos de la tienda.   - Bueno… eso solo se consigue sabiendo quién eres y qué ventajas posees   - Serás una gerente cruel… Me río.   - Pero ya ves, mi local ha incrementado sus clientes desde que estoy ahí, así que mis métodos funcionan – sonríe – Hoy me hizo enojar esta tipa, pero volverá, siempre vuelven, porque presiono a mis empleados para que hagan hasta lo imposible para complacer al cliente y la distribución que le di a los productos han hecho que se interesen más por los caros que por los baratos, además de que nadie se resiste a un pastel de tía Susan – entramos en el parque y nos sentamos en la primera banca que vemos – Me encanta ser la jefa   - Jade… no lo eres, lo es Carlos   - Es lo mismo – rueda los ojos y ríe – Carlos hace lo que yo digo   - Ay Jade…   - ¿Qué querías hablar? – pregunta – Se te veía extraña…   - Ah… pues… - miro a mi prima y contengo el aire – Hoy fui a casa de Holly   - ¿Qué? ¿Por qué?    - Tía Lucy le pidió a mi mamá que cocinara algo para Holly, pero la freak se quedó jugando en la PlayStation y perdió la noción del tiempo, así que tuve que venir a hacer el trabajo sucio   - Oh… ¿Y pasó algo?   - Fue horrible…   - ¿Qué pasó?   - No es que pasara algo propiamente dicho… - contesto – Es solo que… - siento mis ojos llenare de lágrimas – Jasper la llamó y ella me ordenó que me largara…   - Oh…   - Y yo… comenzamos a discutir por lo que pasó… - bajo la mirada – Y yo… - muerdo mi labio – Jade… - miro a mi prima – Extraño ser amiga de Jasper – confieso – En verdad extraño ser su amiga y extraño ser amiga de todos, los extraño mucho…   - Mermelada…   - Y ya sé quién es el que nos está mandando las fotos… - saco el oso de peluche con el sobre, se lo entrego a Jade – Encontré esto afuera del departamento de Holly   - ¿Qué…? Jade lo abre y saca la foto, nuevamente somos los siete, con trajes de gala en una lavandería, sosteniendo ese mismo oso de peluche. Jade le da la vuelta y la misma caligrafía hace su aparición: “Federico el Oso, bienvenido a la familia”. Sonrío, recuerdo ese día, semana de la moda y Jasper ensució su traje con salsa de tomate en el hotel, así que todos salimos disparados a la primera lavandería que vimos, ahí había una de esas máquinas de grúa con peluches dentro, los adultos nos dieron monedas para mantenernos entretenidos, ese fue el único peluche que logramos sacar.   - ¿Tú no los extrañas?   - No – contesta ella – Y no sé si tu reacción se deba a un cuadro pre menstrual o te volviste loca – bajo la mirada – Todos ellos nos dieron la espalda de pronto, sin importarles si nos herían o no   - ¿Estás segura? – pregunto - ¿No hicimos nada para merecerlo? – Jade aprieta los labios – Porque con respecto a Jasper y Holly, sé que me gané que me dejaran de hablar   - ¿Y yo qué? – se señala – Yo no les hice nada, a ninguno, con la única que tuve algún problema fue con Jin y no fue mi culpa – se cruza de brazos – Pero todos me dejaron de hablar de la nada, nunca hice nada para que me odiaran, siempre intenté agradarles y hacerles sentir que me importaban, pero al parecer, yo no les importaba a ninguno de ellos   - Jade…   - Esto… - toma el polaroid y lo hace bolita, abro al máximo los ojos - ¡Es una mierda! – grita, lanzándolo al suelo – No sé qué pretenda el tipo o tipa que lo está haciendo ¡Pero quiero que pare! No quiero acercarme a ninguno de ellos ¡No lo haré de nuevo! Estoy bien así, solo contigo   - Pero… ¿Y si alguno nos necesita? Recojo el polaroid.   - ¿A qué te refieres?   - Jade… - me mira – Samuel es quien nos está mandando estas cosas   - ¿Qué…? – la sorpresa inunda su rostro - ¿Estás segura?   - Sí – contesto con total seguridad – Él estaba en el edificio, tía Lila está en Ponilandia de nuevo   - Oh… pobre…   - Sí y él se veía tan… triste…   - ¿Triste?   - ¿Y sí él nos necesita? – miro a Jade – Si lo vemos bien, de todos nosotros, incluyendo a Raymond, es Samuel quien la pasa peor – mi prima baja la cabeza – No debe de ser nada fácil ser el padre o niñero de tu propia madre, y él lo viene siendo desde el día que aprendió a caminar   - Entonces… si es Sam… ¿Crees que lo hace por qué se siente solo?   - Quizá… tal vez tocó fondo Me encojo de hombros.   - Pobre… Es lo único que dice Jade.   - La cuestión es… - miro la foto arrugada - ¿Qué espera que hagamos?   - Y por qué nosotras… Nos miramos fijamente.   - Quizá porque somos las más accesibles y fácil de hablar   - Quizá   - Entonces… - Jade me mira – Tenemos que hacer algo   - Sí…
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